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La violación sin miedo

Por Paula Campo , 20 Noviembre, 2015
imagen sacada de http://:www.instagram.com/escupealsistema

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Hoy, siendo la primera vez que escribo en este diario, presento mi pequeño descubrimiento. El momento en el que comprendí que las violaciones están sobrevaloradas. No se trata de que toda la que haya sido violada deba estar orgullosa de ello, se trata de no estar estigmatizada el resto de su vida. Una adolescente violada siente que le han robado la flor, que ningún hombre la va a desear por estar “usada”. Y todo el mundo, incluso nosotras, explicamos muchas de nuestras incapacidades a través de ello. Pero el problema tiene mucha más profundidad, porque no se trata de que ellos nos apunten con el dedo, es que nosotras sentimos que tenemos el derecho, e incluso la obligación, de sentirnos mal.

Voy a proponer una situación muy común entre todos nosotros: tres amigos empiezan a hablar de sus novias y entonces surge el “y ¿os habéis acostado ya?”. Cuando el tercero responde “No, es que a Ana le cuesta porque la violaron” la primera reacción suele ser: primero, sorpresa, segundo, absoluta comprensión de dos cosas: por un lado, que es una respuesta totalmente natural que la muchacha empiece a asociar el abuso con la sexualidad de manera que es incapaz de tener relaciones satisfactorias sin sufrir una crisis, y por otro lado, la responsabilidad que tiene el tercer amigo de quitarle ese miedo a su querida. Pero es que en esta sentencia hay algo mal. Y espero no ser la única que ve  un error al asumir que la mujer ya ha asociado, necesariamente, que el sexo es nocivo. Nosotras somos reales. Podemos follar y que sea una buena o mala experiencia, pero en ningún caso eso nos va a afectar más de lo que le afectaría a Rocky. La gente delante de ti procurará no mencionar nada relacionado con  “violar”, y ahí lo que se está haciendo es sacramentar a la mujer, separarla más aún de la realidad del sexo. Se nos deja claro desde el principio que nosotras ya estamos fuera de la normalidad, que nos tienen que tratar con ciertos cuidados que una mujer no violada no necesita. Dejamos de ser responsables de nosotras mismas.

Virginie Despentes en su obra La Teoría King Kong dice que leyó de joven un artículo que le dio una visión muy 3915004_orig limpia de la violación. En el momento en el que sales por la puerta de tu casa te pueden ocurrir muchas cosas, y es lo que asumimos implícitamente sin darnos cuenta cada vez que decidimos ir a la calle. Te puedes dejar las llaves dentro, perder el móvil, que te roben, que la policía te ponga una multa por beber en la calle, que te marees, que te caiga una maceta encima, que te estalle una bomba y por supuesto, que te violen. Es algo que nadie elige. Por eso es absurdo decir que es más que comprensible que violen a una chica que lleva una minifalda o no, porque ella en ningún momento se vistió pensando que abusarían de ella. Simplemente sucede. Como cuando dices “bueno, es que mi abrigo tenía un agujero y por eso he perdido cincuenta euros, pero no era mi intención”y tu madre te responde “pero ha ocurrido”. Y al día siguiente sus amigos se reirán y harán bromas, o serán gentiles y le dejarán dinero, pero al mes todo el mundo se habrá olvidado. La mujer violada sin embargo, carga con el peso de la memoria social.

Pero esto no es una novedad, que nosotras seamos la que cogemos todo lo que los hombres no quisieron en un principio como la delicadeza, el cuidado y la ternura; pero sí que parece ser una novedad que el hombre también empiece a reclamar que se le devuelva todo ello. Normal, solo estamos pidiendo ser libres.

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