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La partida

Por Oscar M. Prieto , 2 febrero, 2016

Ladran. Parecen que ladran. Escucho mejor. No, no son perros. No muerden. Procuro la atención. Afino el oído. Cacarean. Sí, se parece más a un corral de gallinas. Crestas rojas de gallos, pechos hinchados, cantos al sol, parecen dispuestos, pero nada… Corral de gallinas. Cacareo.

Parecen dispuestos a batirse. Hablan de deuda de honor, repiten, se lanzan entre ellos la palabra honorable como si fuera un arma arrojadiza, es cuestión de principios, insisten, marcan líneas rojas. Se quitan el guante y se lo lanzan, unos a otros a la cara. Se retan. A primera sangre. Al amanecer. Pero ya han amanecido más de treinta días y ninguno se presenta en el lugar y a la hora decidida. Deberían aprender de aquel poeta, al que tantos han visto, «firme, tenaz, ilusionado, en el lugar y la hora de la cita, alta la fe y el corazón en punto».

Lo dicho esta mañana es un desdecirse de lo dicho ayer. Donde el Diego entiéndase digo, o mejor desdigo. Ningún respeto a la palabra dada. Y lo peor es que todo esto sucede en el Parlamento, el templo del hablar y del acuerdo. Y lo que sangra es que entre tanto cacareo, nosotros, los ciudadanos, soberanos, no nos enteramos de nada, se nos oculta ante nuestro propios ojos, como el movimiento artero de un mago de tugurio.

Tendrían que aprender estos políticos nuestros lo que es discutir, respetando las reglas, pero discutir, de verdad, con vehemencia, por convencimiento, sin necesidad de cambios constitucionales ni retorcimientos de los reglamentos. Discutir ceñidos a las reglas del juego. Les llevaría a El Molino, que es una cafetería anclada a un paraje hermoso, junto al Puentepiedra y al Molino Planeta, a la riba del agua del canal que riega la Ribera. El día de Navidad, todos los años bajamos, Mario, Tomi, David y yo a jugar un tute y brindar con un copazo de Cardenal Mendoza. Es tradición. En la mesa de al lado partida de las serias, discuten, con la precisión de navajeros, cada uno convencido de su jugada buena, se levantan la voz, despiertan algún santo, y toda esta pasión por defender la consumición y el buen hacer. A estos los quisiera yo defendiendo los intereses nacionales. Jugar y perder. Pagar y callar.

Salud

www.oscarmprieto.com

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