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La NASA convoca un concurso abierto a todo el público para detectar asteroides

Por José Antonio Olmedo López-Amor , 18 marzo, 2014

                                

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Por: José Antonio Olmedo López-Amor

 

Después de haber vivido el pasado año 2013 la caída de un meteorito en Rusia que provocó destrozos importantes y hasta 1.500 personas heridas, ya no hace falta explicarlo, todo el mundo es consciente de lo importante que es prever la llegada de nuevos cuerpos megalíticos a la Tierra.

En mayo del año pasado, la NASA (Agencia Espacial Norteamericana), nos sorprendió convocando un concurso abierto a todo el público que consistía en escribir poemas de tres versos -a modo de haiku- que después serían expuestos virtualmente y seleccionados para ser enviados a Marte en una de sus misiones. Bien, pues esta vez la convocatoria es bien distinta,  el pasado lunes 17 de marzo de 2014 la NASA volvió a sorprendernos con un nuevo torneo, el propósito de la NASA es ahora identificar objetos peligrosos; como ya se encuentran catalogados cerca del 95% de los asteroides de más de 1 km de longitud que giran alrededor del Sol, el objetivo es potenciar el hallazgo de los asteroides más pequeños, quizá los más peligrosos, porque son los más difíciles de detectar y los más abundantes.

El concurso se llama Asteroid Grand Challenge Contest Series, y en sus bases, una de las cosas que se pide a los concursantes, es que desarrollen un algoritmo que sea capaz de detectar e identificar los diversos cuerpos que circulan por el Universo, centrándose en los asteroides. La premisa es clara, toda ayuda en ese sentido es necesaria y acuciante; analizar el espacio de forma más eficiente en busca de objetos potencialmente peligrosos es aumentar la seguridad nacional. La participación, abierta a todo el mundo, se hace a través de una plataforma de código abierto llamada TopCoder.

asteroide nasa

 

Desde el 17 de marzo del presente año, fecha en que dio comienzo la convocatoria, hasta el próximo agosto, durante seis  meses, los participantes deberán sortear diferentes fases en sus proyectos, quienes demuestren mayor creatividad y resultados más optimizados serán los ganadores de los 35.000 dólares como recompensa que ha ofrecido su convocante y patrocinador.

No es la primera vez que la colaboración ciudadana ha sido importante para alertar de algún avistamiento cósmico o para constatar las observaciones realizadas por la agencia espacial. En noviembre de 2007 un grupo de astrónomos de la Universidad de Arizona dedicado a identificar asteroides y cometas potencialmente peligrosos para la Tierra detectó lo que parecía ser un asteroide de unos 20 metros de diámetro que, según sus cálculos, tenía muchas probabilidades de impactar con nuestro planeta. Lo bautizaron con el nombre 2007 VN84. La noticia fue tomada con mucha reserva por la comunidad científica en general, los científicos sorprendidos se dedicaron a verificar la trayectoria del objeto. Pocos días después, un físico y astrónomo aficionado ruso confirmó que, en efecto, un objeto de unos 20 metros se acercaba a la Tierra, pero no era un asteroide, sino la nave de la agencia espacial europea Rosetta, que hacía su segundo acercamiento programado a nuestro planeta para tomar impulso con nuestra gravedad y así ganar velocidad. El prestigio de los profesionales quedó algo maltratado, pero este error puso nuevamente en el mapa a Rosetta, que llevaba más de tres años en el espacio.

El caso citado al comienzo del artículo, el suceso acaecido en Rusia, concretamente en Cheliábinsk el año pasado, fue provocado por un asteroide -se estima- de 17 metros de diámetro; asteroides de esas medidas pueden destruir una ciudad entera.  En realidad tuvimos mucha suerte, porque dicho asteroide no chocó literalmente contra nuestro planeta, sino que explotó violentamente cerca de su superficie, lo que provocó fuertes ondas de choque que destruyeron ventanas y dañaron edificios en uno de los casos que fueron más comentados de los últimos años.

Pero eso no es todo, ese mismo día, otro asteroide de mayor tamaño, pasó a 27.681 kilómetros de la Tierra, bastante más cerca que los satélites de televisión de que disponemos y que orbitan alrededor nuestro.

Por esos y otros muchos motivos, la NASA está tratando de desarrollar proyectos y tecnología capaces de desviar cuerpos celestes de grandes dimensiones que se dirijan hacia nosotros. En Europa, la sonda Don Quijote, es uno de los proyectos más ambiciosos en ese sentido, un proyecto diseñado por españoles, que todavía está en desarrollo por la ESA (Agencia Espacial Europea).

Si un gran asteroide llegara a la Tierra, la NASA recomienda rezar

“Si un asteroide, al menos de 1 kilómetro de diámetro, colisionase con la Tierra, sería más que probable la destrucción de nuestra civilización”, dijo el asesor de ciencia de la Casa Blanca John Holdren en una reunión celebrada el año pasado ante los congresistas.

Hace unos 66 millones de años, un objeto de 10 kilómetros de diámetro habría caído en lo que hoy se conoce como la península de Yucatán en México, provocando la extinción de los dinosaurios, así como de la mayor parte de la vida vegetal y animal en la Tierra.

El asteroide que estalló sobre Rusia el pasado año, es el objeto más grande que ha golpeado la atmósfera de la Tierra desde el suceso que tuvo lugar en Tunguska en el año 1908, cuando un asteroide o cometa explotó en el cielo de Siberia, derribando 80 millones de árboles y arrasando más de 2.150 kilómetros cuadrados de superficie.

En la historia de la NASA figura la cifra de 10.713 cuerpos de poco tamaño descubiertos circulando cerca de nuestro Sol, cuerpos que podrían destruir una ciudad entera, y esa cantidad no es más que el 10% del total de cuerpos que se presume que existan. Por tanto queda mucho trabajo por hacer.

Esperemos que el concurso convocado por la NASA para detectar pequeños asteroides nos descubra pronto la imaginería de nuevos genios al servicio de la humanidad. Poco a poco, la ciencia con sus adelantos, irá reduciendo ese margen de incertidumbre que nos aterra sobremanera, un pánico al que han contribuido obras cinematográficas como Meteoro (Ronald Neame. 1979), y obras literarias como El martillo de Dios (Ed. Punto de lectura. 1993) del siempre genial Arthur C. Clarke.

Confiemos en los logros científicos de la humanidad, la evolución de su tecnología es la única  herramienta que tenemos capaz de injerir en el curso de la naturaleza; hasta entonces, siempre nos quedará el optimismo y rezar.

 

 

 

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