LA MOVIOLA VALIOSA: -Y DIOS DIJO: ¡HÁGASE A HITCHCOCK!…- |
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LA MOVIOLA VALIOSA: -Y DIOS DIJO: ¡HÁGASE A HITCHCOCK!…-

Por Marta Alicia Fra Melián , 4 Abril, 2014

Siempre retomo mi más preciada práctica saludable: seguir contemplando CINE de “ayer”, y -en medio de tanta añoranza- me he re enamorado de este genio gordinflón llamado Don Sir Alfred Hitchcock.  Creo que me es imposible decir algo nuevo o distinto a lo tanto que ya se ha dicho de este SEÑOR. No pretendo ser original ni “inventar la pólvora”, sino compartir un espacio y momento de “degustación” que nunca viene mal a nuestro apetito cinéfilo. Al abordarlo, comparto mi aporte con el “lector cinéfilo” como un insignificante eslabón más en la infinita bibliografía que existe “estudiando” y amando a este TITÁN. Y, ante mi atrevimiento, desde ya pido disculpas, si es que un pecado así puede perdonarse. E invito a sentarse a la mesa conmigo a todo buen amante del cine que así se precie.

Lo primero que contemplo es mi ontológica incapacidad para “aprehender”, agotando, toda la complejidad, paradoja y gran riqueza que encierra- revela la persona, vida y obra de Hitchcock. No es fácil encontrar el “rabo” del hilo para arrancar en mis apreciaciones. Por ello os invito también a ir haciéndolo conmigo. Gracias. Vamos, pues, a esta aventura.

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Al recorrer el “tema” Hitchcock, me salta a la vista que- en él y para él- todo su ser y hacer eran esencialmente inseparables de su historia personal, familiar, de estudios y formación, y de sus trabajos, en su pasado y en su presente. Todo fue una “amalgama” que ¿”condicionó”? su cine. En sus películas vemos y “tocamos” a TODO Hitchcock. De ahí que sea un cine tan personal. Y, por ello también, un CINE al que llamo “in crescendo”, en dinamismo constante de búsqueda y crecimiento, en una fuerza evolutiva tendiente al “estallido de la genialidad”, desde sus películas mudas y sonoras inglesas hasta su cine en U.S.A. Hitchcock fue haciendo camino, y abriendo caminos para quienes le siguieron, con un sello tan personal presente ya en sus primeros títulos. Ese cotidiano y complicado “ascenso laberíntico” -al que tanto gustó recurrir mediante su obsesión por el uso de las ESCALERAS- es uno de sus aspectos más valiosos en toda la progresión de su filmografía. Su cine es dinámico y “veloz” porque él concibe a la persona y a la vida en continua y compleja evolución. En él no hay estatismo vital ni ontológico ni narrativo ni visual ni ético, ni en nada de lo que sea propiamente humano. Aún así, en esa “rapidez” no es superficial ni mediocre ni banal, es tan genio que sabe cómo, cuándo, cuánto “parar” y “pararse” en las infinitas “filigranas” de la condición humana y sus conductas. Y lo hace de forma genialmente clara, precisa, puntual y profunda, sin sensiblerías pero con hondura dramática y realista, y siempre como todo un “caballero inglés”: “mordisqueándonos” con el HUMOR. Y siempre todo visualmente narrativo. Nada de lo humano le pasaba inadvertido. Fue, incluso, un “atrevido” por adelantarse a épocas y sistemas y estructuras, no sólo en sus innovaciones técnicas y narrativas sino en el abordaje de temas, personajes- personas y situaciones, como la homosexualidad (en el varón y la mujer); la identidad y el dinamismo de lo femenino; la sexualidad “sugerida y sugestivamente descarada” que presenta en sus películas (¡vaya carga y tensión sexual en sus personajes, sobre todo las mujeres -que le obsesionaban- y más aún las “fríamente volcánicas” rubias!. ¡Cuánto y cómo conocía a la mujer este genio!), y toda una gama de “matices” y “sutilezas” de lo que es y hace el ser humano de todo tiempo y lugar. Sus “arrojos riesgosos” son, también, los que lo hacen tan actual, y -en definitiva- tan atemporal. Casi como la Palabra de Dios: para todo hombre, de todo lugar y tiempo. De ahí que lo coloco en el Olimpo de los Dioses, en la honrosa categoría de lo divino. Así su cine es tan “potable” y, en él, todo lo humano ha sido mostrado fotograma tras fotograma. Y ello muy lejos de esa “desafectividad” que algunos le han atribuido. En sus films, y en su vida personal, familiar y profesional, TODOS valoran a Hitchcock como alguien MUY afectivo, humanamente entrañable. Todo su cine está lleno de HUMANIDAD. Hitchcock tenía un gran corazón humano, aún abordando a los personajes malos. Para él están muy claros el tema del mal y sus consecuencias personales y sociales, y el de la justicia sanadora por la Verdad, y el de la pena- castigo (no podemos olvidar que era de raíces y cosmovisión católicas), pero nunca se ensaña con los malos, los culpables, los que tienen deslices -aún cuando sean desastrosos moralmente-  (los suele presentar como enfermos y víctimas de algo o alguien). Siempre aparece la  compasión. Inclusive, en varias de sus películas, interpela al espectador sobre sus mismas actitudes vitales y morales: nadie es totalmente inocente, y -muchas veces- somos cómplices de las conductas -y de las malas aún más- que tienen los demás. Y “disfrutamos” de esa culpabilidad no castigada, bastante clandestinamente. Y  nos regodeamos de nuestra “normalidad” sin darnos cuenta que estamos induciendo a los demás -y consintiendo- en opciones equivocadas y dañinas. Y, así, caemos en una experiencia humana tan universal y atemporal: el MORBO y lo VULGAR. Para Hitchcock, todos somos MORBOSOS, aunque él nunca plantea esto de una forma vulgar. Es elegante hasta para hacer esto en su cine. No debemos olvidar que fue, mucho tiempo en su Inglaterra, director artístico. Contaba historias visualmente, y en ello todo tenía una función, un encaje. Todo lo hacía impecablemente: era el DIOS DEL DETALLE. Un “obsesivo” temático y técnico- estético. Todo era elegido, programado y filmado para, por, con y en un GUIÓN creado como una “pieza de relojería”, un “bordado” con “puntadas” de “filigrana” abarcadoras de todo, inclusive el vestuario, maquillaje, peluquería, decorados, colores, el silencio, música y ruidos (que, muchas veces, son un “personaje”), storyboards, attrezzo, e infinidad de recursos y detalles (mensajes, teléfonos, guías de TE., telegramas, objetos varios) que nos ponen en un “tablero de ajedrez”. Y, allí, nos “abrazaba” y nos metía dentro de la película. Por eso, frente al CINE de Hitchcock, hay que estar siempre muy atentos: a sus “pistas”, a sus “cebos” -muchas veces falsos-, a sus giros o “twists” narrativos, a sus clímax, a su humor- “respiro” relajante de la tensión. Él era hijo de la tradición literaria inglesa hasta sus tuétanos. Del teatro y la narrativa social, política y policial inglesas; de los relatos de misterio. De la tradición, también,  de la “escuela” shakespereana. Del cine mudo (al que recurre mucho en sus films, sobre todo para mantener el SUSPENSO, con ese “expresionismo” heredado, en el uso del lenguaje corporal y de los primeros planos). Su cine es serio, profundo, con identidad de AUTOR, pero también es ENTRETENIMIENTO, y con ello muestra conocer al receptor, el PÚBLICO, el ESPECTADOR, por encima de todo. Un MAESTRO no sólo del suspenso y del conocimiento de la persona, sino de aquel a quien le “hablaba”. Él “juega” con el espectador, pero no burlándose de él ni infravalorándole sino como “CO- CREADOR”, como planteaba también el genial Jorge Luis Borges. Lo “caza”, “atrapa”, involucrándolo. Y ésta es y será la “tarea”- “trabajo” del espectador.  El famoso “VOYEUR” hitckcocktiano, no sólo es él y su cine, sino el espectador lo es. Es él quien tiene la “mirada”; quien se convierte en el PERSONAJE PRINCIPAL. Ese “agujero en la pantalla”, la cámara, el “ojo” de Hitchcock, la “pantalla- cine”, tiene un sentido y “broche” final: YO.  Frecuentemente, en esos “voyeurs” suyos, que ven fuera lo que son y viven otros y no ven lo que en sí mismos son y viven, está mi propio yo. Y ello se lo ofrece al espectador desde una mirada bastante perturbadora de la realidad; con honda complejidad psicológica; con fuerte y clara herencia de los temas de la mitología y literatura clásicas, como: el SER y PARECER, la VIDA y la MUERTE, el BIEN y el MAL, el ESPÍRITU y la CARNE, lo INFINITO y lo FINITO, la MENTIRA- APARIENCIA- FANTASÍA y la VERDAD, los PERSONAJES HEROICOS, SEMIDIOSES, DEMIURGOS y el HOMBRE CONCRETO “DE CARNE y HUESO”,  la LÓGICA- REALIDAD y el CAOS (interno y externo), lo APOLÍNEO y lo DANTESCO, el AMOR y el ODIO, el AMOR y LA MUERTE, “THANATOS y EROS”, el DESTINO, PERSONAJES MITOLÓGICOS (COMO PERSÉFONES), etc. En sus films aparecen seres de carne y hueso; personas comunes y corrientes a las que les suceden INOCENTEMENTE “cosas”: para Hitchcock nadie está librado, a cualquiera puede pasarle cualquier “cosa”, aún sin dar motivos. El Hombre es superado por los misterios de la vida: no puede “abarcarlo” todo. Hay todo un planteamiento más allá de lo psicológico: es filosófico, trascendente, teológico. Se debate el Hombre en sus conflictos personales y relacionales, en donde todo llega a “ponerse patas para arriba”. Y, ante lo inexplicable e irresoluble, suele “sacar de la chistera” sus “sorpresas” narrativas, como suele ser el “MAC GUFFIN”. Ante la persecución y acorralamiento de lo misterioso involuntario, sorpresivo y opresivo, incierto, que lo amenaza, el Hombre es siempre “salvado” por este Dios llamado Hitchcock, quien “algo” hará y se inventará para redimirlo. Haciéndolo con “pulso” profesional y magistral, en donde manda la premisa de: “MENOS ES MÁS”, con una “economía” narrativa dada por un MONTAJE PERFECTO, veloz, climático y con un ritmo digno de cualquier pentagrama musical, en donde lo esencial nunca “se corta”. Y todo presentado de forma entretenida, atrapante y envolvente. Hitchcock era tan genio, y profesional, que tenía TODA la película en su cabeza y corazón. Siempre sabía lo que quería y cómo lo quería. Y mucho más aún cuando la mitad de su yo se llamaba Alma Reville. Ella fue la gran MUJER detrás de este gran HOMBRE, en lo personal y familiar, y ¡me quedaría corta si no me refiriera a lo profesional!. Se reconoce que su cine era “a cuatro manos: las suyas y las de Alma”; y -cuando se dignaron a darle un Premio- él sólo dijo: “Comparto este Premio con la mujer que me ha acompañado durante toda mi vida, mi esposa Alma Reville.” Y no digo más: “a buen entendedor, pocas palabras”.

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Deseo acabar dejando una “enumeración” de otros “legados” que -como PATRIMONIO- ha dejado Hitchcock a la Humanidad y al cine, y que bien pueden ser “abono” para otros dossiers y artículos y columnas, y aliento para que otros “especímenes” valiosos de hoy en el cine, se animen a seguir sus huellas. Y así propongo “trabajar” con su HERENCIA en temas como:

El Hombre “preso”, “condenado”, “oprimido” en sus pequeños- grandes “mundos”, “asfixiado” en su trágica soledad y en su impotencia para salir de ella: ser “vecino”; las vidas “colapsadas”, casi fracasadas, “muertas”;  las “máscaras” de autodefensa: los “disfraces” del Hombre; las relaciones parentales, especialmente madre- hijos; el ser padres, la “fuerza del cariño”, que se ve en su preocupación parental hacia los hijos, más aún en situaciones límites; el psicoanálisis; la construcción de los personajes secundarios en una narración- film; la mujer: la intuición femenina, la sexualidad femenina, la liberación femenina, la búsqueda y logro de una nueva identidad y actuación en la sociedad, la autoafirmación femenina, la mujer como “misterio”; la relación de pareja varón- mujer: los “triángulos” amorosos, los celos, la triste incompatibilidad (según Hitchcock) de las mentalidades y conductas femenina y masculina: la “guerra de los sexos”, las discusiones de pareja: conflicto varón- mujer en torno al tema machista del dominio y la mujer que no da su brazo a torcer, aunque engañara pareciendo que sí, el escepticismo romántico de Hitchcock; la “política” de los Estudios y la “muñeca” de Hitchcock en ello: la Pre producción, la Producción- Rodaje y la Post Producción (Distribución y Venta del “producto”); las obsesiones humanas y las pasiones incontrolables; el miedo; la y las paranoia/s; los dilemas y conflictos de conciencia, morales y éticos junto con planteos religiosos; la locura y las “locuras” que pueden atrapar a cualquier Hombre, en cualquier momento y con cualquier porqué; el huir, la “fuga”, para escapar a la “suerte” y al destino; los personajes ambiguos; la comida y la muerte y la comida y el sexo; la policía; los personajes malos y culpables “ocultos” y “normales”; el subconciente en el ser y obrar humanos (lo oculto, imprevisible, intempestivo, misterioso, desbordante, en el misterio del Hombre); el casting: su acierto y “pulso”; la dirección; el suspenso: su construcción, ritmo, sentido y finalidad; el verdadero terror; los espacios- lugares en su cine; la técnica en el cine, particularmente la fotografía y el manejo de la cámara; los grandes Maestros para Alfred Hitchcock: Cecil B. De Mille y Fritz Lang…

Y…., y…., y…. Os lo dejo servido en bandeja. Que todo lo infinito que pueda decirse sobre ALFRED HITCHCOCK sea su magna divinidad la que os diga: “Yo, Alfred Hitchcock, presento….”

Hasta la próxima, amigos cinéfilos.

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