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La moviola valiosa: Do, re, mi, fa, sol, la, si, do…

Por María J. Pérez , 23 marzo, 2014

AUTORA: Marta Fra Melián

Presentamos este dossier como un espacio de encuentro para quienes amamos el cine. Para reflexionar, analizar, profundizar y compartir, enriqueciéndonos. Esta vez queremos explayarnos en una roca esencial del discurso cinematográfico: la música y los musicales.  Hacemos esta propuesta invitándoos a entrar, con nosotros, en los “acordes” del cine.  ¡Música, Maestro!…..

Melodias de Broadwaycolor

En nuestro primer “compás” nos detendremos en un planteo antropológico y sociológico- cultural: el Hombre y la comunicación humana. Refrescaremos algunas ideas que nos permitirán enmarcar y enraizar lo musical en el cine.

La dimensión sonora y rítmica humanas “aurorean” remotamente: antes de cualquier codificación lingüística verbal y escrita, el Hombre ya emitía gritos y ruidos, acompañándolos de movimientos del cuerpo, escenificando un ritualismo y una celebración. El Hombre es un ser sonoro, rítmico, dancístico, musical, desde sus orígenes y esencia, y ello lo vivía como expresión y comunicación de sí mismo, con el mundo, los demás, la deidad, la naturaleza, el mal, la enfermedad, la muerte, el misterio. Esta esencialidad la hemos seguido viviendo y perfeccionando, en cada hecho de la Historia y en toda sociedad y cultura. Somos entitativamente inseparables de lo musical en nuestro ser y hacer. Trátese del Hombre que se trate en este planeta Tierra. De ahí la variedad, riqueza y hondura de la música. Por ello, el cine -que es lo que aquí nos ocupa- y que ha sido, es y será hecho por y para el Hombre, también es “areópago” de esta vivencia y expresión humana y artística.

Decidimos, definitivamente, reflexionar sobre esto tras las películas que los “Sres. Globo de Oro y Oscar”, y “Festivales”, y “Goyas” y “Palmarés”, nos permiten en nuestros machacados bolsillos y sentidos. Todas tienen una admirable banda sonora y musical. Frente a ello nos hacemos preguntas, y nos sentimos “tocados en el ala” por tanta sensible y emotiva comunicación. ¡Somos ricos!. ¡Qué sería de nosotros sin la música en el cine!.¡Preguntemos a los Clásicos, Marlène Dietrich, Pete Seeger, Vincente Minnelli e hija, Fred Astaire y Gene Kelly, Cyd Charisse, Ginger Rogers, Nanette Fabray, Bing Crosby, Louis Amstrong, Judy Garland,  Julie Andrews, Barbra Streissand, Bette Midler, Shirley Mac Laine, Woody Allen, Clint Eastwood, la Disney, la MGM, Chaplin, etcs, y a cuanto director de cine, productor, director artístico, músico, arreglista, instrumentista, cantante, bailarín, actor, actriz, coreógrafo, compositor, y amante de la música y el cine que se precie, muerto y vivo, que se nos ocurra!. ¡Tendríamos una sinfónica de experiencias y testimonios!.

En nuestro segundo “compás”, arrancamos en los orígenes del cine. Los hermanos Lumière no previeron nunca la magnitud ni dimensión de lo que crearon. Fueron bastante escépticos al respecto. ¡Menos mal que luego vinieron Méliès y Griffith!. Sí debemos decir que el cine nunca fue mudo, silente. Ni siquiera en el período conocido con ese nombre. En las proyecciones  se fue incorporando siempre la música, mediante un piano, luego una orquesta, luego la música mecánica, hasta llegar a la técnica del sonoro. La música formó parte esencial también del cine desde su misma raíz. No se concebía la imagen en movimiento, que tanto entretenía a los Hombres, sin los acordes musicales. La “ocupación” del oído acompañaba a la “ocupación” visual, completando y enriqueciendo la expresividad de la imagen móvil. Incluso algunos que luego, en los inicios del sonoro, no usaron tanto la música (como Renoir, Lang, por ejemplo) terminaron rindiéndose a ella. Basta recordar a Chaplin, quien llegó a ser un genial compositor musical de sus películas. Y, en los años 30, Hollywood imponía la orquestación sinfónica en sus filmes. Para ello llegaron a la Meca virtuosos compositores y músicos venidos de distintas partes del mundo, especialmente de Europa. Y  formaron parte de esa “casta sagrada” llamada la “gente” del “Sistema de los Estudios”. La música era ya todo un poder dentro del cine. Por eso nacieron los musicales también. No sólo respondieron a un modo de ser americano y a un momento socio -político- histórico, y a apuntalar el sentido de entretenimiento, sino que brotaron por la fuerte presencia de lo musical en el cine. El musical se irguió como una “entidad  cinematográfica”. Por eso nuestra tristeza y disgusto cuando algunos lo denostan y consideran un género menor. ¡Eso es no saber lo que es la música y todo lo mucho que implica crear, hacer y sacar adelante- hasta el final- a un musical en el cine!. ¡En su pre producción, rodaje y montaje!. ¡Hay que editar un musical. Vaya precisión, sentido estético, perfeccionismo y “pulso”!. ¿¡Qué sería del cine sin la música?!. Es más: es en cualquier “desempeño” musical en un film, donde comprobamos hasta dónde llega realmente la calidad interpretativa de un actor/triz, por la cantidad y variedad de registros y matices exigidos que deben poner en juego. Sea comedia o drama. Allí se juega su virtuosismo.  Y no creamos que es fácil alcanzar en esto la “matrícula de honor”.

Estos son nuestros últimos “compases”. El amor al cine nos lleva, en este dossier, a temas y “cosas” de las que, cotidiana y comúnmente, mucho no se habla ni escribe. Sólo agregamos que la música, en el cine, traduce emociones, las acompaña, las ahonda; es un factor de continuidad y de homogeneidad; tiene esa “invisibilidad visible”; unifica el “texto”; “toca” el corazón. Es tan esencial que se convierte en un “personaje”. Muchas veces identifica a un filme. Además, no hay “tema” humano, social, histórico, político, cultural, religioso, artístico, que faltase o falte en la música y en los musicales.

Cual “golpe de batuta”, para el “mutis” final, nos adueñamos de una “joya”: la maravillosa “MELODÍAS DE BROADWAY” (1953), de Vincente Minelli, con estas palabras cantadas y bailadas: “El mundo es un escenario. El escenario es un mundo de entretenimiento”. Por ello seguimos pensando, viviendo y sintiendo que el cine y la música nos permiten  “enrollar” el mundo real en un “carrete” para poder desenvolverlo luego como una “alfombra mágica” de fantasía”. ¡Hay “cosas” que sólo el arte puede lograr!.

¡Sigamos contemplando cine y amándolo!. ¡Igual la música y los musicales!.

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