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La loca carrera por el sueldo mínimo

Por Gaspar Jover Polo , 5 marzo, 2018

Cada vez es más frecuente el caso de españoles que pasan temporadas trabajando sin cobrar con tal de conseguir o de mantener el puesto de trabajo. Ya no se trata de cobrar poco o muy poco, sino que se está dando en España un paso más allá en la política económica de los recortes y de los sacrificios. Con tal de no pasar a la lista de los desempleados sin futuro, no importa aguantar en el tajo unas semanas o unos meses sin recibir la contrapartida del jornal. La consigna para salir de la crisis es reducir los salarios para facilitar la obtención de beneficios de las grandes empresas, y por este camino, la solución de los problemas económicos empieza a pasar porque algunos se queden sin sueldo.

 

Hasta ahora el último lugar en el escalafón de los salarios lo ocupaban los trabajadores del llamado Tercer Mundo, que tienen fama de grandes sufridores y de conformarse con casi nada. Los sueldos en las naciones pobres eran y son de miseria, pero, por el momento, no se tiene noticia de que, en América latina o en el sureste asiático, se trabaje completamente gratis; y es por eso que la situación en el sur de Europa, incluida España, va camino de igualar, si no de superar, la capacidad de sufrimiento de los países en desarrollo.

 

Nos estamos acercando tanto a las condiciones de trabajo tercermundistas, que les estamos haciendo la competencia a los países que llamamos subdesarrollados. Y cuando la mayoría de los españoles aprendamos a trabajar gratis, daremos un salto económico cualitativo pues ya nadie, ningún país por pobre que sea, podrá ofrecer condiciones laborales más favorables para los intereses empresariales. Ganaremos en el esfuerzo por ofrecer las más ventajosas condiciones para que las multinacionales se establezcan; las grandes empresas volverán a nosotros porque cobraremos menos o no cobraremos. El esfuerzo de los empleados españoles no será inútil, asegura nuestro gobierno, porque regresarán las industrias deslocalizadas y porque, si seguimos firmes por este camino de los recortes salariales, quizá llegaremos pronto a reducir el paro y a acercarnos al objetivo final del pleno empleo.

 

Claro que es de suponer que los países pobres, los también llamados emergentes -China, Brasil, Corea-, no se conformen y que quieran recuperar las inversiones internacionales, que no se queden con los brazos cruzados con tal de recuperar posiciones en esta loca carrera por ofrecer facilidades. La competencia es constante y no se puede descansar en el empeño de reducir los costes y de aumentar los sufrimientos. La competencia por rebajar los derechos laborales y los sueldos es feroz en todo el mundo y no presenta, al parecer, unos límites éticos definidos, algo así como uno tope humanitario en el descenso del nivel de vida.

 

 

 

Gaspar Jover

 

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