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La insoportable levedad del fútbol

Por Eduardo Silva , 13 marzo, 2014

“Casi todo lo que tiene que ver con el fútbol hay que tomárselo muy poco en serio”, aclaró Nacho Vegas. Fue en el transcurso de una poco convencional y divertida entrevista que giraba en torno a su visión sobre el mundo del fútbol llevada a cabo por el eldiario.es, hace ya algún tiempo. El cantante asturiano posiblemente pensaba en el sector “fút-damentalista” de este deporte y quiso mitigar con esta afirmación, por si quedaban dudas, el efecto de una baladronada en la que explicaba por qué se sentía profundamente antimadridista entonando su habitual sentido, sutil, del humor.

Del mismo modo que el autor de “La zona sucia”, uno piensa que a casi todo lo que tiene que ver con el fútbol y a la mayor parte de las cosas que afectan a la vida hay que reservarle su cuota de chufla aunque no esté de más, de vez en cuando, vigilar la dosificación (más que Vegas, me viene ahora a la cabeza Arévalo, disculpad si me disperso).

Recordé la entrevista con el cantante la noche del martes. Salía de trabajar cansado y aburrido (sí, mi trabajo por lo general consiste en desfallecer de tedio) y decidí abandonarme a la levedad histriónica de la narración deportiva antes que hacer el esfuerzo de cambiar la emisora presintonizada. Confieso que a veces sigo pecando, pero ya estoy bastante curado de fútbol, de hecho casi ni prestaba atención. Cosa que hubiera sido imperdonable porque se me habría pasado por alto el objeto de mi denuncia. Hay hechos ante los que un periodista no debe intentar pasar de puntillas, al menos desde el punto de vista de un licenciado en Psicología. Y en esta ocasión los comentaristas prefirieron coger la manguera antes que el micrófono.

Es posible, señores periodistas, que en un futuro próximo el director del colegio en el cual sus hijos cursan estudios les llamen para informarles de que sus hijos han sido expulsados por haber proferido insultos racistas contra un compañero o incluso que los hijos de algunos de sus compañeros de profesión sean víctimas de este tipo actos xenófobos, ¿ustedes qué harán en ese caso? Les pedirán explicaciones a sus vástagos y ellos les contestarán que la noche anterior, en el estadio, a todo el mundo le hacía gracia, ¿y ustedes qué hicieron esa noche? Comentaron tímidamente la situación, argumentaron que era mejor no dar pábulo a los pocos impresentables y se escudaron en que al club le podría caer una buena sanción, ¿es eso lo importante ante este tipo de actitudes? ¿Qué no sancionen al club de turno?

Llegué pronto a casa y no seguí escuchando la emisora. No sé si los chillidos simiescos contra los jugadores negros del equipo contrario prosiguieron, no sé si el presentador del programa (del que tengo bastante buen concepto) o sus colaboradores adoptaron una actitud más apropiada (más severa) o si la “fiesta del fútbol” siguió como siguen las fiestas una vez que te deshaces del amigo borracho que se pone agresivo, o que vomita y amenaza con destrozarte la noche, metiéndolo en un taxi y pagando la carrera para no sentirte mal.

Lo que sí sé es que me produce hartazgo el racismo, el absurdo sentimiento grupal que provoca que las sociedades menosprecien las diferencias individuales, el mirar y el que mira para otro lado,  en definitiva estoy harto de la tolerancia social “por descuido” existente ante cualquier tipo de actitud fanática. No se trata de pelear con los intransigentes, se trata de hacerles ver que no vamos a aceptar esas actitudes a nuestro alrededor, se trata de hacerles saber que somos tan tozudos como ellos a la hora de valorar y aislar sus conductas.

También sé que estos gestos se hacen en los estadios para desestabilizar al rival, para entorpecer su estado anímico y conseguir una ventaja moral deportiva. ¡Sé que la mayoría ni siquiera sois racistas! ¿Os habéis parado a pensar qué opinan los jugadores negros que seguro que militan (lo han hecho o lo harán) en vuestros equipos? Por eso pienso que deberíais avergonzaros más. Sé que pasa en todos los estadios, por eso no importa que no dé nombres en este caso. Solo que éste, es mi caso. Así que señor, si ha estado el martes en el Vicente Calderón y ha insultado a un señor negro que fue hasta allí en avión a jugar un partido de fútbol para tenerle a usted un ratito entretenido, le digo que su conducta es despreciable. Si ha estado allí y le ha hecho gracia ver cómo otros discriminaban a un ser humano por su raza, le digo que su porte es “gañanesco”. Si simplemente ha fingido no enterarse de nada, sepa que ha adoptado, por omisión, una de las posturas que suelen abrazar los hipócritas.

Del mismo modo, asumo que la mayor parte de los medios informativos tratan este tipo de actos de una manera similar. Por eso da igual la emisora que estaba escuchando, pero cómo era yo el que me estaba sonrojando ante lo que estaba oyendo, les digo señores de Onda Cero que no han informado como deberían. En mi opinión se equivocaron señores periodistas. Estoy seguro que lo hicieron sin mala fe pero creo que ante este tipo de actos hay que pararlo todo, dejar de pasarlo bien con el espectáculo y denunciarlo tajantemente y sin ambages de ningún tipo. Hay determinadas actitudes que no pueden ser digeridas por la sociedad como si fueran hechos puntuales e intranscendentes.

Me gusta Nacho Vegas como artista y coincido con él en muchas de sus opiniones. Espero que él coincida conmigo cuando afirmo que en el fútbol y en la vida hay cosas demasiado serias que no admiten la más mínima broma.

2 Respuestas a La insoportable levedad del fútbol

  1. Alejandro Responder

    13 marzo, 2014 a las 10:43 am

    Hola, me gusta mucho su articulo, pero no coincido con usted en que “en la vida hay cosas demasiado serias que no admiten la más mínima broma”. En mi opinión se puede bromear sobre cualquier cosa, lo que pasa, es que hay que saber como y cuando. Y si no que se lo pregunten a Gila.
    Un saludo

  2. Pilar Responder

    14 marzo, 2014 a las 8:34 am

    Pues yo opino que “tolerancia cero” con el racismo y la xenofobia. Que a ver si empezamos a evolucionar y que se puede uno divertir de mil maneras sin necesidad de reirse de tus iguales, porque “ellos” son tus iguales, aunque tu no seas igual a ellos

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