La historia que se repite |
Portada » Cultura » La historia que se repite

La historia que se repite

Por Jordi Junca , 28 mayo, 2014

La Agencia Efe, importante grupo de información, celebra su 75 aniversario con una exposición fotográfica situada en los jardines del Palau Robert de Barcelona. De entrada gratuita, ésta recoge un número considerable de instantáneas tomadas en los momentos más importantes y a los personajes más influyentes, desde los años treinta del siglo pasado hasta la actualidad.

Los barceloneses toman la plata de la ciudad, ya en la segunda mitad del gobierno franquista.

Durante gran parte del siglo XX y la totalidad del XXI, el periodismo se ha convertido en la mejor herramienta para documentar lo que sucede en los días que corren y también en los que corrieron, erigiéndose como una importante fuente de información para historiadores y curiosos. En efecto, si algo demuestra la exposición fotográfica organizada por la Agencia Efe, es que el trabajo de un sinfín de periodistas distintos y de diferentes épocas puede llegar a constituir un auténtico manual de historia. Se trata de una hemeroteca al aire libre, que se desnuda ante los ojos del espectador haciéndole partícipe de los sucesos que protagonizaron hombres que evocaban sus recuerdos todavía en blanco y negro.

Por supuesto, la exposición sigue un orden cronológico, lo cual por cierto no debería sorprendernos. De hecho, la historia, y aunque cíclica al mismo tiempo, tiene esa naturaleza lineal de la que es imposible desligarse. Así, si bien un cuento de ficción puede explicarse mediante saltos en el tiempo, el relato histórico no permite ese tipo de licencias, teniendo en cuenta que, por naturaleza, las cosas suceden unas detrás de las otras. Sin embargo, la historia depende de algo mucho más imprevisible que el mero paso del tiempo; es, además, el fiel testigo del legado de los hombres dentro de la eternidad del paso de los segundos. Así pues, decíamos, se trata de un relato lineal y que a su vez tiene un carácter cíclico. Ello responde a que el propio hombre es siempre el mismo al menos desde hace unos 300.000 años, cuando se supone dejamos de preocuparnos solamente de la supervivencia. Por aquel entonces, se inició ese largo ciclo de idas y venidas, o la eterna intercalación de mares en calma y olas implacables. Comenzó, a fin de cuentas, el equilibrio entre el orden y el caos, lo que en los últimos tiempos se ha traducido en la lucha entre la izquierda y la derecha, aunque éstas ya existieran en el pasado con otros nombres. Antes de la llegada del periodismo, solo unos pocos decidían qué quedaría en los anales de la historia, dicen popularmente que en esos tiempos la historia la escribían los vencedores. No obstante, la aparición de ese individuo intrépido al que siempre le cuelga una cámara de fotos a la altura del pecho, ha hecho posible que la historia se escriba cada día que transcurre, cada hora qué pasa, cada segundo que se esfuma. Efectivamente, la labor del periodista ya no solo se reduce a informar a sus contemporáneos, sino que sin quererlo hace las veces de historiador a la antigua usanza, una suerte de testigo, como lo fuera por ejemplo Heródoto en la Grecia Clásica.

Comentábamos que la exposición sigue un orden cronológico, que se centra sobre todo en lo ocurrido dentro del territorio español. Lógicamente, también se refieren acontecimientos que afectaron a un nivel internacional y que por ende tuvieron su influencia en España. En cualquier caso, sabemos perfectamente que los años treinta fueron convulsos para los españoles, y así lo demuestran las primeras fotografías: una mujer cuya espalda sostiene una escopeta; Lluís Companys ataviado con una larga gabardina de cuero y partiendo al exilio; a su lado, dos niños que alzan su brazo derecho frente a una efigie del caudillo. Después, llegaron los años bajo el gobierno franquista, que de puertas hacia afuera fueron tranquilos y en los que sin embargo se derramaba la sangre en sus entrañas. Treinta años en los que España apenas se sostiene entre el pesado yugo de la tradición y el aire fresco de la modernidad. Se suceden entonces imágenes de la familia real y de corridas de toros, interrumpidas por las instantáneas de Kubala (uno de los primeros cracks mediáticos del mundo), los Beatles ataviados con una montera o la fundación de la fábrica Seat. Así pues, y solo desde la distancia, uno puede percibir ese pulso entre la tranquilidad del pasado y la inquietud del futuro. Ese pulso que en nuestro país acaba decantándose por la esperanza de un mundo nuevo, representado por un conjunto de fotos de la época de la transición, época de manifestaciones, pequeñas conquistas, y sobre todo de la redacción de una constitución que confirmaba el triunfo de una sociedad que ansiaba la libertad en el sentido más amplio del término. No mucho más tarde, con todo, alguien quiso recuperar el régimen anterior, demostrando que nada se puede dar jamás por sentado. De hecho, solo desde los años treinta del siglo pasado hasta los ochenta, el orden y el caos se habían alternado por lo menos tres veces. Como decíamos, ello había ocurrido de forma lineal en un sentido temporal; sin embargo, en lo que se refiere a su contenido, los hechos se habían sucedido cíclicamente. En cierto modo, se trata de una especie de acordeón que se expande y se retrae cuando llega a uno de los extremos, repitiendo el proceso incansablemente.

Una mujer sostiene una escopeta durante la guerra civil española

Una mujer sostiene una escopeta durante la guerra civil española

Sea como fuere, el periodismo, y en este caso la labor de la Agencia Efe, sirve también para recordar al ciudadano contemporáneo que lo que sucede aquí y ahora forma también parte de esta narración inmortal. Como no podía ser de otra manera, la exposición muestra también fotografías que, aunque recientes, pertenecen a un ciclo que uno imagina como un círculo, ese conflicto eterno e irresoluble que es la historia. Llegados a este punto, la sensación que tal vez uno tiene con las últimas instantáneas es que nadie ha aprendido la lección. Arden dos torres gemelas por el mismo motivo por el que ardió Jerusalén. Los gobiernos siguen sin reaccionar ante el malestar del pueblo, y a éstos no les queda más remedio que salir a la calle y sentir el impacto de los proyectiles, el dolor que transmiten hasta el cerebro los nervios de una rodilla magullada. Cuando todo parecía estar bajo control, una chispa enciende la llama que jamás se extingue.

Y, de nuevo, la dualidad: mientras el tiempo avanza firme frente a la naturaleza estática del espacio, el hombre permanece en un círculo cerrado que le interpone siempre los mismos obstáculos, quedándose éste eternamente en un mismo lugar, quieto, inmóvil. Así pues, no se preocupen si sienten que todo va bien y que la vida transcurre sin prisa; probablemente, y no a mucho tardar, el equilibrio entre el orden y el caos volverá a descompensarse, dejando paso a un nuevo ciclo que posteriormente también terminará y resurgirá después de sus cenizas. Y, en efecto, así sucesivamente.

Deje un comentario