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La estrategia suicida de Pedro Sánchez

Por José Luis Muñoz , 24 julio, 2019

Finalmente va a resultar que quien va a apuntillar al renacido Pedro Sánchez no va a ser otro que el mismo Pedro Sánchez.  Uno asiste perplejo a este debate de investidura en el que el candidato se centra en pedir la abstención de la derecha, suplicándola, y ningunea a sus socios en vez de seducirlos. Finalmente el debate de investidura, agrio por momentos, sirvió para visibilizar que Pedro Sánchez no hace otra cosa que marear la perdiz con sus ofertas de gobierno de cooperación, acuerdos programáticos y ministerios florero. Pidió la cabeza de Pablo Iglesias, porque le haría sombra en el consejo de ministros y le pasaría lo que al primer ministro de Italia, que nadie sabe quién es, y el mismo Pablo Iglesias se la dio en bandeja de plata y ahora solo ve pegas y más pegas para formar un gobierno de coalición con los únicos socios posibles.

El espectáculo que está dando la izquierda, y, en especial, el presidenciable del PSOE, aceptando pulpo como animal de  compañía, es sencillamente patético. El candidato no está  a la altura de sus votantes  cuando no solo es incapaz de negociar con los más próximos sino que bombardea la negociación posible con una sarta de descalificaciones dirigidas a su socio político que ha aceptado todas sus condiciones, todas las humillaciones posibles, para que el PSOE se quede sin escusas para rechazar ese gobierno de coalición que los votantes de los dos partidos le exigen. Picaron de inocentes los de Unidas Podemos cuando creyeron que sacrificando a su cabeza de lista, un gesto insólito, la negociación iba bien encarrilada. El movimiento de Pablo Iglesias les cogió con el paso cambiado al PSOE y antes de darse de bruces en el suelo pone a su rival todas las zancadillas posibles.

Pedro Sánchez nunca contempló a los miembros de Unidos Podemos en el consejo de ministros, se le atragantaban, y más se le atragantan a los poderes fácticos de este país, la banca, las eléctricas y las grandes corporaciones del IBEX. Sus palabras en este debate de investidura lo demuestran de forma fehaciente. El renacido de las puñaladas por la espalda, que le dieron los propios, está desnortado y confía en unas próximas elecciones  sobre las que hace un cálculo erróneo. Será  el partido más votado, aunque algunos de los que lo votaron, decepcionados por su pésima gestión de investidura, se quedarán en casa, pero seguirá necesitando a Unidas Podemos para gobernar y probablemente el triunvirato de la derecha,  que se frota las manos, tendrá  más posibilidades de hacerlo  porque sumarán más.

Pablo Iglesias ya lo ha advertido. Si vuelve  a convocar nuevas elecciones Pedro Sánchez jamás será presidente del gobierno. Que se lo piense ese jugador de póker ubicado en la Moncloa que no tiene ases en sus cartas ni en la manga. Laminando, ninguneando y humillando a su único socio posible se está  disparando un tiro en el pie, o en la cabeza. Pedro Sánchez va a rematar lo que la vieja guardia de su partido no pudo: destruirse a sí mismo. Me importa un bledo que cave su propia fosa. Pulpo nunca fue animal de compañía y el PSOE hace tiempo que dejó de  ser un partido de izquierdas.

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