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La edulcoración de los cuentos tradicionales y el sexismo.

Por Albanie Casswell , 4 noviembre, 2015

En mi artículo de la semana pasada (La importancia de…) os hablaba de la poesía como recurso educativo en las escuelas y familias. Siguiendo con la literatura como herramienta indispensable en la educación de las niñas y niños, hoy me gustaría presentaros un fenómeno que actualmente ocurre a menudo en las aulas: la edulcoración de los cuentos tradicionales y su posterior marginación.

Muchas son las situaciones en las que nos enfrentamos a la gran tarea de contar cuentos, esos cuentos de siempre, los de toda la vida: Caperucita, Juan sin miedo Los tres cerditos. Padres, madres, profesoras o profesores nos hemos visto delante de estas historias diariamente, y varias han sido las veces en las que nos han dado la insignia (otras personas, profesionales o nuestro propio criterio) de esconder a la abuelita en el armario pasando por alto que el feroz lobo se la comió. Esta dosis extra de optimismo convierte a los cuentos en meras historias con final feliz perdiendo de este modo toda su función y aniquilando por completo toda su simbología.

 

Las estructuras de los cuentos tradicionales son firmes y están relacionadas con la resolución de problemas, pero no de una resolución de cuestiones simplificadas y sencillas, sino de las más temibles preocupaciones de los seres humanos. La crueldad que podemos atisbar en los cuentos provenientes de la tradición oral es necesaria para hablar de los horrores del mundo, los cuales se tratan siempre desde una perspectiva fantástica, humorística, divertida e infantil que ayuda a digerir los grandes desastres con una sonrisa, de esta forma el niño o niña puedan llegar a entender la situación de un modo relajado y natural. Robarles dicha temeridad significa también esconder al infante una realidad que es latente en el exterior con la que más tarde tendrá que lidiar.

 

Después de la edulcoración, muchas veces se da la marginación de este tipo de narraciones (sustituyéndolos por cuentos actuales) y uno de los motivos más habituales es la consideración de los cuentos tradicionales como cuentos sexistas sin saber que la literatura no es sexista, más bien la sociedad es quien lo es. Como bien dice Antonio R. Almodóvar en su entrevista de radio ‘Viaje al centro de la noche’, los cuentos de tradición oral en los que la mujer intervenía como heroína fueron perdiéndose en las sociedades aburguesadas, pero existieron en su origen y algunos de ellos los recupera el propio Almodóvar en su colección de ‘media lunita‘ y están al alcance de todos nosotros.

Para paliar el problema del sexismo sería un buen objetivo hacer una búsqueda (más allá de lo que Almodóvar puede ofrecernos) de esos cuentos tradicionales que fueron perdiéndose, en los que también ellas eran valientes y heroicas y a ellos se les permitía encontrarse en apuros. De dicha manera mantendremos la fuerza de los cuentos tradicionales sin caer en esas versiones posteriores de princesas perdidas y caballeros fuertes y valerosos.

 

En cuanto a los cuentos actuales, repletos de saberes pedagógicos y transmisores de valores meditados y muy bien pensados, pueden ser un recurso de mucho valor, siempre y cuando no substituyan por completo a las viejas historias, sino que se alterne entre estos dos tipos de narración que aportan aprendizajes bien distintos.

Un ejemplo imprescindible y uno de mis libros infantiles favoritos que se han publicado en los últimos años es “¡Mamá puso un huevo! o cómo se hacen los niños” de Babette Cole (click para leerlo, no tiene desperdicio alguno), un recurso indispensable para explicar la fecundación saltándonos todos los tabúes sociales y dándole una visión realista a la niña o niño sobre el tema que tanto les preocupa a los más pequeños y a los más mayores.

 

 

Los cuentos de tradición oral han sobrevivido a miles de años y han aparecido en todas las partes del globo terráqueo, su extensión y eternidad nos dan una pista de la importancia que sus estructuras tienen para el ser humano. Su magia, sus personajes, las situaciones problema, la resolución de sus cuestiones… forman parte de nosotros mismos, me atrevería a decir, incluso, que en ellos se hace visible nuestra esencia, nuestros miedos y nuestros sueños más profundos. No privemos a los niños de algo que les pertenece por naturaleza, enriquezcamos su contexto literario con las mejores historias de siempre y las mejores historias de ahora, porque en el mundo de los cuentos todo tiene cabida y es bienvenido.

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