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Javier Marías y sus apuntes al decálogo del prefecto mediocre

Por Alfonso Vila , 1 Noviembre, 2015

Hace poco, Javier Marías, ese gran pedagogo, continuaba ofreciéndonos sus consejos y sus enseñanzas para conseguir buenos ciudadanos. En un artículo para el País Semanal (“Retrato-fantasía”) abordaba con su habitual magisterio qué debe pensar y qué no debe pensar cualquiera que se inicié en una vida de mediocridad que, con la disciplina adecuada, le conducirá sin duda a un gran éxito social. Ya sabemos que nuestros loables responsables de la educación y de la vida pública, así como los directivos de marketing de las grandes empresas de este país y del extranjero están haciendo un gran trabajo a la hora de conseguir perfectos mediocres, pero no viene mal que repasemos aquí, muy brevemente, los apuntes que Marías ha tenido a bien exponer en su artículo.

Para él hoy en día el perfecto mediocre debe:

-Ser amante de los animales por encima de todo (y tener perro o gato).

-Defensor a ultranza de la naturaleza.

-Fanático de la bici. (Aquí resulta muy útil la matización: para lograr esto no basta con despreciar los vehículos a motor, es necesario despreciar también a los peatones. Y hay que decir que Javier Marías nunca se equivoca: los peatones, con su manía de andar por las aceras, y generalmente a paso lento, pueden entorpecer gravemente la circulación de las bicis.)

-Enemigo de la tauromaquia, el alcohol, el tabaco y la carne.

-Vagamente “antisistema” y vagamente republicano. (Aquí me permito hacer una recomendación personal: un perfecto mediocre tiene que hablar de todo pero sin profundizar en nada. Por tanto me parece muy acertado resaltar la utilización del término “vagamente”, pues en caso contrario podíamos caer en la intelectualidad y los compromisos profundos, que como se sabe es la mayor catástrofe que puede cernirse sobre una sociedad que desee funcionar correctamente.)

-Respetuoso del “derecho a decidir”. (Marías nos recuerda, aunque casi no haría falta ni decirlo, que ese postulado tiene sus excepciones naturales: intransigencia cero con los que quieran ir a los toros o fumar o coger el coche para ir al centro o comer carne.)

-Dar la bienvenida indiscriminada a los refugiados. (Esta norma o postulado es muy reciente, pero un buen mediocre nunca debe ir retrasado respecto a los acontecimientos de la actualidad. Pero puede pasar que los acontecimientos nos pillen desprevenidos. En ese caso siempre hay que tener en cuenta lo que dicen las personas a las que no votamos, pues con sus comentarios nos marcarán el camino a seguir por el simple sistema de eliminación. Si ellos defienden “A”, por ejemplo, pues ya está claro que nosotros debemos defender “B”. Y si ellos luego defendieran “B”, entonces nosotros cambiaríamos a “A”. Puede parecer un lio pero es muy fácil. Y todo mediocre, por muy perfecto que sea, puede necesitar supervisión de un superior en mediocridad en algún momento, y para eso está la televisión y sus comisarios políticos, que, nunca me cansaré de repetirlo, realizan una encomiable labor por el bien de la sociedad.)

 

Y poco más se puede añadir a estos sabios consejos. Ya sabéis que un buen mediocre no discute ni se enfada. Estar en posesión de la verdad absoluta tiene un precio. Y ese precio es sonreír con educación a los infelices que viven en la ignorancia. Esperemos que artículos como el de Javier Marías les puedan iluminar en cierto modo. El mundo se lo agradecerá.

 

 

 

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