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Interrogatorio reforzado

Por José Luis Muñoz , 16 Diciembre, 2014

Dick CheneyDe los responsables norteamericanos del desbarajuste global que supuso la invasión y posterior destrucción de Irak, uno se dedica a pintar monas, literalmente, y ese es George W. Bush; otro anda desaparecido, imagino que dedicado a sus negocios y a que le olviden, Donald Rumsfiel; y el tercero, el más vocinglero, Dick Cheney, se dedica a ir defendiendo lo indefendible.

Hace unos días, el que fuera vicepresidente en el mandato más nefasto de la historia norteamericana, salió al quite en un programa televisivo defendiendo la tortura que la CIA y sus subcontratados ejercían contra los sospechosos de terrorismo para arrancarles información. El nuevo eufemismo acuñado se llamó interrogatorio reforzado. Es decir, te interrogan junto a un perro rabioso a punto de morderte, un tipo con cara de carnicero que esgrime una broca amenaza atravesarte con ella de parte a parte o te someten a esa agradable práctica de ahogamiento simulado durante interminables sesiones y refuerzan el interrogatorio, desde luego. La justificación de Dick Cheney, autor de frases tan memorables para el sistema democrático como que Había que reducir el estado a lo mínimo para poderlo ahogar en una bañera, aprendida de alguna serie de mafiosos, y que él se forrara con todo su entramado de empresas dedicadas a la seguridad que obtienen más beneficios cuanta más inseguridad haya en el mundo, tenía que ver con el sistema binario: nosotros éramos los buenos y los otros, los malos.

Preocupa que en la mayor democracia del mundo, el subrayado es mío, se escuchen estas barbaridades, pero más preocupa que se hayan cometido y que sus arquitectos no paguen la responsabilidad penal que les corresponde por cometer delitos de lesa humanidad condenados internacionalmente.

Mientras tanto José María Aznar clama en el desierto pidiendo auxilio porque Nicolás Maduro lo tilda de asesino al haber formado parte del esperpéntico Trío de las Azores que hizo este mundo mucho más inseguro de lo que ya es, y amenaza al mandatario venezolano con restaurar la democracia en su país. ¿Restaurar la democracia con un golpe de estado, míster Aznar, como el que se produjo contra Hugo Chávez y usted no tardó ni un segundo en celebrar y felicitar a los fracasados golpistas? ¿O intaurarla cómo hizo con su brillante apoyo a la masacre de Irak?

Un tribunal internacional para todos estos sujetos, por favor.

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