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Inmersión de agentes externos en el aula: el escritor

Por Clara Cordero , 25 Junio, 2014
charla

Charla en IEES Nuestra Señora del Pilar, Tetuán.

La apertura del aula de la que tanto hablamos se va materializando en ocasiones a través de la incursión en la misma de agentes, no propiamente de la escuela, pero si relacionados con ella en algunos aspectos.

Hablamos de aquellas ocasiones en que a los alumnos se les recomiendan ciertas lecturas para trabajar diferentes contenidos y se tiene la posibilidad de que el autor de las mismos acuda al aula a explicar su experiencia literaria con ellos, ha compartir el proceso creativo que ha seguido en la obra y, si realmente, ha llegado a los alumnos la idea que tenía a la hora de reflejarlo por escrito. Es un momento donde se culminan varios procesos educativos. Por un lado, el feedback inmediato que encontramos en estas aulas proporciona un aprendizaje más significativo y profundo del proceso literario, de las técnicas, de la competencia lingüística en general. De otro, compartir y debatir sobre los distintos aspectos que llevan a completar una obra escrita facilita la comunicación y el desarrollo creativo propio de los estudiantes motivándolos a llegar más allá del simple hecho lector.

Para todo ello hemos contado con la experiencia de Daniel Hernández Chambers, autor de la recién publicada novela El Legado de Olkrann y de otras como La Ciudad de la Bruma. Ambas han participado de la biblioteca del colegio donde Daniel ha acudido a dar charlas sobre ellos.

Has participado en varias ocasiones acudiendo a las aulas cuyos alumnos han leído tus textos. Exactamente ¿Qué hablas con ellos?

Hablamos de todo, principalmente de la novela que han leído, pero también del oficio de escritor, del mundo editorial, de anécdotas, de lo importante es que cada uno intente dedicarse a aquello que le gusta.

¿Crees que es importante que los estudiantes conozcan a los autores de las obras?

Lo importante es el libro en sí y la relación que los alumnos establezcan con él como lectores, pero este tipo de encuentros es una forma de que se acerquen más a la literatura, de que conozcan el otro lado, por decirlo así.

¿Qué aportas tú al aula, a su aprendizaje?

El encuentro no es una clase más, es una conversación, a veces casi un interrogatorio. Tal y como yo lo veo, se trata más que nada de que los lectores puedan expresar su experiencia con la lectura, y cuando eso sucede es el autor el que aprende.

¿Consideras necesario que el aula se abra a agentes externos, como por ejemplo haces tú a través de tus obras, para mejorar , en este caso, su competencia lingüística?

Sí, es algo muy necesario. Debería abrirse no solo para escritores, sino también para todo tipo de gente cuya experiencia pueda aportar algo a los alumnos en uno u otro sentido. Pensadores, arqueólogos, científicos, marinos, refugiados políticos… 

¿Alguna vez como escritor pensaste que serías una especie de gurú literario para jóvenes que quizá a partir de tu visita tengan la necesidad de ponerse a escribir?

Sinceramente, creo que estoy muy lejos de ser un gurú literario. Tuve la suerte de saber desde muy joven que quería dedicarme a este oficio y poco a poco lo voy consiguiendo. Sí es cierto que prácticamente en todos los centros a los que voy para mantener una charla con los chavales hay alguno que ya escribe o que está empezando a hacerlo y me pide algún consejo, y mis consejos siempre son los mismos: escribe, lee, corrige, vuelve a corregir, busca opiniones ajenas, sé receptivo pero también sé cabezota, pon una papelera cerca de tu mesa, escribe (corrige), escribe (corrige), escribe (corrige), prepárate para las negativas y sigue adelante, vuelve a empezar, apaga el ordenador y ve a dar un paseo, escribe…

Como podemos apreciar la experiencia de los agentes externos es enriquecedora dentro del aula. Como bien dice Daniel, debería darse la oportunidad a todo tipo de profesiones y experiencias que den la posibilidad de abrir esa pequeña puerta creativa a los alumnos, guiados cada uno por su contexto personal y llevados a lo que realmente puede considerarse su “elemento”, emulando a Ken Robinson. Que sean capaces de ver más allá de los contenidos curriculares rígidos, de ver que todos ellos pueden dar lugar a experiencias reales y posibles.

Como conclusión, sólo cabe decir, que el aula debe convertirse en el mundo, porque de todo, se aprende.

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