Historias de oficina. Libro 2. Capítulo final. |
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Historias de oficina. Libro 2. Capítulo final.

Por Sonia Aldama , 7 Octubre, 2014

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APOTEOSIS FINAL (XIV)

 

Nuestros protagonistas, junto con el Alipio, Josefa Fernanda, el saco donde estaba la Isidra, el mono y la probeta del gallináceo, contemplaban el fondo del Mauna Loa desde el borde del cráter.

  • Me da un poco de pena – dijo Juan Carlos.
  • ¿Quién, la Isidra? – le preguntó Belén, extrañada.
  • No, mujer, la Isidra no… ¡El mono! – respondió él, arreglándose la coleta – Está empezando a caerme simpático… ¿Ves cómo nos mira, ahora que se ha despertado?
  • Bueno, bueno – soltó rápidamente el Alipio, que todavía se acordaba del machete – Lo hemos traído para lo que lo hemos traído, así que lo tiramos y ya está.

El mono miró fijamente al Alipio, con cara de estar pensando: “¿Y por qué no tiras a tu padre, majo?”.

  • Bueno, vamos a escribir en un papel los nombres de los enemigos que queremos que la palmen – dijo Irma.
  • Eso, eso – se animó Sofía – Tengo unos cuantos en mente.
  • Qué guay, qué juego tan divertido – exclamó Josefa Fernanda – ¿Puedo participar yo también?
  • Ya puestos… – asintió Belén – Si te animas, Alipio, tú también puedes.
  • Se agradece, se agradece – sonrió él – Sí, hay por ahí algún que otro marido de moza pueblerina de buen ver que… Digoooo, algún indeseable que no merece gozar de la vida.

Escribieron todos los nombres en una hoja. Luego Irma leyó en hawaianense la invocación al dios de los volcanes; cuando dio la señal, Belén tiró la hoja al interior del cráter. Después, Sofía echó la probeta del gallináceo. Juan Carlos y el Alipio agarraron el saco donde estaba la Isidra, cada uno de un extremo; lo voltearon, y lo lanzaron al volcán. Josefa Fernanda sujetaba la correa del mono, y se la pasó a Belén. Juan Carlos no pudo reprimir una mueca de pena. Pero en aquel momento, se oyó un disparo. Era Keanu, que apareció por detrás de unas rocas con la cara toda magullada, y la entrepierna llena de sangre.

  • Pero, ¿qué demonios le habéis contado a mi novia, malditos? – vociferó – ¡Os voy a detener a todos!

En ese instante, Josefa Fernanda se acercó al policía, sonriendo y con unos folletos del P.P. en la mano.

  • No se sulfure, buen hombre… ¿Conoce usted a nuestro carismático líder, Pepemari Ansar?
  • ¡Déjeme en paz, señora! ¡Que me está tapando la línea de tiro!

Irma, Belén, Sofía, Juan Carlos y el Alipio cogieron piedras del suelo y empezaron a tirárselas a Keanu. El mono les imitó, y un canto rodao de los suyos le pegó al policía en toda la frente. El hawaiano se desplomó como un fardo.

Juan Carlos se acercó al cuerpo, y le preguntó a Sofía:

  • .. ¿Cuántos años tiene el tipo éste?
  • Treinta y uno – respondió ella – ¿Por qué?
  • ¡Tiene una cana! – exclamó Juan Carlos.

Veinticuatro horas más tarde, nuestros amigos se encontraban en un jet de vuelta a Europa.

  • ¡A comprobar los resultados del conjuro! – rió Belén, mientras subía su copa de champán.
  • ¡Eso, eso! – exclamaron a coro Irma, Sofía, Juan Carlos y el Alipio, mientras entrechocaban las copas.

Josefa Fernanda hablaba con su Borja Mari por el móvil:

  • Sí, maridito, que me voy una temporada con unos amigos… Son de baja estofa, pero muy divertidos… Ya te contaré… Bueno, pues hasta la vista… ¡Bye, bye!

Mientras tanto, el mono hacía alegres cabriolas por los asientos.

 

José Carlos Castellanos

 

 

FIN

 

 

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