Historia de una puta triste |
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Historia de una puta triste

Por Esther Patrocinio , 27 octubre, 2014

Emigrar no es fácil y en los últimos meses son muchos los valientes españoles que se atreven a cruzar los Pirineos para llegar hasta Alemania en busca de un futuro mejor. La cosa no está tan mal aquí pero esto tampoco es un camino de rosas como bien saben los que deciden quedarse pese a las dificultades en el camino. Lo que sucedió la semana pasada me hizo recapacitar sobre cuán afortunados somos de estar dónde estamos y de venir de un país como España.

Una mañana como cualquier otra de camino al trabajo a las 7, te das cuenta de que hay muchos policías en la zona, también ambulancias, pero lo achacas al afán controlador alemán de celebrar dos simulacros de incendio al año para estar seguros de que en caso de emergencia todos los empleados tienen claro lo que deben hacer. Al llegar al edificio te sorprende que la empresa de limpieza que tiene la contrata de la oficina haya desplazado una furgoneta con 5 personas que se afan en limpiar las escaleras.

Después llegan los rumores y comentarios: “…sí una de las chicas que trabajan en el prostíbulo de aquí al lado (en Alemania también hay polígonos y puticlubs) pero al final ¿saltó por la ventana o la tiraron desde el tercer piso?…no sé, pero al caer se rompió las piernas y no se sabe cómo se arrastró hasta aquí, se escondió detrás de las escaleras y gritó pidiendo ayuda…¡menudo impacto verla ahí ensangrentada!…así que luego llegaron los polis y los de la unidad especial de asalto y registraron todo el puti. Ella se fue en una ambulancia gritando que no quería ir al hospital.Me bastó escuchar los comentarios para hacerme una idea del cuadro espantoso que debió encontrarse la recepcionista cuando llegó para empezar su jornada y se encontró con la pobre mujer malherida, llorosa, temblando negándose a ir al hospital entre gritos de dolor. No pregunté pero al volver a mi mesa encontré a nuestra becaria llorando. Le pregunté qué le sucedía, si se encontraba bien y ella se limpió las lágrimas, me miró y dijo: “La mujer que encontraron hoy en las escaleras, que trabajaba aquí detrás en el club es ucraniana, como yo. ”  Somos muy afortunadas de estar dónde estamos y de tener el pasaporte que tenemos; la becaria tiene pasaporte alemán aunque su familia es ucraniana.

Todo esto me dejó pensativa y melancólica por unos días, pero lo más triste estaba por llegar  cuando nos confirmaron que la triste puta tiene 16 años, fue engañada para viajar hasta Europa en busca de una vida mejor y está embarazada pero ha perdido al bebé a causa de los golpes recibidos.

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