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Hablemos de pedagogía

Por Clara Cordero , 8 Octubre, 2014
By Casey Fyfe

By Casey Fyfe

Durante este siglo XXI donde aparecen por doquier miles de estrategias pedagógicas innovadoras, las cuales suelen atender a las teorías de aprendizaje conocidas, pero mezcladas, adaptadas al uso más conveniente de manera que se crean nuevas versiones, ha llegado el momento de preguntarse pero ¿Qué es realmente la pedagogía?

Si atendemos a su etimología podemos decir que se puede traducir como “guía del niño”. ¡Nada más actual! Pero si ahora estamos hablando de guiar al niño en el aprendizaje, donde él es el sujeto activo del mismo a través de sus propias experiencias ¿cómo es que en los últimos años todo ha acabado como una dirección totalmente restringida de maestro-alumno donde el aprendizaje resultaba eminentemente pasivo? Podemos dar las gracias a John Dewey de que el acto educativo haya pasado de ser puramente reflexivo a ser algo más pragmático, positivo y científico, donde el docente orienta a los alumnos, no les dirige ni enseña, son ellos mismos los que aprenden por sí mismos.

Podemos decir que sí hablamos de pedagogía, porque ahora tenemos claro que el aprendizaje debe ser activo y la escuela está cambiando, innovando, aplicando nuevas metodologías encaminadas precisamente a la consecución de estos objetivos.

No está todo hecho, todavía hay que seguir esforzándose, pero la primera semilla está sembrada, incluso algo crecida en algunos sectores de la comunidad educativa.

Aunque también hace falta educar en este sentido a los padres. Había llegado un momento en que era la escuela, exclusivamente, quien educaba a los niños. Los padres los “depositaban” allí, cuanto antes mejor y cuanto más tarde les recogieran mejor, para que la escuela les enseñara todo. Prácticamente habían perdido su función paternal. La escuela ofrece conocimiento y aprendizaje pero la educación principal sigue residiendo en las familias, y si no, se puede valorar el cambio social que ha provocado el estrés laboral con unos imposibles horarios laborales que hacen imposible el cuidado oportuno de los hijos.

Ahora los padres tienen que implicarse también en ese conocimiento porque el niño necesita esa información global, no parcelada, unas cosas aquí y otras allí, tenemos que trabajar todos conjuntamente.

Ahora no tendrán que ayudar a sus hijos con los deberes, porque, ahora, esa palabra tan ruda pasa a ser aprendizaje motivado, por ejemplo, con la flipped classroom, donde los padres acompañarán el visionado de pequeñas píldoras informativas en formato de vídeo para que luego en el aula se pueda aprender realmente, poniendo en práctica esos conocimientos.

Ahora el aprendizaje es continuo y para siempre, no sólo por parte de los alumnos si no de toda la sociedad.

Ya tenemos las claves sólo falta que se extiendan.

Espero contribuir a que todos las conozcan en esta sección dedicada en buena parte a las familias.

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