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¿Ganancias?

Por Juliano Oscar Ortiz , 8 diciembre, 2014

Son tiempos de sacrificio” anuncia Cristina Kirchner y lo dice de una manera tan simple, ordinaria y cotidiana que si no fuera porque la conocemos y padecemos hasta asentiríamos con la cabeza y una sonrisa idiota.

Estas declaraciones fueron realizadas hace muy poco en el marco de una nueva protesta sindical que pedía un bono extraordinario de fin de año y la suba del mínimo imponible para el impuesto a las ganancias sobre el salario. Esta última demanda fue escuchada dentro de un sentido común que el gobierno kirchnerista prefiere soslayar en numerosas oportunidades. La amenaza de un paro general pudo más que miles de razones.

La presidenta exclama su discurso mientras la turba obsecuente de funcionarios, allegados y militantes aplaude en contraposición de la gran mayoría de los argentinos que sienten cómo sus billeteras pierden poder adquisitivo y el dichoso impuesto a las ganancias se come casi medio aguinaldo. Una barbaridad que afecta a millones de asalariados y que profundiza aún más el trabajo en negro.

“Nos dicen que hay que eliminar o bajar Ganancias. ¿Cómo hacemos para financiar obra pública si no cobramos impuestos?” enfatiza y su rictus permanece inalterable en una suerte grotesca de máscara veneciana ante la mirada cómplice de quiénes en privado se agarran la cabeza y piensan en un futuro atestado de inestabilidad social.

El impuesto a las ganancias sobre el salario afecta mayormente al sector conocido como clase media argentina, que cada vez es más estrecha y que mira con antipatía cada medida que toma el kirchnerismo. El argentino de esta franja socioeconómica se mira al espejo y se pregunta, ¿debo reclamar ante este impuesto extorsivo?, si le hago caso a las palabras de la presidenta ¿estoy siendo individualista? ¿Soy rico y no me di cuenta todavía?

Ironías al margen, la entrega confiscatoria en forma de impuesto al salario, al que el gobierno empaqueta como un acto de bien social, es una barbaridad desde todo punto de vista. El piso que se toma en cuenta es muy bajo perdiendo su razón de ser, es decir, ser un aporte de los que más ganan para paliar necesidades de los que menos ganan. En la actualidad lo pagan familias que llegan a suras penas a fin de mes.

En España, en tanto, las medidas de Rajoy se olvidan de los olvidados, sucediéndose confiscaciones, desahucios; y se proclama como un gran avance el mínimo descenso del desempleo, apenas estadísticas de la pobreza y la mala gestión.

La política populista de Cristina Kirchner busca que los argentinos de clase baja se sientan como pobres marionetas que solo el Estado puede salvar dándoles grandes subsidios en desmedro de una política pública que los capacite y les dé más posibilidades para obtener trabajo. Una masa dócil y excluida que vive solamente de las dádivas gubernamentales y que enseña que el esfuerzo, el compromiso y el trabajo no son ideales de este comienzo de siglo.

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