Fargo, True Detective y los Globo de Oro |
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Fargo, True Detective y los Globo de Oro

Por Marta Ailouti , 12 enero, 2015

Daba la sensación de que no partía de favorita y, sin embargo, ganó Fargo a True Detective, esas dos perfectas antagonistas. No puedo decir que esté disconforme con los Globo de Oro en esta ocasión. Cualquiera de las dos lo merecía y yo he admitido en más de una ocasión cierta debilidad por la hermana televisiva de la película de los Cohen. Anoche mismo escribía que hay momentos en Fargo que me enamoran por completo. Solo son momentos, pero es lo justo para que siempre en el último instante acabe por decantarme por ella.

Pues bien, ganó mi apuesta y, sin embargo, he de reconocer que hoy me he despertado con el cuerpo algo raro. Tiene que ver con el orden de los factores que a veces sí, sí altera el producto. Porque lo cierto es que en mi caso nunca jugaron en la misma liga, o en la misma temporada al menos, y para cuando quise ver Fargo, True Detective quedaba ya algo más lejana en mi recuerdo. Lo diré de otro modo. Es simple. Hay elecciones que uno nunca debería tener que asumir.

Sea como sea ganó Fargo, y con ella, también ganó Lorne Malmo. Porque como leía ayer en algún lado, esto es televisión y en la televisión siempre ganan los malos. El personaje de Billy Bob Thornton me gusta en cuanto a que es inquietante por lo que dice y por lo que calla, pero interpretativamente no tiene mucho más que aportar. En este sentido Martin Freeman le da mil vueltas. Diez mil si hablamos de Mathew Mcconaughey. Y diez mil y una, si es Woody Harrelson. El punto extra se lo pongo yo, que para eso soy quien escribe. Woody nunca tuvo opciones en realidad. Su intervención en la serie es mucho más comedida, menos agradecida y probablemente más humana que la de su compañero de reparto que cae mejor en la tele y es mucho más personaje, elocuente y extraño que aquel. Martin contra Rust no tenía mucho que hacer a pesar de ser los dos igualmente de necesarios para la serie. Y quizás solo por eso, es más que probable de hecho, yo soy más de Martin.

Pero no pudo ser. Como tampoco pudo ser lo de The Good Wife. Corría el deseo, que no el rumor, de que este sería su año, aunque no lo tenía nada fácil. En su contra Juego de tronos, a la que el Globo de Oro también se le resiste, y House of Card, una de mis grandes cuentas pendientes, que no se fue de vacío gracias a Kevin Spacey, para el que a la octava, parece ser, va la vencida. Dicen los que saben que este premio suele inclinarse por los estrenos y parece casi una predicción. Ganó The Affair, de la que no sé qué tan buena es porque puestos a ser sinceros tiene un argumento que no acaba de motivarme.

Todo lo contrario que Transparent, que se impuso en la categoría de comedia, y a la que por cierto tengo más que ganas. Atrás quedaron otras de mis grandes favoritas. La fabulosa Orange is the new black. Y también Girls. Con la serie de Lena Durham, que perdió como actriz de comedia frente a la hispana Gina Rodríguez por su trabajo en Jane the virgin, me ocurre un poco como con ella, que no siempre me gusta en exceso pero cuando lo hace, me maravilla.

En general no fue una mala noche para la televisión, menos si en cine vemos desfilar a George Clooney, Patricia Arquette y Michael Keaton. Aunque sonaran algunas ausencias. Aquí ya van algunas manías personales. Como Sons of Anarchy, al menos ellos nunca le negaron el reconocimiento a Katey Sagal (2011), Rectify, Hannibal, Boardwalk Empire y tal vez Vikingos. Pero supongo que nunca llueve a gusto de todos. Y ya lo he dicho, esta no fue una mala tormenta.

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