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Europa está construida de marcas.

Por Pepe Moreno , 4 diciembre, 2014

Europa está hecha de marcas.

Europa es una marca construida más por los que vienen a Europa de lejos que por los que viven aquí.

También es una marca construida por los que miran a  Europa. Y la ven en la televisión, en los himnos, en las iglesias macizas.

Europa se destruyó 3 veces en 50 años para empezar a levantarse de cero sobre solares y fábricas echando humo al cielo. El existencialismo dio la opción de asumir responsabilidades y todo el mundo eligió o ponerse a bailar o a levantar muros y cortinas de plomo.

Los símbolos ayudan a transformar un continente y especialmente las marcas convertidas en sello de identidad supranacional. En las últimas décadas han sido las marcas las que han hecho que conceptos como libertad, integración, solidaridad o bienestar se identifiquen directamente con la bandera de las estrellas sobre fondo azul.

Europa tiene una literatura que habla de coches y playas, y de marroquíes en Bruselas bebiendo Chimay. La mezcla de las marcas con la literatura que han generado éstas,  han puesto las bases del estado mental europeo, que es más poderoso que el Consejo de Europa o que los tipos de interés del BCE. La suma de países no es la suma poblaciones; es la suma de las historias que la literatura y las marcas han desarrollado. Hay una tendencia a pensar que quien inventa una historia miente y que mentir por definición es perverso. Pero no tendríamos un historia común sin una historia inventada y matizada para cada trozo del mapa europeo.

Guerras, traiciones y muertes son interpretadas de manera independiente para ser después cosidas a una historia común inventada y para más tarde, ser contadas a través de la literatura (ahora más visual, con más colores) y de las marcas de cada país, que son el ultimo refugio de la historia verdadera.

Puedes no identificarte con la iconografía nacional que tu país ha exportado al resto de países, pero sí lo harás aunque sea de manera involuntaria, con la marca bandera de tu trozo de tierra.

FIAT era Turín con niebla y era aristocracia europea a la italiana y era Michael Caine con el pelo alborotado. También era trabajadores subiendo al Norte y coches pidiendo por favor más carreteras. Y eso era mejor que democracias muy cristianas, Aldo Moro en un coche rojo o metralletas asomando desde una ventanilla.

Gauloises era pensar profundamente y también era pasear por la playa con abrigo camusiano. Era marcar el terreno para demostrar personalidad y sobre todo, saber estar a la francesa. Gauloises eran franceses contentos en verano y parisinos en invierno. Era unir a españoles hechos de maletas de cartón y mala cara con Heidegger o Sartre. Seguro que todo lo anterior, era mejor que los gritos en la calle, las caídas de las repúblicas o los argelinos huérfanos de patria.

Italianos, franceses y sus marcas que hacen Europa, y no al revés.

Como pensar en Philips, mejor que Eindhoven que debe ser lluvioso y frío. Pensar en música que suena sobre un Compact Disc inventado por ellos o pensar en un estadio de fútbol pulcro y nocturno y gente hablando inglés además de su idioma secreto. Mejor eso que no saber qué hacer con el agua, que se come la tierra y no al revés, como piensan ellos.

En Austria había muchas cosas pero ninguna te amotinaba la sangre ni te dejaba ver cómo otros volaban o saltaban directos a la muerte en vida. Salzburgo era ópera y música débil como una galleta antes de Red Bull, que pensó que cada uno podíamos ser un motor. Y por una bebida un país pequeño se convirtió en el pueblo de Asterix y cada año Coca Cola fracasaba en su intento de conquista y los fríos austriacos pasaron a ser mitad Mozart mitad galos con alas en el casco y en los pies.

El Este y el Oeste en Alemania estaban unidos por balones de reglamento y por pistas de atletismo, que funcionaban mejor que las AutobanAdidas era más interesante que los coches alemanes porque ayudaba a ganar medallas y mundiales. Incluso en los años 90 adornó el éxito de Francia en el fútbol o de Inglaterra en el tenis, rivales antiquísimos. Adidas es más alemán que la cerveza y supone más germanía que la tecnología porque pone en valor al hombre desde el hombre. Adidas ganó a Nike porque Nike era de las máquinas y de los éxitos televisados  y Adidas prefirió ser de los entrenamientos y el sudor. Adidas hace pensar en Munich con niebla y un balonazo en el muslo, picante y memorable. Adidas te lleva a una piscina olímpica y a un record en salud. Mucho mejor Adidas que la Cancillería, los muros o los pequeños empleos.

Suecia es diseño blanco, barato y en una tienda grande. Es Ikea para todos y calor en casa también para todos, aunque fuera se derrita Madrid a 40 grados. Suecia tenia una marca, que eran los suecos. Y se inventó otra que era donde los suecos vivían. Y con mujeres altas y brillantes como el horizonte cayendo en la A3 nos dijeron a todos que ellos tenían otra manera de hacer las cosas que se concretaba en una llave allen y en llevártelo tú mismo a casa.

Y después, como todas las anteriores eran más de los países que de Europa, hubo que crear la UEFA Champions League, la marca Europa real, la esencia de Delors y de Battiato dentro de partidos entre semana.  Y un poco más tarde por si fuera poco, ponerle el apellido RESPETO. No sé si pidiendo que la gente fuese respetuosa con los demás o exigiendo ese respecto, como Tony Soprano; respétame porque ya sabes quién soy.

En este caso soy alguien capaz de destruirme a mi mismo 3 veces en 50 años, pero también alguien capaz de sumar 500 millones de personas muy distintas. Tan distintas que el pegamento usado entre ellas son los valores nacionales transmitidos por las marcas.

 

Art Pepper – You Go To My Head

 

@pepemorenosoy

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