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Es necesario un nuevo modelo de país

Por Amir Valle , 12 junio, 2014
Hermes Binner, presidente del Partido Socialista Argentino y Alicia Ciciliani, parlamentaria socialista.

Hermes Binner, presidente del Partido Socialista Argentino y Alicia Ciciliani, parlamentaria socialista.

Sobre la compleja situación actual en Argentina pudimos conversar con Hermes Binner, presidente del Partido Socialista Argentino y con Alicia Ciciliani, parlamentaria de esa misma agrupación política, aprovechando una visita a Berlín este mes de mayo para cumplimentar una cargada agenda de encuentros con diferentes entidades políticas y sociales alemanas, gracias a la Fundación alemana Friedrich Ebert, en cuyas oficinas se realizó esta entrevista.

América Latina, convulsionada por movimientos políticos de corte populista resultantes obvios del funesto período neoliberal vivido décadas atrás, está en el centro mismo de la atención del Partido Socialista Argentino, precisamente por ser Argentina uno de los principales implicados en esa nueva oleada política y por las visibles consecuencias de una política que el presidente de los socialistas argentinos considera errada: “La situación de Venezuela es complicada de entender y mucho más difícil para tener una interpretación. Sin embargo, creo que no es un proyecto viable porque América Latina quiere tener procesos democráticos estables, y confiables”.

En esos mismos términos se refiere al kirchnerismo, considerándolo un proyecto social que demuestra a través de las estadísticas su fracaso: “…es un proyecto que viene en caída. No lo digo yo, lo dicen las estadísticas. Se van incrementando los problemas, lejos de solucionarlos. Hay un relato que trata de explicar que estos diez años son una década ganada, y nosotros tratamos de explicar que es una década de oportunidades perdidas, porque Argentina comenzó con un superavit comercial, comenzó con una baja inflación, comenzó con un dólar alto… condiciones todas no solamente para crecer sino para desarrollarnos. Y esto no se llevó a cabo, se siguió con la política de subsidios, se apeló a la inflación galopante, y a toda una serie de ideas y propuestas populistas que dejaron pasar una oportunidad para Argentina. Hay temas que no se resuelven. No está en las agendas políticas abordar los problemas sociales, aunque en los discursos y en la prensa se de otra imagen. Creo que es el gran desafío del progresismo, de la centroizquierda. Evidencia una falta de respuesta a problemas complejos que existen: la atención a la niñez, el millón de jóvenes que no estudian ni trabajan, el alto grado de desocupación, el problema vinculado a la escasez de vivienda, la crisis energética…”.

La devaluación de la moneda nacional en el mes de enero provocó que el dólar superara en solo dos días un 17% al peso argentino. Apenas un mes después, el ministro de Economía argentino, Axel Kicillof, informaba a la nación que el nuevo índice de precios al consumidor (IPC), alternativa que reemplazaba al cuestionado índice que rigió entre 2007 y 2013, había subido en febrero el 3,4%, con lo que acumulaba un alza del 7,2% en el primer bimestre. La inflación, que ya era un problema en el país antes de la depreciación del peso, comenzaba una carrera desenfrenada que la llevaría a alcanzar en el cierre del primer semestre las cotas del 30 por ciento. El cálculo de nueve provincias argentinas permitió en 2013 conocer que la inflación llegaba al 27,5%, pero los nuevos indicadores, agravados por la subida del IPC, ofrecía una alarmante cifra: 32,1%, uno de los niveles más altos en los casi 11 años de gobiernos kirchneristas. Ya en el mes de abril, en medio de los disturbios en el sector agrario, llegaba al 32,9%. Los productos y servicios más afectados fueron los alimentos y bebidas, que sufrieron un alza del 4% de su valor anterior, afectando particularmente a los más pobres, que es el sector que dedican la mayor parte de sus salarios e ingresos a estos bienes). Subieron igual el equipamiento y mantenimiento del hogar (4,8%), la atención médica y gastos para la salud (6%, con especial impacto en los precios de los remedios, obligando al Gobierno a firmar firmó un acuerdo con las farmacéuticas que entraba en vigor en marzo) y el transporte y las comunicaciones (3,9% de alza, básicamente por la subida del valor del combustible).

“Se necesita un nuevo modelo de país”, asegura Hermes Binner. “Un nuevo modelo de país, que piense en lo político dando la posibilidad de que la gente participe; que piense en la descentralización, porque la centralidad realmente le quita fuerza al país; darle poder a la regiones es construir un proceso productivo diferente; en lo social, atender las demandas sociales; y en lo económico, partir fundamentalmente de la integración de la producción primaria con la industria, integrarlos, una cadena de producción. Hemos notado la falta de competitividad que reclaman los empresarios por un problema que pasa en el Norte, en el Centro, en el Sur del país, en las economías regionales, en la del vino, en la del trigo, en la del maíz, en las pescado, en la de las manzanas… ¿Qué es lo que piden los empresarios? La devaluación y la devaluación significa transferir más pobreza a los pobres y más riqueza a los ricos. Es necesario buscar un proceso de buscar otra matriz económica productiva.

Sobre el movimiento sindical y la complejidad de su accionar en un gobierno que centraliza cada vez más el poder en sus manos, Alicia Ciciliani explicó que: “Hay una fragmentación, como todo lo que ha pasado en esta década de oportunidades perdidas, como decía Binner: se fragmentó el movimiento sindical, algo propio de la política del gobierno de dialogar e interactuar solamente con quienes responden a su interés particular político. El resto de los sindicatos no tienen la posibilidades de  elegir sus propias autoridades, la CTA ha impedido las elecciones de sus directivos, no participan de las paritarias. Realmente lo que pasa en el mundo sindical es lo que pasa en el mundo político, en el Congreso de la Nación: los que no somos oficialistas no tenemos posibilidad de discutir nuestros proyectos. Pasa en todos los sectores. O se es amigo del gobierno o se es un enemigo. El movimiento sindical, obviamente, está buscando alternativas porque deben responder a las demandas de sus trabajadores. Con un 35% de inflación, uno puede ser muy amigo del gobierno de turno, pero se da vuelta la cara y tiene su base de trabajadores a quienes hay que dar una respuesta”.

Sobre la explotación de la mujer y el trabajo infantil, uno de los problemas más acuciantes que atenazan a todas las sociedades latinoamericanas en la actualidad, la parlamentaria Ciciliani dice sentirse más optimista: “Es un problema histórico, pero hay un avance porque existe una visibilización del problema. En el Congreso de la Nación hay denuncias, en los sindicatos, estamos en un camino de mejora. Hay movimientos de mujeres, hay organizaciones sociales, hay comisiones sociales que están velando y denunciando eso”.

Finalmente, de cara a todos los fracasos del socialismo que tanto promociona la prensa burguesa como crítica mayor a quienes aún siguen empeñados en apostar por ese sistema, el presidente de los socialistas argentinos, Hermes Binner, resume con un humor muy fino, pero también muy directo y claro, la insistencia de políticos como él en hacer realidad los postulados del socialismo: “La realidad ha cambiado muchísimo y no podemos seguir con la misma música. Hay que buscar nuevos compositores”.

Una respuesta para Es necesario un nuevo modelo de país

  1. Andrés Daniel Responder

    18 junio, 2014 a las 11:00 am

    El Dr. Binner ha sido medido y prudente en sus afirmaciones, tanto en lo referido a la actual situación política, económica y social de Venezuela, como la de la Argentina. Denomina fracasados a los proyectos “populistas”: en realidad, nunca el populismo, fascistoide, cleptocrático y autocrático produjo otra cosa que menos democracia, menos educación, y mucho más pobres (la mayor parte absolutamente dependientes de subsidios del Estado, creando la cautividad de sus votos). Confundir al populismo con la centro-izquierda democrática es de mala fe. Es preferible (aunque no es mi posición política) un gobierno de centro-derecha democrático, como lo fueron Kohl y actualmente Angela Merkel en Alemania, mucho más “progresistas” que cualquier chavismo o kirchnerismo.

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