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El timón

Por Oscar M. Prieto , 15 abril, 2020

Por suerte, la memoria. La memoria para viajar sin salir de casa, para volver a visitar lugares en los que hemos estado, preferentemente aquellos en los que hemos sido felices. Vuelvo a Roma, en esta mañana santa. Me cuesta orientarme en las calles de sobra conocidas, pero ahora sin gentío. Llego hasta San Pietro in Vincoli y estoy ante la terrible belleza del Moisés de Miguel Ángel. Esa potencia atrapada en el mármol del Moisés se encuentra flanqueada por las esculturas de Raquel y Lía, quienes representan la vida activa y la vida contemplativa.

Pensar y actuar, las dos piernas que permiten erguirse y caminar al ser humano. Extremidades ambas que deben avanzar en armonía, sustentando una el paso de la otra y haciendo ésta avanzar a aquélla. De no ser así, nuestro caminar será inestable, torpe, hecho de tropiezos y saltos a medio, e incluso ridículo. Sabemos que el pensamiento, sólo, por el pensamiento, conduce a la melancolía y que la acción, guiada por la sola acción, nos lleva al embrutecimiento, a la barbarie.

Ahora toca pensar. Nos han dado este tiempo. Pero ojo, aun recluidos, alimentemos de acción nuestros pensamientos. Que sean un activo pensar en qué vamos a hacer después de esto. Porque habrá que pensar que haremos. Porque será mucho lo que habrá que hacer. Pensar y hacer, individualmente y como sociedad. Tendremos que tener un plan, para empezar, para no perder más tiempo cuando toque construir lo nuevo y renovarnos. Qué es lo que queremos y lo que no queremos. Al menos debemos empezar por tener claro esto, sería un buen principio y a partir de él continuar. Seamos valientes en las ideas y en los actos. Porque tendremos que ser valientes o no seremos.

Supongo que la mayoría habremos llegado a la conclusión, después de esto, de que no es bueno postergarnos a un tiempo fiado, que no es nuestro. No es bueno ahorrar sin un fin y menos ahorrar el corazón para futuros tiempos. Empecemos a querernos ya o dejemos de querernos, no perdamos más tiempo. Y aquí apareció la tercera pata que sostiene este invento, o mejor, el timón. Pensar, hacer, sentir. Si el amor mueve el sol y las estrellas, dijo Dante, que nos mueva a nosotros también. “Que el pensamiento no puede tomar asiento”.

Salud.

www.oscarmprieto.com

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