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EL PSOE Y CEUTA

Por Carlos Almira , 22 febrero, 2014

La Secretaria General del PSOE de Política Social, y ex ministra, la señora Trinidad Jiménez, ha declarado en el programa “La noche en 24 horas”

Logotipo del PSOE

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de RTVE del pasado día 13 de febrero de 2014, a propósito del último acto de represión de la inmigración en Ceuta, entre otras cosas lo siguiente: “El freno a la inmigración ilegal solamente se puede lograr con una cooperación estrecha con los países de origen de la inmigración, y una cooperación real, de (sic) ayudar a ese país a darle salida a sus ciudadanos y a buscarle salidas a sus ciudadanos, porque lo que no se puede hacer es convertir a Europa en una isla de riqueza en un océano de miseria. Eso no sirve hoy día”. Estas declaraciones, que en una primera lectura parecen impecables y que, no me cabe duda, son bienintencionadas, escoden a mi juicio, bajo un estilo desmañado, disculpable en el directo, algo más que falacias: toda una forma de pensar propia de la izquierda bien pensante del PSOE. Es incuestionable, en mi opinión, el aire de familia entre estas opiniones y peticiones tan peregrinas como la de cierto líder del mismo Partido, que reprochaba al Gobierno y al Ministerio del Interior haber mentido sobre las últimas muertes de inmigrantes en Ceuta, (algo así como si los norteamericanos, tras descubrir la existencia de los campos de exterminio nazis, le hubiesen reprochado al gobierno alemán y al partido nacional-socialista el haber mentido u ocultado la existencia de estos campos, en vez de acusarlo directamente de genocidio).

Sería maravilloso poder cooperar con los países de origen, es decir, con los gobiernos y las autoridades de los países africanos de donde parte el flujo migratorio, y también con las de aquellos que éste atraviesa, para mejorar las condiciones de vida de millones de seres humanos en este continente. Desde la descolonización de África, las nuevas élites gobernantes de estos países, de uno u otro signo, han dado pruebas admirables de saber entenderse con los ejecutivos de los gobiernos y las multinacionales, para explotar sus riquezas naturales y repartirse los beneficios. La población no ha contado nunca en estos tratos, que algunos llaman libre comercio y derecho internacional, y otros, neo-colonialismo. Señora ex ministra: ¿desde cuándo hay ciudadanos en África? ¿Dónde están las autoridades y los gobiernos que los representan? Al menos desde la época de los faraones, ¿no ha sido África una inmensa despensa de esclavos? Las élites políticas que gobiernan desde El Cabo hasta Rabat no han tenido ni tendrán que preocuparse nunca por sus ciudadanos, porque no los tienen.

Es verdad que Europa no podrá mantenerse indefinidamente como un islote de bienestar en medio de un océano de miseria y desesperación. Pero Europa, sus gobiernos y autoridades, de los que usted debe saber mucho más que yo, ya han encontrado la fórmula mágica: adaptar las condiciones de vida de sus “ciudadanos” a las del entorno global. Porque nosotros, señora ex ministra, los “ciudadanos” corrientes de la feliz Europa, hace tiempo que cavamos nuestra tumba (¿se acuerda usted del Manifiesto Comunista?): desde que renunciamos a pedir justicia para cualquier ser humano, y aceptamos como algo natural, como usted hace, la separación tajante entre seres humanos legales e ilegales, y la miseria de estos últimos. Pues en un mundo global, si puede producirse por un salario mísero en China o en Argelia, debe poder hacerse también en Europa o los EE.UU. Así que no tiene usted que preocuparse: Europa no va a ser ya un islote de bienestar, aunque sí de riqueza.

Quizás cuando eso llegue, alguien como usted, ¿dónde?, ¿cuándo?, se planteará la necesidad de colaborar con los gobiernos y las autoridades de algunos países de Europa (¿sabe usted que España es ahora un país de emigrantes, como en la serie “Cuéntame”?): por ejemplo, España. Y se topará con el mismo problema: que no tiene interlocutores con los que tratar, porque ya no hay ciudadanos sino sólo seres humanos por los que preocuparse, con muros y pelotas de goma.

Pobre Bernstein, pobre social-democracia.          


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