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El marinero besando

Por Luis Rivero , 23 marzo, 2014

el marinero besando

Hoy quiero dedicar esta breve crónica a un óbito. Y no es el de Adolfo Suarez, sino el de un personaje anónimo. El 14 de agosto de 1945, en el Time Square de Nueva York, el fotógrafo Alfred Eisenstaedt tiró la famosa instantánea que, a la postre, se convirtió sin quererlo en uno de los iconos de la II Guerra Mundial. El momento se corresponde a una manifestación de júbilo por el final de la guerra. Conocida la noticia, la gente ocupó las calles de Nueva York para celebrarlo. Cuando la chica que aparece en la foto se acercó al marinero y le dijo que la guerra había terminado y que podría volver a casa, él, exultante, la tomó entre sus brazos y la besó apasionadamente. Ambos protagonistas vivieron en el anonimato durante la mayor parte de sus vidas. Sólo fue hasta hace unos pocos años cuando se conoció la identidad de los espontáneos amantes. Él se llamaba Glenn McDuffie y entonces tenía 18 años, pertenecía  a la armada norteamericana y su hermano estaba prisionero  en  Japón. Ella, al parecer, se llamaba Edith Shain, era enfermera y falleció en el año 2010.

Glenn McDuffie acaba de morir físicamente el pasado 9 de marzo en Dallas (Texas). Digo físicamente porque su imagen quedó inmortalizada como símbolo de alegría y amor espontáneo. La fotografía conocida como ‘kissing sailor’ (el marinero besando), mezcla de pasión desenfrenada y alegría desbordante, es icono de una época. Pero nos recuerda que lo único que hay que celebrar en una guerra es su final. Eso es lo que selló el beso anónimo de aquellos jóvenes. No se celebraba la victoria ni la derrota del enemigo, porque en una guerra siempre perdemos todos.

 

©Luis Rivero Afonso     www.luisrivero.es

 

Una respuesta para El marinero besando

  1. Inma Flores Responder

    23 marzo, 2014 a las 10:26 pm

    Existen besos que dejan sin aliento, besos que taladran el alma y se quedan ahí perpetuamente durante toda una vida… y besos como este, que todos hemos soñado con imitar alguna vez. Muy buen artículo; esa foto ha marcado un antes y un después en muchos de nosotros, sobre todo porque hace brotar alas.

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