El lado oscuro de la fuerza |
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El lado oscuro de la fuerza

Por José María García Linares , 6 agosto, 2014

Nada más estallar el “escándalo Pujol”, las redes sociales se llenaron de fotografías retocadas, memes, que se dice ahora, en donde volvía a aparecer el entrañable maestro Joda de La Guerra de las Galaxias, esa criaturilla verde, sabia, enigmática y físicamente tan parecida al ex presidente de la Generalitat catalana. El maestro Joda era el último bastión, la última esperanza para la supervivencia de la sabiduría jedi, a quien acude Luck Skaywallker para aprender de sus enseñanzas y poder, así, hacerle frente al lado oscuro de la fuerza, esa dimensión tenebrosa del alma humana capaz de absorber toda la energía del individuo y de transformarlo en un ser sin escrúpulos ni piedad, males todos personificados en otro mítico personaje de la saga, Darth Vader. A diferencia de lo que ocurría en las películas, nuestro Joda catalán ha acabado pereciendo y pasándose a ese lado oscuro, oscurísimo, tenebroso, que es el de la mentira y la corrupción continuadas, volviendo a actualizar el españolísimo “poderoso caballero es don dinero”, fíjese usted qué paradoja. Quería tanto a Cataluña que decidió, incluso, proteger el dinero de los catalanes y llevárselo lo más lejos posible de este país de chorizos y mangantes. Eso es amor, eso es compromiso y es así como se defienden los intereses de una región.
De defensores de los pueblos estamos todos rodeados. Mira si no, lector autonómico, el ministro Soria, canario de pura cepa, de esos a los que se les llena la boca de gofio cuando defienden su tierra. Ahí lo tienes, apoyando al sector servicios de Canarias, hospedándose en un hotel declarado ilegal desde hace tres años y dando luz verde a las prospecciones de petróleo a 60 km de una comunidad autónoma que vive del turismo, de la calidad de sus playas y de sus aguas y que, como no lo remedie alguien, pasarán (las playas) rapidísimamente al lado oscuro del chapapote. Se necesitan canarios así, autóctonos, que conozcan las tradiciones, que las respeten y que comprendan a sus gentes, y no toda esa jarca de godos imperialistas que están acabando con todo. La de veces que me dijeron esto algunos conejeros nacionalistas en mis años de estancia en Lanzarote. Y es que los nacionalismos son así. A Soria todo esto le da igual, digas tú lo que digas, lector atónito. Él sigue a lo suyo, mojito en mano en el famoso hotel de los volcanes. A ver si vas a creerte que un ministro va por ahí pidiendo la licencia de obras en los hotelazos en los que se hospeda.
La oscuridad, como ves, lector aprensivo, acecha por todos sitios y se materializa de todas las maneras posibles. Llámalo Pujol, llámalo ébola, lo que tú quieras. El mal debe ser enfrentado con firmeza, con constancia y siguiendo unos protocolos. ¿Qué es esto de sacar de África a los enfermos de ébola sin respetar la cuarentena pertinente? Si hay que salvarles la vida al médico estadounidense o al cura español, habrá que trasladarse allí con los equipos necesarios, no llevarse a los enfermos a sus países de origen con el riesgo de contagio que eso supone para el resto de la población. Y además, en el caso hispano, qué mal suena eso de que una congregación pida evacuar a un sacerdote y se despreocupe del resto de contagiados. Mira que a mí las cuestiones de la iglesia ni fu ni fa, pero tenía entendido que las cosas se hacían, o las hizo Cristo (ahí está la clave), de otra forma. ¿Alguien se imagina a Jesús echando a correr para no contagiarse de lepra? ¿No sabía el de Nazaret que iba a ser crucificado y aún así lo aceptó para salvarnos a todos, según predican los religiosos? El que esto escribe, desde luego, no tiene el valor suficiente para tal sacrificio, pero tampoco lo predica. Me considero un hombre sencillo y soy incapaz de decirle a alguien que haga aquello que yo no estoy dispuesto a realizar y que, además, no quiero para mí, pero en fin. Debe de habérseme nublado el entendimiento, como a don Quijote, porque cada día que pasa entiendo menos cosas. Seguramente será mi particular caída al lado oscuro de la cordura.

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