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El hombre respetado

Por José Luis Muñoz , 17 mayo, 2020

Se podía estar o no de acuerdo con ese ideario comunista que él defendía de forma vehemente, pero nadie se atrevió a contradecirle cuando tomaba la palabra, Curioso ejemplo el de Julio Anguita respetado por los suyos y los que estaban en sus antípodas. Era un izquierdista a la antigua usanza, de una moral intachable y que explicaba los asuntos políticos de una forma pedagógica que le venía de su etapa de maestro. Cuando lo entrevistaban, era de una claridad meridiana y no se iba nunca por los cerros de Úbeda. Algunos socialistas le reprochaban (Felipe González, sobre todo, al que no le oído hablar de él con motivo de su muerte, por cierto) el que hubiera formado esa famosa pinza con José María Aznar para derribar al PSOE de la corrupción y el terrorismo de estado. Fue mero tacticismo. Felipe González estaba pudriendo en su última etapa los puntales de la democracia.

Su mantra programa, programa y programa, no por obvio era menos cierto. No importan las personas, ni los partidos, si existe un mínimo acuerdo programático para remar en la misma dirección. El alcalde de Córdoba, el Califa Rojo, nunca renunció a su militancia en el PCE (sobre su féretro reposa una bandera roja con la hoz y el martillo) aunque se disolviera en Izquierda Unida, que, a su vez, se ha disuelto en Unidas Podemos. Siempre actuó como consejero del actual vicepresidente segundo Pablo Iglesias aunque no estuviera muy de acuerdo en que la formación a la izquierda del PSOE entrara en el gobierno: siempre es más fácil y menos arriesgado hacer oposición.

Se va un hombre justo, honesto, consecuente con sus principios y republicano a ultranza (siempre pensó que Juan Carlos estaba detrás del 23 F). Tenía el corazón roto por esa pasión con que defendía sus ideas, las cajetillas de cigarrillos que se había metido entre pecho y espalda y ver morir a su hijo en esa repugnante guerra de Irak que cubría para el diario Mundo como periodista empotrado en las fuerzas invasoras.  Respondió al pésame de José María Aznar (otro que tampoco ha dicho nada sobre su desaparición) con un tronante Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen.

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