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El Giro comienza de la forma más cruel

Por Imanol Yunta , 9 mayo, 2014
El Orica rueda por las calles de Belfast. Foto: Giro d'Italia

El Orica rueda por las calles de Belfast. Foto: Giro d’Italia

Triste comienzo el de este Giro de Italia, que ha dado sus primeras pedaladas en Belfast, Irlanda del Norte. Dentro de 15-20 años un niño de la zona será profesional y cuando le pregunten el por qué de su elección citará el día de hoy. Por eso, y por el dinero (lo que mueve todo esto), se justifica el trasiego de llevar la carrera a 2.000 kilómetros de su territorio original.

En lo deportivo, el ciclismo nos ha recordado que puede ser cruel hasta límites insospechados. Dan Martin (sobrino de Stephen Roche), irlandés y uno de los animadores de una edición que no va a ser especialmente divertida, ha tenido que retirarse, después de que un compañero de equipo se desequilibrara al pasar por una alcantarilla y medio equipo cayera víctima del efecto dominó. Hace apenas dos semanas, cuando saltó del pelotón en busca de la victoria  en la Lieja-Bastogne-Lieja, su rueda resbaló al dar la última curva, se cayó y se quedó tirado en el suelo. Igual que hoy.

Y es que el Giro 2014 ha empezado con una contrarreloj por equipos urbana, un mal vicio de los organizadores que meten a los ciclistas a rodar a 50 kilómetros por hora, de media, entre curvas, vallas, público, postes y pasos de cebra. Esta disciplina es preciosa por el trabajo en equipo, la coordinación y la plasticidad de los relevos, todo un espectáculo visual por carreteras anchas y espacios adecuados para rodar. Pero hacerlo en una ciudad, y con lluvia, lo convierte en un caos.

El Garmin, otra vez, ha sido la principal víctima de esta forma de comenzar una carrera. Lo fue también cuando en la Vuelta 2012 los corredores tuvieron que rodar por el recorrido de los encierros de San Fermín, en Pamplona, y Talansky perdió minuto y medio, tiempo que a la postre le hubiera permitido luchar por el Top-5.

La mala suerte esta vez ha sido para Martin. En esa imagen tantas veces vista en este deporte se ha quedado en el suelo, dolorido, sujetándose con un brazo el otro. Rotura de clavícula de manual. Mientras tanto, los cuatro Garmin que quedaban en pie esperaban a que se levantara su líder, o por lo menos algún otro corredor, para completar el quinteto que reglamentariamente da el tiempo al equipo en meta. Los directores salían del coche y no sabían ni a cual de los caídos atender primero. Una pesadilla.  Apenas un cuarto de hora ha durado el Giro de Martin, al que llegaba muy en forma y con aspiraciones, y encima empezaba en su isla. Pura crueldad.

La misma suerte ha corrido su compañero, el alavés Koldo Fernández de Larrea. Este sí ha conseguido llegar a meta, pero con la clavícula rota, y no podrá salir mañana. Una caída, dos clavículas rotas y dos ciclistas menos para lo que queda de Giro, que realmente es todo.

Para cuando había sucedido el desgraciado incidente, y a falta de varios equipos por salir, la etapa ya estaba resuelta. Los organizadores establecieron el orden de salida por sorteo y la suerte favoreció al Orica (seguramente también hubieran ganado) que se ha visto muy beneficiado por la mencionada lluvia, que empezó a arreciar cuando los australianos ya veían la línea de meta y perjudicó a todos los que llegaron por detrás. Sveint Tuft un peón habitual en esta disciplina y que hoy cumplía 37 años, es el primer líder de la general, pues sus compañeros tuvieron el detalle de dejarle entrar primer, y saldrá mañana de rosa.

Entre los favoritos, como siempre, la disciplina deja ganadores y perdedores, siempre en función de la capacidad de los compañeros de cada uno en la crono. El peor parado, Joaquín Rodríguez, cuyo equipo salió cuando más llovía, ha perdido casi minuto y medio con Evans y Urán, y unos 40 segundos con Quintana, muy perjudicado también por la lluvia. Tiempo recuperable, especialmente con los dos primeros, pero un golpe muy duro a sus aspiraciones, en un deporte que cada vez se corre más por segundos. Y eso él lo sabe muy bien. No le bastarán las bonificaciones y los cambios de ritmo a vista de pancarta, tendrá que atacar, duro y desde lejos, como en el Tour del año pasado. Quizá ello favorezca al espectáculo.

Mañana, primera etapa en línea, habrá sprint y posible cambio de liderato a otro hombre del mismo equipo, el velocista Michael Matthews. El australiano, junto con Kittel y Bouhanni deberían jugarse la victoria ante la ausencia de Cavendish y Greipel.

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