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El escandaloso comercio de fetos humanos

Por Jesús Cotta , 7 Septiembre, 2015

Tras la aceptación social del aborto, nadie se pregunta qué hacen con los fetos humanos. Es un asunto que la gente prefiere no plantearse. Pues bien, en este vídeo la directora médica de Planned Parenthood, la gran empresa abortera de Estados Unidos, es cazada en un vídeo, mientras come ensalada, explicando por cuánto vende las partes del feto. Hay más vídeos como este de otras personalidades de esa poderosa empresa explicando cómo se debe matar a un bebé para mantener intactos los órganos que más interesa vender.

Aviso. El vídeo es perturbador, no por lo que muestra, sino por lo que dice.

Si trivializamos al nasciturus considerándolo un trozo de carne, nadie debería extrañarse de que, en vez de tirarlo, lo vendan. Y, puestos a trivializar, ¿por qué no trivializamos también a los seres humanos como trozos de carne un poco más grandes? La gran diferencia entre los trozos de carne adultos es que tienen con qué defenderse.

 Si lo que escribo en esta página va a perdurar unos cuantos años, quiero gritar a los cuatro vientos, para que lo sepan quienes tengan a bien leerme, que las personas moralmente sanas nunca podrán aceptar la matanza de niños en el vientre de sus madres; que nunca dejarán de denunciarlo; que nunca los considerarán trozos de carne o espumarajos, como dicen algunos; que siempre sentirán horror por los carniceros de las empresas aborteras; que el aborto les parece una de las lacras más feas  que está ocurriendo en el siglo XXI; que es una canallada que los que sí han podido nacer no dejen nacer a otros; que el escándalo no es que las empresas aborteras comercien con fetos humanos, sino que matar al nasciturus sea un derecho.

2 Respuestas a El escandaloso comercio de fetos humanos

  1. Ignacio Responder

    7 Septiembre, 2015 a las 10:38 pm

    Gracias por este artículo, y por pensar como una persona normal.

    La despenalización del aborto en Europa en los años 60-70, aunque intelectual y moralmente inaceptable, surgió como una necesidad para evitar los abortos caseros, a expensas de parteras amateur o incluso de médicos indocumentados con buena voluntad y poco más (Léase “Tiempo de silencio” de Martín Santos, por ejemplo), evitando los abortos sépticos, al tiempo que se descriminalizaba a mujeres inocentes sin acceso a métodos anticonceptivos de ningún tipo.

    NADA QUE VER con la actitud actual del “aborto libre y gratuito” reclamado por sectores dispares de la sociedad, a cual más desinformado: Desde legisladores hartos de mirar para otro lado y temerosos de ser acusados de conservadores, a periodistas y tertulianos con conocimientos de Embriología de Wikipedia; y por supuesto, ciertas clínicas privadas en cada ciudad, cubriendo diligente y rentablemente un servicio que las adolescentes más descerebradas ya casi exigen como parte de su ‘stage’ (mi ropa, mi móvil, mi i-Pod, mis tatuajes, mis piercings, mis abortos…).

    Triste, como decía Aramburu. Triste.

  2. Jesús Cotta

    Jesús Cotta Responder

    8 Septiembre, 2015 a las 8:47 pm

    Ignacio, me alegra saber que hay personas como usted que ni cierran los ojos ante esa matanza ni tienen pelos en la lengua ni han perdido el sentido moral.

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