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EL CORONAVIRUS, LA SANIDAD Y LOS APLAUSOS

Por Agustín Ramírez , 15 marzo, 2020

Si ya era frágil la existencia y el día a día del gobierno de coalición, con sus legítimos y cuestionados apoyos, la aparición del coronavirus lo ha complicado todo hasta unos niveles desconocidos y ya veremos si las costuras de la coalición se mantienen por la rebaja de exigencias o por la firmeza en el apoyo a la ciudadanía.

Y en medio de esta complicación, ayer se convocó una manifestación casera en apoyo del personal sanitario, de manera que el aplauso de la ciudadanía fuese la muestra de agradecimiento de ésta hacia aquel; por las redes sociales, que son un termómetro de poco fiar, el entusiasmo era enorme y los videos y memes así lo manifestaban; llegadas las diez de la noche, aplausos hubo pero tampoco un entusiasmo manifiesto.

Voces hubo que recordaron que el esfuerzo titánico del personal sanitario se debía a que ahora se notaban las consecuencias de las políticas contra la sanidad pública aplicadas durante la pasada crisis por los gobiernos autonómicos del Partido Popular; tan es así que en comunidades como Madrid, las contrataciones que se van a hacer equivalen al 50% de la contratación eliminada. Y este escaso entusiasmo de anoche lo entiendo y lo comprendo pero no lo comparto. Porque me pregunto: ¿Cuándo se protestaba y se convocaban manifestaciones por los recortes en la sanidad pública, donde estaban muchos de los palmeros de anoche? Porque todo el mundo se llena la boca de decir que tenemos la mejor sanidad del mundo y, además, sanidad pública pero pocos estaban acompañando a la “marcha blanca” que denunciaba los recortes que se estaban haciendo. Y el desmantelamiento de la sanidad pública vino acompañado del apoyo a la sanidad privada y a los negocios privados.

Por una parte se externalizaron servicios de la sanidad pública haciendo contrataciones externas que solo significaron una merma muy significativa de la calidad del servicio, un deterioro de los derechos laborales de los trabajadores hospitalarios y unos pingües beneficios para los beneficiarios de las contratas.

Otra fórmula más soez, dado el volumen del negocio, fue la construcción de hospitales por parte de la empresa privada dejando el pufo de un canon anual durante varios decenios para la amortización de esa construcción.

Y de repente y no por casualidad, se me viene a la cabeza el caso Gürtel, la financiación irregular del Partido Popular, los batracios de Esperanza Aguirre.

En definitiva, menos aplausos y más protestas para reivindicar lo que es nuestro y nos lo están quitando; esa es la mejor manera de apoyar y defender al personal sanitario –y a nosotros mismos- y cuando haya que hacer algún agradecimiento, creo que les basta con un gracias mirándoles a los ojos o una carta dejando constancia del agradecimiento; particularmente me parece más sincero y emotivo que unos aplausos folclóricos.

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