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El ciclista hemofílico Alex Dowsett logra el récord de la hora

Por Fermín Caballero Bojart , 3 mayo, 2015

4cf61c38250d8601dcc4c04b0145247dEl récord de la hora UCI, con una nueva marca de 52,937 km, ha cambiado de ciclista. El honor lo ostenta, desde ayer, Alex Dowsett. Inglés, hemofílico y, como reza su perfil Instagram, filántropo ocasional. El corredor del equipo Movistar, a las órdenes de Eusebio Unzué y bajo la minuciosa lupa de sus entrenadores, Mark Walker y Mikel Zabala, se mostraba asintomático. Con la mirada perdida en las pulidas tablas del velódromo de Manchester, escuchaba el murmullo de los aficionados que habían acudido a testificar atraídos por el encanto de The Perfect Hour.

Nombres como Fausto Coppi, Anquetil, Eddy Merckx o Indurain dieron prestigio a un reto que lo es tanto por su factor técnico, como por el psicológico. Una línea negra sobre la pista y un cartel con el tiempo de cada vuelta, son las referencias que el corredor debe tener como válidas para hacer valer su estrategia. Clavar el cuerpo sobre la bicicleta durante una hora, moviendo un desarrollo de 54×15, se macera con el pedaleo de los años. Un estilo pistard bien forjado al que una combinación de factores excepcionales puede frustrar un récord. Coppi lo logró en un velódromo amenazado por las alarmas antiaéreas de la Segunda Guerra Mundial. Merckx se levantó a las cinco de la mañana, llamó al peluquero y se presentó en la pista con el pelo recortado, entonces Anquetil ya lo dejó claro: Antes de un intento importante como éste, aunque no esté seguro de sus fuerzas, uno siempre tiene miedo de decepcionar.

El muro aparece en el minuto 40, auguraba Zabala la víspera del intento de Dowsett. Y es que a partir de ese momento entra en juego la psique y las referencias de pista se convierten en el principal aliado. Son una recompensa cuando los tiempos se cumplen, una justificación del trabajo bien hecho, una superación de sí mismo. Sobre Dowsett pesaba la incertidumbre de cómo iba a responder su clavícula derecha. Una caída, mientras entrenaba durante el primer martes y 13 del año le había dejado con la clavícula fracturada. Se rompía el plan y con él quedaba suspendido el intento programado para el 27 de febrero en The Pringle, la joya olímpica londinense.

Miedo a decepcionar o miedo escénico era lo que con esa mirada fija sobre la tarima de pino siberiano trataba de diluir el ciclista inglés. Si no lograba superar los 52,491 logrados por el australiano Rohan Dennis en febrero, toda intención filantrópica quedaría evaporada en la lluviosa mañana, que en el mejor de los casos no iba a superar los 9 grados. Datos que obligaron a manipular la calefacción inteligente de las instalaciones del National Cycling Center, con el fin de mantener la temperatura ambiente del recinto en torno a los 28 grados. Pero Alex Dowsett cumplió bien su papel de elegido por Unzué para aplicarle el método recordman de Indurain. Un ciclista de escuela sin apenas palmarés que a sus 26 años puede presumir de haberle ganado una crono durante la octava etapa del Giro de Italia de 2013 a su compatriota Sir Braddley Wiggins.

Dowsett apretó el ritmo en las últimas vueltas, tal como estaba previsto. Embotado en un traje de buzo azul seleccionado entre 14 modelos y con el casco aerodinámico flotando sobre los brazos estirados logró mantener la posición equilibrada tal como la causa merecía. La línea negra como la estela de una flecha ya era su mejor aliada, la pizarra que le mostraba Zabala a pie de pista le confirmaba el progreso y su sangre movía la bicicleta a 102 pedaladas por minuto. El dolor fue inevitable, terrible, y tras el sufrimiento llegó el récord. El azul triunfaba sobre el negro. Los 52,937 km. que Alex Dowsett registró para la historia de la prueba serán los que Wiggins deberá batir el próximo 7 de junio.

Alex ha cundido con el ejemplo de su estandarte virtual y ha donado los fondos obtenidos por The Perfect Hour a la lucha contra la hemofilia, enfermedad que desde niño le persigue como una flecha negra entre pinos siberianos.

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