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El arte como herramienta social. Utopía o realidad.

Por José Antonio Olmedo López-Amor , 7 Septiembre, 2014

 

Gustavo Dudamel. Director de la orquesta Simón Bolívar de Venezuela.

Gustavo Dudamel. Director de la orquesta Simón Bolívar de Venezuela.

 

“La pluma tiene más poder que la espada”.                                                                                                                           Jocker

 

“Los libros han ganado más batallas que las armas”.

                                                                                 Anónimo

 

                          Por: José Antonio Olmedo López-Amor

 

Para que el arte llegue a convertirse en una herramienta social intervencionista, y no sólo eso, en una herramienta social efectiva, primero tenemos que dejar claras varias cosas. La primera de ellas podría ser saber qué es el arte. Si consultamos el diccionario, encontraremos una definición parecida a esta: “El arte es entendido generalmente como cualquier actividad o producto realizado por el ser humano con una finalidad estética o comunicativa, mediante la cual se expresan ideasemociones o, en general, una visión del mundo. Lo cual nos lleva a pensar, que el motivo principal del arte, no es otro que comunicar, exteriorizar nuestras preocupaciones, sueños, ideas, en un afán de compartir, de buscar la belleza y buscar la empatía en alguien afín con nuestras inquietudes. Bien es cierto que la definición del diccionario es bastante pobre, ya que por “arte” podemos entender definiciones de naturaleza más elevada, como por ejemplo: vocación creadora, sentimiento, conjunto de tendencias culturales de una comunidad…etc. Pero vayamos a la esencia del significado enciclopédico; comunicar, expresarse, no parecen verbos ofensivos, más bien, conciliadores. Una de las virtudes que tiene el arte, socialmente hablando, es que no es el emisor del mensaje quien busca a su receptor, sino que es el propio receptor, el que busca su identificación en ese mensaje. Esa cualidad, es una de las capacidades poderosas del lenguaje artístico. No obliga a nadie a escucharlo, cataliza a sus simpatizantes y crea una atmósfera inclusiva -no sólo en ellos- de manera que es un puente expresivo para todo aquel que quiera conocer, aprender, relacionarse.

Ya tenemos el arte definido, ahora tenemos la pretensión de que se convierta en herramienta social, por lo tanto, debemos analizar los rasgos de dicha sociedad a la que queremos intervenir. Para ello, no será necesario llevar a cabo exhaustivos sondeos, ni encuestas, que siempre son engañosos, basta con enumerar los temas de interés nacional, las empresas punteras, los personajes más mediáticos, y nada más lejos de la realidad, cuando tracemos ese perfil de elementos activos e irrefutables, tendremos sin duda, sino el dibujo final, si el esbozo de aquello que estamos buscando.

Los románticos siempre han creído que un poema no puede detener un tanque, pero sí puede romper el corazón del hombre que lo maneja. En pleno siglo veintiuno, tal afirmación es irrisoria e ingenua, no hay más que ver las noticias. Si nuestra sociedad tiene por temas de interés nacional: los toros (violencia animal), la corrupción (amoralidad) y el futbol (entretenimiento irreflexivo), difícilmente podremos apelar a su sensibilidad. Si en la misma sociedad, las empresas más destacadas son: bancos (que estafan y especulan), petrolíferas (que degradan el medio ambiente) y telecomunicaciones (que aíslan y deshumanizan al ciudadano), difícilmente podremos apelar a su sensibilidad. Y si por último, los personajes más mediáticos, son: ególatras, viciosos, hipócritas, vanidosos, y tantas otras cosas más, resulta abrumador, que después de un pequeño análisis de esta índole, todavía tengamos intención de intervenir socialmente a través del arte.

Esta conclusión, somera y sencilla, aunque pueda parecer desconsoladora, atiende a patrones conductuales repetitivos que son fácilmente comprobables, no tiene intención ninguna de apoyar a una u otra tesis, no gana ni pierde nada coincidiendo con el sentir general de la gente o discrepando con él, es así de fría y tajante. Pero sin embargo, por muy difícil que estén las cosas, que lo están, las personas con esperanza y valores debemos organizarnos e intentar todo cuanto esté en nuestra mano.

Si partimos de la base que el arte a la vez que entretiene, también ilustra y por tanto, forma al ciudadano, también encontraremos la oposición de los gobiernos de turno, que no quieren que el vulgo se culturice y aprenda los recursos como para derrocar al poder que los manipula. A simple vista, parece una empresa utópica. Ya Gabriel Celaya se indignó ante el estatismo de quien no reacciona ante una adversidad, aunque sea ajena, y advirtió que la poesía podía ser un arma cargada de futuro. No hay que perder la esperanza, es digno siempre intentar aquello que creemos correcto, pero en este caso, todo parece apuntar a que los vicios y costumbres impuestos por las sociedades de consumo, están ganando notoriamente la partida.

En una hipotética y desesperada posibilidad de que pudiésemos influir positivamente a través del arte en una sociedad adocenada, ¿cómo debería ser ese arte? ¿Sutil, hermético, elitista?

Actualmente, el arte es reducido a un grupo elitista de personas que, además de comerciar con él y vanagloriarse de sus colecciones, forman una casta de corrompidos burgueses, que ensalzan o devalúan las obras en función de sus intereses. El arte debería ser de todos y para todos, sencillo y participativo, una disciplina donde cada uno tuviese su lugar y las personas con menos talento fuesen apoyadas por las talentosas, un lugar donde nadie juzgara ni sentenciara bajo los prejuicios adquiridos en otros lugares y en otras prácticas. El estado de salud de cualquier sociedad, debería medirse en la lozanía de su estrato cultural, debería reflejarse en él.

Para captar la atención a través del arte de una sociedad que mira a otra parte, el lenguaje artístico debe ser rotundo y constante, debe golpear con sus metáforas. Debe abordar los temas más candentes y debe proponer respuestas a situaciones de toda índole. No debe amilanarse ni participar de los ideales de la política. La política es una de las lacras de esta sociedad que debido a los vínculos y el odio que crea, puede abocarla a su destrucción.

Entendiendo el arte como un acto creativo capaz de convertirse en curativo, es ya de por sí, de un valor incalculable. Por razones como esa, es el camino adecuado para el trabajo infantil, ya que facilita un sendero desde las emociones hacia el entendimiento de las mismas, de manera que es un objetivo en sí mismo, cuando el arte es usado como medio terapéutico. Recordemos que una de las etapas de la vida del ser humano, más propicias para influir sobre él la educación, es la infancia.

El arte -entre otras muchas cosas-, permite proyectar conflictos internos que de otra manera sería imposible conocer y por tanto, ofrece la posibilidad de resolverlos. Posibilita expresar nuestros sentimientos, emociones y pensamientos aportándonos seguridad y confianza en nosotros mismos, esto es de gran importancia, porque son muchos los desequilibrios afectivos o mentales que están asociados de alguna manera, a una falta de seguridad en uno mismo, a una imposibilidad comunicativa, a desórdenes a la hora de interactuar con los demás. En esta posibilidad de crear, es donde reside la gran fuerza terapéutica del arte. El pediatra y psicoanalista Donald Winnicott, apuntó que ésta era una de las cualidades del arte, la que hacía sentir que la vida valía la pena; sostenía que vivir de forma creadora -en todos los sentidos- era saludable, mientras que el acatamiento sistémico de lo ajeno como propio, era una base enfermiza de la vida.A diferencia de los adultos, en los menores, las cualidades del lenguaje y el pensamiento abstracto no están desarrollados del todo, motivo por el cual se sugiere que aquellos acontecimientos no comprendidos y que han dejado una huella emocional, sean inicialmente simbolizados a través de actividades artísticas y posteriormente organizados (con la ayuda del especialista) alrededor de ideas claras que permitan al niño, apreciar la realidad y ordenarla internamente. Por ejemplo; en caso de duelos por la pérdida de un familiar, dependiendo siempre de la edad, los niños menores pueden aprender a reconocer esta realidad y mirarla desde una perspectiva saludable, facilitando con ello el paso por las nuevas etapas implicadas en un proceso tan doloroso e incomprensible.
El arte, en su función terapéutica, reconoce como primordial el proceso creativo y expresivo del individuo, incluso por encima de la conquista estética o una meta definida. La meta es un pretexto para ponernos en marcha, el proceso es la meta. En este camino de simbolización del dolor, se forma un puente con la consciencia, a través del cual se construye y consolida una nueva percepción.

Todas las propiedades positivas del arte sobre el ser humano están probadas científicamente, la Historia lo corrobora; ya los romanos y los griegos conocían esa ventaja conceptual de los que se consideran artistas. El cerebro es maleable, y el arte utiliza tentáculos subliminales infalibles. Así que si resulta imposible intervenir artísticamente una sociedad en decadencia, probemos pues a focalizar esa capacidad artística en pequeños círculos. Pongámonos en marcha para demostrar que el movimiento se demuestra andando. Podemos comenzar realizando injerencias estratégicas, que nos permitan paulatinamente llegar a más y más personas. La orquesta filarmónica Simón Bolívar de Venezuela es un buen ejemplo de ello. Su director, el carismático Gustavo Dudamel, lleva algunos años haciendo una maravillosa labor humana con los muchachos componentes de la orquesta. Y es que la finalidad merece la pena todo el sufrimiento que conlleve.

 

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