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EL ÁRBOL DE LA CIENCIA

Por Guillermo Martínez , 12 octubre, 2014

 

El árbol de la ciencia, novela escrita por Pío Baroja y Nessi (San Sebastián, 28 de diciembre de 1872 – Madrid, 30 de octubre de 1956) fue un autor perteneciente a la Generación del 98. Desde su infancia viajó mucho por todo el territorio español dado el trabajo de su padre que era ingeniero de minas y ocupó una plaza como funcionario del Estado. Esto, al final, le causó un sentimiento de desarraigo que se verá, sin problemas, en todas y cada una de sus obras. En 1891 terminó la carrera de medicina en Valencia y en 1894 se doctoró en Madrid con una tesis sobre El dolor, estado psicofísico. Le apasionaba la filosofía alemana y acabó decantándose, después de haber leído a Inmanuel Kant, por el pesimismo de Arthur Schopenhauer, que estará patente en sus obras. Acabará introducido en la filosofía de Nietzsche. Fue médico hasta que se dedicó a la literatura íntegramente en 1896. También perteneció a la Real Academia Española como miembro desde 1935 hasta 1956. Respecto a su vida personal, él nunca se casó ya que buscaba mujeres intelectualmente bellas que estuviesen a la altura de su pensamiento. Nunca simpatizó con la religión Cristiano-Católica ya que se consideraba agnóstico. En su funeral estuvo Ernest Hemingway, famoso novelista inglés, y autores contemporáneos como Camilo José Cela llevaron a hombros su ataúd.

 

La obra que vamos a tratar es denominada por el propio autor como “probablemente el libro más acabado y completo de todos los míos”, es decir, de Pío Baroja. El libro, escrito en 1911 está englobado en la trilogía titulada La Raza, en la que también se encuentran La dama errante (1908) y La ciudad de la niebla (1909). En esta obra, ambientada en torno a 1898, ya que se habla del desastre sufrido en América y la pérdida de las colonias españolas, se distinguen temas que nunca abandonarán a los escritores de la Generación del 98 ni tampoco a los realistas del siglo XIX. Entre estos temas se encuentra el desarraigo que el autor siente hacia su propia patria o la confrontación del mundo rural (Alcolea del Campo) frente a la ciudad cosmopolita abierta al progreso (Madrid). En El árbol de la ciencia el escritor deja patente su pensamiento y obra de una manera autobiográfica que pocos autores, tanto antes como después, han sabido o podido hacer. Su vida parece difícil de explicar, llena de un pesimismo vital, en la que idas y venidas se convierten en rutina, en la que los conflictos existenciales están presentes en cada reflexión. Baroja, doctor en medicina, refleja en el protagonista, Andrés Hurtado, su propia vocación en la que encuentra un medio de vida, en la que experimenta sensaciones en distintos territorios como Valencia, Madrid o Alcolea del Campo. Las divagaciones sobre temas filosóficos se concentran en la azotea del tío del propio Andrés, llamado Iturrioz; lo que la convierte en una novela filosófica con ciertos matices de política. Estructurada en siete partes con un total de cincuenta y tres capítulos comprobamos el uso del párrafo breve, un dinamismo escaso en ciertos puntos de la historia pero además, también, la utilidad acentuada de vulgarismos o términos coloquiales escritos de forma intencionada. Es un libro que compone los sinsabores de toda una vida, los problemas amorosos, su destacado pesimismo, el atraso de los pueblos interiores, el caciquismo que también se denuncia en la obra… Así, de esta forma, Baroja consigue hacer una radiografía perfecta de la sociedad en la que vive, y sobre todo, cómo él es capaz de verla aunque no aporta ninguna solución. La soledad constante en el trazo de Andrés hace que éste aspire a vivir con la máxima independencia posible y poder llegar mediante su esfuerzo al equilibrio intelectual, a la ataraxia. Los personajes secundarios están caracterizados de tal manera que siempre tienen algo en común tanto con el autor de la obra como con el protagonista de la misma.

Muchos han sido los estudios, las interpretaciones y las versiones que después de la publicación de esta novela imprescindible para alguien interesado en la vida costumbrista de principios de siglo han salido a la luz. Jorge Campos, pseudónimo del escritor Jorge Renales Fernández, publicó estas líneas sobre El árbol de la ciencia en su libro titulado Introducción a Baroja: Los personajes abúlicos, los pueblos avejentados y tristes –visión sombría de una España en decadencia–, los seres humanos envueltos en una atmósfera agobiante y absurda, las luchas por dominar su propio abatimiento son centrales en la obra. Azorín también escribió que en esta novela se halla mejor que en ningún otro libro el espíritu de Baroja.  Por último, el profesor Ángel Valbuena Prat dijo que es la novela más típica de la Generación del 98.

 

En definitiva, una biografía documentada, inspirada y contrastada con las propias vivencias del autor, del personaje principal que nunca abandona su afán de superación, sus meditaciones acerca del sentido de la vida, de la ciencia, del amor… Una historia contada en forma de novela que al final termina desembocando en frustración, en dolor, en miseria y muerte; de la que podemos aprender que lo único constante es el cambio tal y como afirmaba antiguamente Heráclito.

En la vida, que no tarda en irse, hay que dejar huella, constancia de nuestra presencia a través de la historia. Nuestra propia historia.

 

 

 

Citas del libro:

  • “—Si todo eso del alma, es una pamplina —le decía Andrés—. Son cosas inventadas por los curas para sacar dinero.”
  • “Se iba inclinando a un anarquismo espiritual, basado en la simpatía y en la piedad, sin solución práctica ninguna.”
  • “Que la vida es una lucha constante, una cacería cruel en que nos vamos devorando los unos a los otros.”
  • “La imaginación se lanzaba a la carrera a galopar por los campos de la fantasía.”
  • “El encadenamiento de causas y efectos es la ciencia.”
  • “Tú habrás leído que en el centro del paraíso había dos árboles, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. El árbol de la vida era inmenso, frondoso, y, según algunos santos padres, daba la inmortalidad. El árbol de la ciencia no se dice cómo era; probablemente sería mezquino y triste.”
  • “Hay que reírse cuando dicen que la ciencia fracasa. Tontería: Lo que fracasa es la mentira; la ciencia marcha adelante.”
  • “La verdad es que si el pueblo lo comprendiese —pensaba Hurtado—, se mataría por intentar una revolución social, aunque ésta no sea más que una utopía, un sueño.”
  • “Hemos llegado a querernos de verdad –decía Andrés– porque no teníamos interés en mentir.”

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