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ECONOMÍA SUMERGIDA

Por Andrés Expósito , 13 Noviembre, 2014

El desahucio laboral llevará en todas las maneras y proposiciones posibles, a coquetear y aludir y aceptar como posibilidad aceptable y necesaria, situaciones y ejercicios laborales de un carácter esclavista e inmoral.  La economía sumergida late y azota y desangra, y lo hace, como en todos los casos, tras la crisis económica, en una única dirección: hacía el ciudadano.  Y pueda parecerse y anotar registros y paisajes que se acercan más hacia un pasado, descrito y escrito por Charles Dickens, que a la realidad que pensábamos había evolucionado y progresado, y que por otro lado, nuevamente, tras tropezar y golpearnos contra un nuevo inconveniente, una nueva piedra, error o falla, rocosa, dura y reiterada, en nuestro hábitat y presente, regresamos a sendas  déspotas e insulsas.

Los contratos serán por dos o cuatro horas, pero el tiempo empleado y requerido y exigido por el empresario o jefe será de mucho más, seis u ocho horas.  Las nebulosas e hipócritas estadísticas acrecientan y asienten una realidad inexistente. Las horas de trabajo secundan y florecen en la necesidad, la mediocridad, los accidentes, la falta de higiene mental y física.  Se generaran y brotaron talleres ilegales, garajes, locales derruidos, esquinas malolientes, y en ellas aullará la esclavitud, se elaboraran paisajes condensados y hacinados de seres humanos intentando saciar la necesidad a cualquier precio, igual cosiendo ropa que ejerciendo de zapatero, horas interminables por unas miserables y pocas monedas.

En muchos lugares la economía sumergida incita y compone una realidad desgarrada, asentada y característica de empresas ilegales que han quedado al descubierto en otras tantas redadas en lo que va de año.  Cualquier lugar es válido, propio, utilizado, y cualquier tarea u oficio propuesto para la ilegalidad: fábricas de calzados en polígonos cerrados, desvalidos, putrefactos y derruidos, talleres de cortado y tintado de pieles en garajes, sótanos y trasteros, fábricas de escobas, habitáculos imposibles y apilados donde el trabajador apenas puede moverse.

Ellos, los necesitados, los ciudadanos, los que esta crisis económica ha empujado y dilapidado hacía esas fatalidades, trazaran el esfuerzo y la agonía, y las situaciones físicas y laborales, abusivas y deprimentes, para que, muchos productos elaborados en esta economía sumergidas avancen implacables, rindan y publiciten en los centros comerciales precios inalcanzables.

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