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Ecologismo de felpa

Por Oscar M. Prieto , 16 enero, 2020

Más que verlas, las observo al pasar, como quien escucha una sabia lección. A veces con la bata, con zapatillas de felpa, a veces de camino a por agua, para aprovechar el paseo, con su bolsa llena y a un tiempo vacía colgada del brazo y en la otra mano la garrafa o la botella. Depositan cada envase en su correspondiente contenedor, doblan la bolsita y de vuelta a casa. Sin pedir por ello una medalla sin buscar la mirada de aprobación de nadie ni el aplauso sin colgarlo en su muro de facebook, instagram o twitter: “He ido al contenedor a reciclar”. Tampoco han necesitado de campañas de concienciación para reciclar. Para ellas es algo que está en su sentido de las cosas, probablemente uno de los pocos lugares donde quede sentido común. Son mis vecinas de toda la vida, en Benavides, algunas ya pasan los 80 años.

En esto de la ecología, la gente de antes nos lleva algo de ventaja y más que enseñarles, nos iría mejor si aprendiéramos de ella. De alguna manera es lógica esta ventaja, pues si la ecología es la ciencia del lugar en que habitamos, en llevar una casa con eficiencia y de mantenerla limpia, no importa que se trate de un planeta, estas mujeres nos dan mil vueltas.

Nunca las verás tirar un papel al suelo. Es algo inconcebible. No dejan las luces encendidas, al contrario, siempre te recuerdan que apagues la luz. No derrochan. Más que utilizar productos de temporada, aprendieron a sobrevivir con lo que había y no hay temporada más estricta que esa. Siempre fueron a la compra con su bolsa de tela y a por la leche con una lechera. Frente al consumo, conocen el precio de las cosas y algunas llegan a tener valor a fuerza de arreglarlas y remendarlas. Si se tiran es que no valían nada. Saben la regla de oro: gastar más de lo que se tiene lleva la casa a la ruina, también al planeta.

Vale que están bien las manifestaciones y poner frases bonitas en trozos de cartón y hacerse una foto levantando los brazos y atravesar el mundo en barco en lugar de en avión, pero si aplicáramos estos sencillos saberes y rutinas de andar por casa de nuestras mayores el mundo estaría más limpio y mejor, como cantaba La Cabra Mecánica.

Salud

www.oscarmprieto.com

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