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Divide y reinarás

Por Trixia Valle , 16 enero, 2019

Fotografía: Alberto Pérez Mosqueda

Desde el 2018, México ha comenzado a vivir una profunda transformación. El resentimiento de los gobiernos anteriores y el lenguaje “coloquial y dicharachero” del entonces candidato Andrés Manuel López Obrador, mejor conocido como AMLO, generó popularidad en un alto porcentaje de la población debido a la ilusión del cambio, lo que él llama, “La cuarta transformación de México”.

Con un regimiento de bots, programa informático que efectúa automáticamente tareas repetitivas a través de Internet, en redes sociales y un equipo de jóvenes estrategas con propuestas recalcitrantes, fue como el 2 de julio de 2018, este personaje arrasó las urnas, no sin antes polarizar el ambiente entre “chairos” y “fifís”. Los chairos, fue el sobrenombre utilizado por los opositores de AMLO para definir a sus seguidores; mientras que los “fifís” fueron denominados a quienes no estaban de acuerdo con AMLO al considerarlos gente “popis” “pirrurris”, “fresas”, “acomodados” y quienes fueron catalogados por los chairos como servidores del régimen y rateros.

De acuerdo al Colegio de México (COLMEX) la palabra “Chairo” es un sujeto y adjetivo ofensivo para denominar a una persona que defiende causas sociales y políticas en contra de las ideologías de la derecha, pero a la que se atribuye falta de compromiso verdadero con lo que dice defender; persona que se autosatisface con sus actitudes. Es decir, es gente que hace “mucho ruido y pocas nueces”, pero que de cualquier forma creó la masa crítica para darle el gane a AMLO.

Por su lado, la prensa “fifí” de acuerdo a lo expresado a la periodista Carmen Arístegui por el propio presidente AMLO, define a un junior de nuestro tiempo, un conservador, alguien que no quiere un cambio, que está a favor de un régimen autoritario y que simula ser liberal. Este término se ha extendido a toda persona que físicamente parezca liberal por su educación, cultura, posición económica y estructura física.

Ante esta discriminación prejuiciosa entre los militantes de los diferentes frentes, se emprendió una batalla social nunca antes vista en México. Los resentimientos de antaño, con gente, que, aunque suene imposible de creer, siguen “odiando” a los españoles por haberse llevado “nuestro oro” hace 500 años, se dieron vuelo ante este líder que encabeza sus mismas posturas de odio. La gente culta, acomodada y de tez blanca, hoy se encuentra categóricamente discriminada por el grueso de la población de origen indígena a quienes socialmente, el ahora presidente, ha apoyado con sus comentarios de exclusión y rechazo hacia los “fifís”.

Estamos siendo testigos de un cambio social que yo no sé si es la primera, segunda, tercera o cuarta transformación, o una transformación de cuarta, lo que sé es que el odio entre los distintos componentes de la sociedad crece día con día. Los Estados Unidos Mexicanos, el cuál es el nombre oficial de México y que siempre se había referido a la estructura gubernamental como “Gobierno de la República” y portaba imágenes con los colores patrios, ha quedado en un simple “Gobierno de México” con un logotipo en color rojo quemado, color del partido MORENA, que es obviamente el partido de AMLO y contiene las imágenes de los 5 héroes nacionales favoritos del presidente, dejando fuera nuestra bandera y nuestros colores, verde, blanco y rojo, que nos han representado desde la Independencia con España.

No sólo es el odio entre sectores poblacionales, ni el cambio de la imagen del gobierno de mi país, lo que me lleva como escritora a querer narrar estos temas, sino que además las formas autoritarias de gobernar tras apenas 46 días, me convencen que es mi responsabilidad revelar los hechos internos y que el mundo sepa lo que México está pasando.

Cada día, desde la toma de protesta del actual presidente, suceden cosas alarmantes que lo han puesto a diario en la primera plana del Diario “El Financiero”, como nunca antes se había visto con un presidente. ¿El motivo de ello? AMLO, con sus “ocurrencias diarias” cambia la economía, las calificaciones internacionales para nuestro país y ahora deja a nueve estados de la República y la Ciudad de México sin combustible, en un enfrentamiento del gobierno con los “huachicoleros”, que son los extractores de las tomas de los oleoductos clandestinos, afectando a millones de ciudadanos normales que no podemos ni ir a trabajar…

Todo esto es como un caldo de ranas, a las que se pone a una temperatura tibia y suave, mientras el caldero se va calentando poco a poco, hasta llevarlas al punto de ebullición y morir. Así, mi sentir es que estamos en el caldero en aguas tibias a las que de pronto se sube la temperatura, pero se echa agua fría con los discursos matutinos del actual presidente, quien dice que “no hay desabasto” cuando todos estamos con el tanque vacío.

Así, las cosas en México duerme…








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