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DE LAS PENSIONES Y OTRAS TROPELÍAS

Por Agustín Ramírez , 25 febrero, 2018

Recientemente se han producido manifestaciones por toda España protestando por la subida de las pensiones; por quinto año consecutivo la subida es de un 0,25%, gracias a las modificaciones introducidas en el año 2013 donde, mediante fórmulas matemáticas dignas de mejor causa –importe de ingresos y gastos de la Seguridad Social, tasa de variación anual del número de pensiones contributivas, todo ello tomado en medias de los cinco años anteriores y los posteriores según previsión gubernamental, evolución del efecto sustitución y velocidad de ajuste- lo único que se buscó fue hacer una subida simbólica para “presumir” de que no se congelaban ni se bajaban y callando que, a la par, la introducción del copago sanitario suponía un gasto extra a los pensionistas que obtenían, en el mejor de los casos, una subida mensual inferior a cinco euros.

Pero esa humillante subida del 0,25% no es sino la punta del iceberg de algo más grande y perverso, como es continuar con su labor de destrucción permanente de todo lo que huela a políticas públicas. La crisis económica y financiera ha sido el pretexto perfecto para justificar los recortes en las prestaciones por desempleo, en cantidad y en tiempo; en educación para eliminar del sistema universitario a todos aquellos que no tuviesen los bolsillos medianamente llenos; en sanidad para, al igual que en educación, recortar empleo público y permitir que los usuarios viesen perjudicados sus derechos, excepto en la medida que los sanitarios y educadores con su esfuerzo pudieran paliarlo; en aplicación de la Ley de Dependencia, ustedes deben pensar y no dicen, que lo mejor es directamente eliminarla de recursos y pensar que ya que sus destinatarios son viejos y necesitados esta situación es preferible mejorarla confiando en anticipar el fallecimiento de sus receptores; en investigación y desarrollo o en cooperación internacional los recortes han alcanzado más la categoría de hachazos, y mientras tanto se han rescatado los bancos y se van a rescatar las autopistas.

A esa labor de destrucción continua se une la devaluación del mundo laboral, con la bajada de los salarios, la precariedad laboral, consiguiendo el incremento de la desigualdad social. Algún dato para avalar estas cifras: frente a la opinión de la ministra Fátima Báñez de que la recuperación económica es “sana, sólida y social”, el 90% de los contratos que se firmaron en 2017 fueron temporales y uno de cada cuatro duró menos de una semana; donde en 2012 había 12,8 millones de contratos temporales y en 2017 la cifra ha superado los 18 millones. Estas cifras están tomadas de la respuesta escrita que el propio Gobierno ha dado a la pregunta de un diputado socialista.

Otro dato más: España es el país de la Unión Europea donde menos crecen los salarios y donde seis millones de trabajadores están cobrando menos del Salario Mínimo Interprofesional (735,90€), asimismo tenemos el “honor” de ser uno de los países más desiguales de Europa, hasta el punto de que un 30% de españoles vive en riesgo de exclusión social a pesar del crecimiento.

Y la respuesta que el Gobierno y sus adláteres del mundo financiero dan a este problema es que había que priorizar el salir de la crisis, que ya estamos saliendo y que ahora se podría empezar a hacer una revisión de la subida de los salarios. Llegan a tener la desfachatez de decir que conviene subir los salarios para dinamizar el consumo, pero ocultan añadir “para que ganemos más y así recuperarnos más y antes”. Pero ¿por qué la Seguridad Social solo se debe financiar con las aportaciones de los trabajadores y las empresas?; ¿por qué las cotizaciones a la Seguridad Social se hacen sobre bases fijas de cotización y no sobre salarios reales?, ¿por qué no se puede financiar la Seguridad Social de los impuestos?, ¿por qué a las cuentas de la Seguridad Social se le grava con las pensiones no contributivas?, ¿por qué a costa de la Seguridad Social se pagan las bonificaciones para la creación de empleo que, además, generan poquísimos puestos de trabajo?. Entre otras razones porque lo que se quiere es seguir beneficiando al mundo financiero fomentando la contratación de los planes privados de pensiones. Quizás las respuestas a las anteriores preguntas solo se explican si en el horizonte lo que se ve es que la pensión pública sea para los menesterosos y poco más, y las pensiones privadas para la gente con una economía saludable. ¿Se han planteado ustedes cómo y cuanto incide la Reforma Laboral y la falta de calidad y estabilidad del trabajo en el futuro de las pensiones, de quienes a ella tengan derecho y de la caída de ingresos que supone?

.Se argumenta  que es que no hay dinero suficiente, que cada vez es menor la proporción entre trabajadores y jubilados, que la edad de jubilación hay que alargarla, que el cálculo de la pensión debe extenderse a toda la vida laboral, que la población cada vez vive más (por favor, muéranse, están pensando y deseando) porque de otra manera la Seguridad Social siempre será deficitaria. Pues cámbiese el sistema de financiación, recúrrase a los impuestos no solo a las cotizaciones de empresas y trabajadores; reajústese el sistema tributario, busquen el dinero donde está, ajusten los impuestos a la progresividad que dicta el artículo 31 de la Constitución Española; en definitiva, trabajen en el cambio de modelo de la financiación de la Seguridad Social e informen de sus debates a la ciudadanía, que llevan ustedes desde noviembre de 2016 reuniéndose en la “Mesa de las Pensiones” 17 diputados y lo único que conocemos, y no de manera sencilla, es que los complementos para sus miembros acumula un gasto de 302.000 euros, según recoge el “Régimen Económico y Ayudas de los Señores Diputados”

Señores legisladores, les voy a recordar el artículo 50 de la Constitución Española: “Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad. Asimismo, y con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio”. A la vista de este artículo constitucional, incluido en el Capítulo Tercero, De los Principios Rectores de la Política Social y Económica, lo que yo me pregunto es ¿por qué ustedes, señores gobernantes,  no quieren cumplir la Constitución?, muy sencillo, porque no sirven a su cumplimiento sino al mandato de quienes ostentan el poder real y de los que ustedes son unos simples títeres y voceros.

Recientemente se han escuchado demasiadas voces en defensa de modificaciones constitucionales, algunas son necesarias e imperativamente urgentes, pero ¿no habría que preguntarse qué además de esas modificaciones habría que empeñarse, primero, en cumplirla en beneficio de los ciudadanos según lo que en ella se recoge en bastantes ámbitos y que sigue pendiente?

Señores del gobierno ¡CUMPLAN LA CONSTITUCIÓN!, aunque no les guste

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