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Cuando las musas te abandonan

Por Víctor F Correas , 24 septiembre, 2015

Hay días insípidos, estériles, con poco o nada que rascar. Y luego, este veinticuatro de septiembre, día de la Virgen de la Merced –felicidades a todas las Mercedes y a los propietarios del coche de la estrella, que algo les toca-.

Portaaviones USS Enterprise.

Portaaviones USS Enterprise.

Sí, hay cosas, acontecimientos, sucesos, hechos que quedaron ahí, impresos en libros que recuerdan lo que ocurrió: que si la botadura del primer portaaviones nuclear de la historia hace cincuenta y cinco años. Fue el Enterprise, y era más grande que el Titanic –trescientos cuarenta y dos metros de eslora, setenta y ocho de manga, más de noventa y dos mil toneladas a plena carga-; el nombramiento de Otto von Bismarck como presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Asuntos Exteriores de Prusia hoy hace ciento cincuenta y tres años. Bismarck llevaría a cabo una gran reforma militar con el propósito de contar con un poderoso ejército que le permitiera afrontar la unificación alemana y formar el Segundo Reich. Alemanes; la inauguración de las Cortes Generales Extraordinarias en Cádiz, con la asistencia de ciento cinco diputados, tal que hoy hace doscientos cinco años. Lo primero que hicieron fue confirmar que en dichas cortes residía la soberanía nacional y que su rey legítimo era Fernando VII. Visión de futuro; el fracaso de Solimán II el Magnífico en su intento de conquistar Viena por las armas hoy hace cuatrocientos ochenta y siete años; o el acuerdo de paz de Gran Bretaña con Estados Unidos, firmado tal día como hoy hace doscientos treinta y tres, por el que se reconocía la independencia del segundo, y que sería ratificado al año siguiente en París; y Mahoma, que hoy hace mil trescientos noventa y tres años completó la Hégira desde La Meca hasta Medina. Ocho años después regresaría a la primera a lo grande, en plan conquistador.

Sí, hay sus cosillas. Pero será que el día no da para más o que a uno, viendo el percal, las musas le han abandonado a su suerte –“ahí te las apañes, colega, que nosotras pasamos”. Eso me han dicho, las muy arpías-, o a saber. El caso es que el asunto queda así. Vamos, que no me apetece seguir dándole más a la tecla. Más claro, el agua.

Sed buenos y felices, si podéis. U os dejan 😉

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