Cuando fuimos dos |
Portada » Columnistas » Baldosas amarillas » Cuando fuimos dos

Cuando fuimos dos

Por Fernando J. López , 14 Mayo, 2014

Se supone que los escritores trabajamos con las palabras y, por eso, no debería serme tan difícil encontrarlas. Pero hoy, sin embargo, se me resisten. Porque no doy con los verbos que resuman los sentimientos que me dominan. Ni adjetivos que califiquen las emociones que he sentido en este largo viaje. Ni sustantivos que pongan nombre a todo lo que he aprendido y sumado en cada etapa del proceso.

Cuando fuimos dos ha sido, en mi trayectoria como autor, mucho más que una obra de teatro. Ha sido un momento de mi vida. Ha sido, a su modo, muchas vidas. Intensas. Hermosas. Llenas de la generosidad de quienes se han dejado piel y alma en hacerla real. De mis queridos -grandes amigos y animales escénicos- Felipe Andrés y David Tortosa, inolvidables Eloy y César, César y Eloy a quienes espero poder vestir de nuesvas palabras -de otros personajes- en el futuro. De mi incansable Rocío Vidal, llena de energía y carisma en todos y cada uno de sus actos. De mi admirado y cómplice Quino Falero, con quien quiero seguir soñando mundos y dibujando escenas. De mi tenaz y minuciosa Libe Aranburuzabala, siempre tan eficaz como humilde. De mi entregada y soñadora, Mara Bonilla, que me ha hecho creer en mis textos más de lo que ella misma pueda llegar a saber. De mi estético y creativo Manolo Pavón, capaz de traducir en brillantes imágenes la poesía que subyacía en la obra. De mi elegante y sensible Cristina Ruiz, que supo darle forma editorial a un libro en el que había mucho de mí. Y, cómo no, de mi imprescindible Julián Quintanilla, con quien es un privilegio poder seguir construyendo, navegando y creando juntos…

El título de esta obra, en realidad, esconde dos mentiras. Y, ahora que se termina, creo que ha llegado el momento de confesarlas:

La primera mentira se oculta tras su número: porque  no se trata de 2, sino de muchos más. De quienes pusieron esta obra en pie. De quienes nos apoyasteis en medios y en redes. De quienes nos escribisteis compartiendo sus experiencias: parejas que nacieron, parejas que lucharon por seguir siendo, adolescentes que se atrevieron a proclamar su identidad… De quienes repetisteis más de una vez. De quienes nos mantuvisteis en El Sol de York y en el Infanta Isabel -magníficos escenarios donde sus anfitriones mimaron mucho nuestro viaje- y en su memoria.

La segunda mentira es su verbo: porque no fuimos. Somos. Seguimos siendo. Somos y seguiremos haciendo. Soñando. Creando. Y, cómo no, luchando.

El viaje de Cuando fuimos dos acaba este 16 de mayo en Getafe y, casualidades del destino -o no-, el 17 es el Día Internacional contra la Homofobia. En esta obra, es obvio, intenté aportar mi particular forma de luchar contra el odio y la intolerancia: la naturalidad. Solo quería desnudar el amor entre dos hombres para atravesar la máscara del sexo y dejar la esencia de la persona.

Fueron dos.

Fuimos dos.

Somos dos.

Y ser no tiene sexo.

Solo presente.

César, Eloy… Hasta pronto.

F.

Deje un comentario