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Crónica de una tragedia anunciada

Por Trixia Valle , 22 enero, 2019

Fotografía: EFE/El Universal Muere bebé de 2 años en explosión en Hidalgo, México

Lo sucedido en Tlahuelilpan, Hidalgo el pasado 18 de enero, en el día 47 del nuevo gobierno de la Cuarta Transformación, es la mayor desgracia de la que se tenga memoria en la historia reciente de México, al explotar un ducto de combustible con alto octanaje que genera gases letales, donde los habitantes de los pueblos cercanos se aproximaron con cigarros encendidos y ropa sintética a robar con botes de plástico, cubetas y garrafas este explosivo y tóxico fluido.

El ejército mexicano detectó la fuga a las 14:30 horas, y viendo a las 15:45 horas una vorágine de personas acercándose para llevarse a casa este material, trataron de prevenirlos y de alejarlos del lugar. Ante esto, lo que recibieron fueron insultos y groserías, incluso un hombre grabado en vídeo con un niño de aproximadamente un año y medio en brazos, acusó injustamente a uno de los militares de haberle apuntado, y con todo y su hijo lo insultó y golpeó, gritando que se bajara del jeep, cuando está la evidencia clara de que la autoridad jamás le faltó al respeto, ellos sólo querían prevenir esta tragedia.

Es lamentable que algunos mexicanos, que desafortunadamente ya son una considerable mayoría, tengan un nulo respeto a las autoridades y que quieran pasar por encima de ellos, amenazándolos y difamándolos, para salirse con la suya y no obedecer. No tengo idea en qué momento la gente de México pasó de respetar y honrar a la autoridad, a rechazarla e insultarla, como si quienes están a nuestro servicio para ayudarnos y protegernos, fueran nuestros enemigos. Habrá personas que digan que es por causa de sus abusos, pero en realidad yo como mexicana y nieta de un General Brigadier condecorado con la Legión de Honor, puedo constar que el ejército siempre ha sido la figura más honesta y respetable de mi país y no es justo, ni honorable que ciudadanos de bajos valores morales se comporten así.

Por si fuera poco, esta desobediencia ha costado hasta el momento 91 muertos y un sinfín de heridos, donde probablemente se encuentre el niño de dos años del vídeo con el padre prepotente que llevándolo en brazos quería pelear a golpes con un militar. Es triste que unas horas después, a las 18:52, a pesar de haber sido cerrado el ducto a las 18:02, surja la mortífera explosión que deja calcinados y heridos a los habitantes, en su afán de tomar ventaja de la fuga y ganarse unos pesos por ello. Esto, podrán decir algunos, es a causa de la pobreza extrema que lleva a la gente a poner en riesgo su integridad para tener dinero, sin embargo, la gente estaba prevenida del riesgo que corría, las autoridades estaban en la zona, incluso a las 17:00 horas llegó personal de la Gendarmería a brindar apoyo al ejército y tampoco hicieron caso.

Siento decirlo, pero el mexicano “gandalla”, ventajoso, aprovechado, es el que ve estas “oportunidades”, como cuando el 14 de enero de este mismo tragedioso año, al volcarse un tráiler que trasportaba ganado en Veracruz en la autopista Isla-La Tinaja, acudieron los habitantes de la zona y comenzaron a llevarse a los animales violentamente, por la fuerza, ayudados con cuerdas al abrir el contenedor del transporte, mientras otros sacrificaron o destazaron a los animales que estaban muertos o malheridos. ¿Y su consciencia? ¿Y sus valores? ¿Y su dignidad? ¿Y los derechos de los animales? Esta es la parte de la historia que no se dice… ¡Y ahora resulta que los militares actuaron mal o les dijeron “feo” a los habitantes de Tlahuelilpan para protegerlos…! ¡No se vale! ¿Se pueden imaginar el dolor de una persona en el cumplimiento de su deber que es acusado de maltrato, por tratar de evitar una tragedia como la que estamos viendo? Yo no. Me duele sólo pensarlo.

Además de la división de castas, el problema social de México llega a esta triste y punzante pérdida de valores que nos rebaja a una sociedad de cuarta, pero no de transformación. Así que en lo que estoy de acuerdo es que mi país, hoy afligidamente confieso, está sumida en la máxima crisis de valores y principios morales que, de seguir así, avecina una caída de golpe y sin posibilidad de regreso alguna.

Decía en mi columna anterior que estamos como ranas en el caldero en agua tibia a la que se sube poco a poco la temperatura, pero con esto, la ebullición está llegando antes de lo esperado.

Así las cosas, mientras México duerme.








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