Crónica de una muerte anunciada |
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Crónica de una muerte anunciada

Por Francisco Collado , 16 enero, 2019

 

Queridos papis megachachis: Aunque últimamente no os beo muy a menudo, lo cual no es nada anormá, dicho sea de paso. Lo mío tampoco es la escritura (eso si soy un fiera destrozando el kastellano con mensajes sms en el móvil de última generación que m´abeis regalao). Os escribo la que quizás sea mi despedida. (M´explico) Er próximo día de fiesta boy a ir en el buga del Piñata. A este le viene el mote por la cantidá de leches que s´a pegao. Ja, Ja, como mola. Ya sabéis que al Piñata le gusta darle gas al carro pá que los pringaos no nos adelanten y poder bibir a tope como vosotros m´abeis enseñáo. Y es que sois unos padres de lo más guay, toda la vida atentos a mis menores deseos y caprichos. El día que los colegas nos estampemos los cuernos contra la mediana de alguna autopista; llenos hasta el culo de rulas y de alcohol; mi último pensamiento será de agradecimiento para bosotros. Os agradeceré no haberme dado la brasa con valores como disciplina y autoridad. No como otros kolegas, cuyos viejos son unos fachas que pretendían inculcarles una kosa llamada respeto a si mismos. (Menudos pringaos). Afortunadamente el mundo en el que vivo siempre me ha ofertado como referentes unos tíos dabuten a los que imitar. Desde la infancia, cuando me dejabais clavado durante horas frente al televisor sin coartar mi libertad con discursos fascistoides sobre programas no apropiados para mi edad. Gracias a vosotros (megachachis, he podido tomar como modelos de conducta al bobo mediático, que no ha pegáo un palo al agua en su vida, o imitar a ese vago cantamañanas, reconvertido en tertuliano, que hace apolojía de cómo destrozarse el cerebro con la farlopa que se mete por la nariz. (Y es que sois lo más). Siempre haciendo de chóferes para traerme y llevarme de fiestorro con los koleguitas, sin contarme batallitas sobre el futuro, las notas en el insti, o el motivo de escribir como un anarfabeto. Siempre he sido la envidia de mis tronkos. A ellos, sus viejos los machacan con chorradas como limpiar la habitación, colaborar en casa y otras pijadas semejantes. Pero vosotros siempre habéis estado ahí (megaguais) sin darme la brasa por el coma etílico del fin de semana, mirando para otro lado cuando llegaba con los ojos rojos por las rulas y los petas que me metía p´albody. Nunca he escuchado una negativa, nunca me habéis puesto límites a nada. Vosotros si que sois unos papis modernos intentando evitarme traumas al utilizar la temida palabra: No. Gracias por no enseñarme la fragilidad de la vida. Por no mostrarme que tenemos fecha de caducidad y que se encuentra agazapada en cualquier esquina, en cualquier carretera. De modo que puedo seguir haciendo el gamba con mis kolegas, porque no pasa nada. Porque esto no me puede pasar a mí. Ignoro las circunstancias especifikas en que la diñaré. Quizás nos estampemos contra los bajos de un dieciséis ruedas al grito de “dale caña, adelanta al pringao”. Desconozko si tendrán que rescatarnos entre los hierros retorcidos con careto de julais. De no saber de que ba la kosa (a nosotros no nos toca nunka). No se si saldremos en los informatibos de la tele (como mola), para ke el locutor se marque el kuento de siempre: se salieron de la calzada por causas desconocidas. Bla, Bla, Bla. Todos sabemos perfectamente las kausas por las que se salen los bugas de la carretera. Por eso os agradezco no haberme criado con kriterios y personalidad suficiente para darle un kodazo y reventarle los piños al joputa mamón de mi kolega que pone la máquina a 170 por hora, llebando mi bida en sus manos. Los  padres estrechos y puretas les dicen a sus hijos que se bajen del buga (vaya caña). Son esos pequeños detalles. Como en aquella ocasión que machaqué al maestro que pretendía ponerme normas y vosotros siempre me defendisteis “algo habrá hecho el maestro”. (Y es que sois la ostia, oyes). M´abeis enseñado a vivir en los mundos de Yupie, donde nunca pasa nada. Donde todo se obtiene sin esfuerzo. Mundos felices donde mis rabietas no iban acompañadas de un estupido y fascistoide correctivo. Al contrario, una palmadita en la espalda, y a darle al nene lo ke se merece (y es que sois tope).  Por eso, keridos papis, os pido que no derraméis lagrimas cuando pike billete. Nunka me adelantasteis que toda esta historia se podía terminar algún día. Du.dúa. Du-dúa. Seguid con vuestra vida de diseño. Echaros unas rayitas por todos los fiambres ke gracias a personas tan eficientes como bosotros, ban a caer este fin de semana con el cerebro destrozado por las pastillas que nadie se molesta en detectar. Por los que la espicharán en accidentes probocados por el cochazo superpotente, regalo inmerecido para un niñato con el carné recién sacado y L de novato; que casualmente forma parte de la palabra gilipollas; y cuyos piños aparecerán tatuados en alguna encina. Gracias por enseñarme a disfrutar de la vida, sin preocuparme de ninguna otra estupidez. Por todo eso mi último pensamiento; antes de convertirme en un ermoso fiambre gracias a mi kolega (ese al que no le partí los piños a tiempo); será para vosotros. Gracias por dejarme llevar adelante el slogan de la generación niñato: Hasta que el cuerpo aguante. Pues eso.

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