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Covarrubias, emocional y serena

Por Paloma Aparicio , 14 marzo, 2014

A orillas del río Arlanza descansa Covarrubias, una villa medieval de calles empedradas y bellos ejemplos de arquitectura popular. Su serenidad, la quietud de la naturaleza que lo circunda y la melancolía que destilan sus leyendas convierten al municipio burgalés en destino imprescindible para los amantes de las emociones sinceras. Esas que siempre afloran en las situaciones más inesperadas, pero que recibimos con los brazos abiertos porque traen consigo una (necesaria) sensación de bienestar.

Covarrubias posee varios lugares de interés que ningún visitante debe perderse. El primero de ellos, el Torreón de Fernán González, una obra mozárabe, inicialmente defensiva, y más conocida como el Torreón de Doña Urraca, ya que una trágica leyenda popular asegura que la infanta Doña Urraca fue encerrada aquí por su propio padre como castigo por enamorarse de un pastor.

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Torreón de Fernán González visto desde el río Arlanza.

La Iglesia de Santo Tomás, uno de los ejemplos de arquitectura religiosa más destacados de la villa, fue construida en el siglo XII, aunque apenas quedan restos del edificio original. Su interior alberga una hermosa escalera plateresca y una pila bautismal románica.

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Iglesia de Santo Tomás desde el arco de entrada.

Las casas de Covarrubias, con fachada de adobe y entramado de madera, conforman su estampa más pintoresca. El mejor exponente es, sin duda, la Casa de Doña Sancha, del siglo XV, actualmente utilizada como centro de arte y exposiciones.

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Casa de Doña Sancha.

La villa burgalesa rinde homenaje a una de sus moradoras más ilustres, la princesa Kristina de Noruega, con una escultura frente a la Colegiata de San Cosme y San Damián, donde reposan sus restos mortales. La joven, hija del rey Haakon IV, partió desde su país en 1257 para casarse con don Felipe, uno de los hermanos del rey Alfonso X el Sabio, en virtud de una alianza entre ambos reinos. El matrimonio se estableció en Sevilla y, cuatro años después de los desposorios, en 1262, Kristina falleció en la ciudad hispalense sin descendencia, víctima de una meningitis, según algunas fuentes, o de una insuperable melancolía, si hacemos caso de las leyendas más románticas. La princesa del norte descansa en un sencillo sarcófago en el claustro de la Colegiata de San Cosme y San Damián, la joya religiosa de Covarrubias, que, entre otros tesoros, ofrece un rico conjunto de arte sacro, tablas de Berruguete y Van Eyck y el impresionante tríptico de la Epifanía, una delicada obra maestra de la escultura gótica. El conde Fernán González y su esposa Sancha también yacen entre los muros de este hermoso templo.

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Detalle de la escultura de la princesa Kristina de Noruega.

Una buena forma de completar la visita es acercarse a las ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza, a unos 8 kilómetros de Covarrubias, construido en el año 912 por Gonzalo Fernández, padre de Fernán González, y abandonado tras la desamortización de Mendizábal. Un enclave donde el tiempo parece haberse detenido, con ese encanto que poseen los lugares que dejaron de ser. Una nueva concesión a la nostalgia como etapa final del recorrido.

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Ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza.

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