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Corredores de fondo ( en torno al estrés estudiantil)

Por Anabel Sáiz , 18 marzo, 2014
Empezando los exámenes. Onir

By ONIR

“¿Sabes qué?”, me preguntaba una alumna de segundo de bachillerato hace unos días. Ella misma se dio la respuesta,” ¿sabes qué, profe? Pues que esto de los exámenes es muy injusto porque yo me paso muchas horas estudiando y luego hago el examen y sí, apruebo, pero no con la nota que me esperaba. Siempre es inferior. Y encima –continuaba mi alumna- veo que otros de clase han estudiado menos, han salido de marcha también y sacan mejor nota. Es injusto”.  En este monólogo cansado y teñido de agobio, se esconde un tema preocupante al que no siempre se le presta la atención debida. Se esconde el tema del estrés ante los exámenes.

No hace falta insistir en qué es el estrés; todos, por suerte o por desgracia, lo hemos padecido o padecemos. Ahora bien, es cierto que un nivel de estrés controlado, por decirlo así, nos permite estar alerta, no perder de vista nuestros objetivos; tampoco es menos cierto que un estrés mal llevado puede desembocar en ansiedad y en problemas psicológicos más serios.

Los alumnos que cursan segundo de bachillerato están acabando sus estudios y se preparan para superar con éxito la prueba de la selectividad. Todo el curso, de eso se quejan, sus profesores no paramos de lanzarles consignas al respecto, con lo cual, sinceramente, contribuimos, sin quererlo, a que aumente ese nivel de ansiedad de la que hablábamos hace un momento. La selectividad pende sobre nuestras cabezas como una espada de Damocles. Sucede que los temarios son muy apretados y pocas las horas de docencia. Es más, a menudo, se debe avanzar, porque así lo exige el sistema, sin la reflexión precisa o la calma que requiere el estudio. Cuando llegan las épocas de exámenes, quien más quien menos se resiente. Si un alumno no se ha preparado durante el trimestre lo suficiente, no está en situación de enfrentarse al examen y sería mejor que se planteara cómo enfocar la materia de cara a la próxima evaluación. El alumno o alumna que se muestra receptivo, que está activo en clase y participa, es el que se resiente más porque, menudo, se siente inseguro, piensa que no ha estudiado bastante y se le mezclan los conceptos. El día del examen es una auténtica prueba de fuego que agrava esa sensación.

¿Qué hacer? ¿Cómo calmar esa sensación de vacío que muchos sienten? En primer lugar, conviene desdramatizar. Un examen  trimestral no es “el examen”, sino una prueba más. Así se bajará el nivel de ansiedad y se podrá comenzar a trabajar. Nunca hay que prepararse el examen pocos días antes, sino que, como siempre les digo, ellos son corredores de fondo y han de llegar en buenas condiciones a la meta.  Estudiar requiere constancia y rigor. Hay que ser constantes y hacerlo todos los días. Sobre todo, nunca hay que estudiar en vano, es decir, conceptos que no se entiendan o que no se puedan explicar. Cada estudiante ha de hacer suya la materia, no ha de pensar en contentar al profesor, sino en entender lo que estudia.

Hay otros muchos factores, de los que quizá podamos escribir en otro momento, que tienen que ver con las condiciones higiénicas, de alimentación y medioambientales. No se puede estudiar pendiente el móvil ni de las redes sociales, como tampoco se puede aprobar un examen sin haber dormido  ni mucho menos se debe engañar al cuerpo a basé de café y otras bebidas estimulantes. En las épocas de exámenes conviene descansar bien, dormir las horas necesarias y seguir una alimentación adecuada, sin abusar de los dulces.

De todas formas, a los profesores y tutores nos queda una tarea muy difícil, que es la de no angustiar en balde a nuestro alumnado. Hay que darle importancia a los exámenes, sí, pero no sacralizarlos. Y tampoco hay que menospreciar el estrés estudiantil diciéndoles que eso no es nada, que se esperen a trabajar y a tener unas responsabilidades. Cada edad tiene su afán.

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