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CONFESIONES DE UNA puta CREATIVA

Por Eva María Torres de los Santos , 21 Mayo, 2014

puta creativa

Soy una puta creativa y menudo disgusto se llevaría mi madre si se enterara. Además, escribo.

Y es que no importa lo hermosas que sean mis palabras pues hoy por hoy no hay quién las lea si no las amorcillo con indumentarias cantosas, les añado complementos o cualquier tipo de fluorescencia para que llamen la atención y las amaestro como a rameras para que cuando vean la luz se contoneen sin decoro a cada golpe de lengua mientras son pronunciadas. Para conseguir tal efecto, me veo obligada a vomitar mis palabras tras una maceración tan tormentosa que me deja las tripas revueltas y el cuerpo cortado durante algunos días.

Soy una puta creativa, no por ingenio, no por un don inusitado que me permite poner en práctica todo lo que imagino, no. Soy una puta creativa  como resultado de un proceso de adaptación al medio.

Vivimos en una época en la que la mayoría de las personas ya no tienen tiempo para leer (o eso creen ellas) y prefieren escarceos puntuales con los textos.

Somos insectos estúpidos pegados a diario esas mismas redes que supuestamente nos comunican y conectan a todos y entre todos. Tan pardillos como el mismísimo Peter Parker, no nos damos cuenta de que nos salen esas redes de las muñecas nada más levantarnos porque, aún con los ojos pegados, anhelamos conectarnos al mundo como si  durante esas horas de sueño el Universo hubiera empezado a contraerse y resquebrajarse aprovechando nuestra desconexión.

Ya no sabemos vivir sin el rostro manchado por todo el contenido que nos escupen a la cara las pantallas que son como el pan y el agua de nuestro día a día.

Ahora bien, ¿cómo comunicar en un mundo saturado de información? Da igual que escribas relatos o historias noveladas, que firmes una noticia o un anuncio publicitario. Tienes que partir de la base de que a nadie le importa lo que has escrito, de que tienes que dar algún motivo para que alguien escoja fijarse en tu texto entre las toneladas que le llegan por segundos.

Cuando me conecto a Twitter por las mañanas puedo no ver el originalísimo tweet mañanero dando los buenos días de alguno de mis conocidos aunque lo hayan escrito  menos de cinco minutos antes de mi conexión porque en ese lapso de tiempo ya se ha perdido entre otros tantos de la gente a la que sigo. Es como lanzar un globo al aire, o alguien lo caza al vuelo o está perdido irremediablemente.

Si tu trabajo depende de que cacen ese globo, sea como sea, eres capaz de recurrir a cualquier ardid. ¿Qué hago yo? Ser puta, muy puta, escribiendo: en el título dejo ver mis sugerentes curvas y, en cuanto se acercan un poco, me abro de piernas en el primer párrafo.

Como no olvido el poco tiempo del que dispongo para mantener la atención de mi receptor, me ahorro todos los preliminares y actúo en frío.

Pese a que tal afirmación escandalizaría a mi madre, no me siento indigna por mi promiscua escritura. Renovarse o morir. Adecuarse al contexto que dirían mis antiguas profesoras de Lengua. Esta situación, paradójicamente, saca mi lado más creativo; cada cosa que escribo requiere de un sobreesfuerzo. Tengo que ver la realidad desde perspectivas distintas para sorprender. Nunca olvido que lo más importante es que mi visión esté bien regulada para cada trabajo, por eso tengo montones de gafapastas de todos los modelos. Mis favoritas son unas de la marca Sarcasmo que no me quito ni para dormir. Aunque si tuviera que escribir para niños no dudaría en ponerme unas gafas de pedagoga y mi vocabulario sería puro algodón de azúcar. Soy muy flexible.

Te contaría más sobre lo que hago pero sé cómo funciona mi oficio: al superar las seiscientas palabras ya solo me queda de tregua una frase antes de que te aburra y te vayas. Siendo así, prefiero dejarte con las ganas de un nuevo encuentro.

Mientras tanto, para que no se te haga larga la espera, puedes leerme en http://evadeteescrituracreativa.blogspot.com.es/

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