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COMENTARIOS TRAS LAS ELECCIONES DEL 26 DE JUNIO

Por Agustín Ramírez , 4 Julio, 2016

Ya se han celebrado las elecciones del 26 de junio y el resultado ha sido el siguiente: el mayor número de “votos”  ha sido el de los abstencionistas con 10.435.955 personas, que es el equivalente a los votos de PSOE, 5.424.709 y Podemos-IU-Equo-Mareas, 5.049.734 y es 593.999 personas menos que los votantes de PP, 7.906.185 y Ciudadanos, 3.123.769. La abstención, respecto de las elecciones celebradas el 20 de diciembre de 2015, se ha incrementado en 1.155.316 personas, equivalente, por ejemplo, al número de votos perdido por la coalición, no se bien si de izquierdas, socialdemócrata o transversal, liderada por Pablo Manuel Iglesias Turrión.

Revisando las cifras por partidos, no cabe duda de que el bloque formado por el Partido Popular y Ciudadanos ha sido el claro vencedor al incrementar sus votantes en 313.661 personas; el PSOE sigue en su cuesta abajo electoral al reducirse sus votantes en 106.070, tras haber perdido en diciembre de 2015 1.578.802 electores y la coalición de Podemos e IU más las Mareas, tras obtener el 20 de diciembre, por separado, 6.112.596 votos ahora en las elecciones de junio ha perdido 1.062.862 votantes.

Estos resultados han sido una sorpresa mayúscula comparándolos con los que decían las encuestas que a diario circulaban; las empresas demoscópicas, tras estos resultados, creo que deberían hacer dos cosas: o revisar sus métodos de trabajo y explicar técnicamente la magnitud de sus errores, o confesar, públicamente, que sus resultados no eran sino lo que sus clientes les recomendaban que saliesen.

Volviendo a los resultados electorales, la ciudadanía ha avalado que se sigan aplicando las políticas de recortes económicos, sociales, laborales y de derechos que hemos soportado en la última legislatura, sin recordar que Bruselas nos espera con una rebaja adicional de 8.000 millones de euros en el Presupuesto; la ciudadanía también ha avalado que la corrupción no es motivo suficiente para forzar en las urnas un cambio de gobierno; la ciudadanía ha decidido quedarse como estaba y ha declinado la posibilidad de intentar hacer políticas de cambio, si es que los poderes reales las permitiesen, para rectificar la situación de desigualdad social creciente y, además, deja las posibles medidas de regeneración democrática en manos del partido que rezuma corrupción por cada una de sus provincias.

La renuncia a hacer cambios no solo se puede explicar por las campañas mediáticas de los medios de comunicación o por la aceptación, nada razonada, de que España va mejor y que está saliendo de la crisis; quizás haya que buscar responsabilidades en quienes se han limitado a hacer una campaña para “no asustar”, en quienes han pasado de tomar el cielo por asalto a reivindicarse como socialdemócratas, pero sobre todo han renunciado a explicar que se quería hacer, como se podría hacer, que costaría hacerlo y que se haría cuando se lo impidiesen hacer; propiciando todo ello que más de un millón de votantes de diciembre se quedasen en su casa en junio.

De modo que entre la complicidad de unos con las políticas llamadas “austericidas” y los temores de otros por no asustar y aparentar ser lo que no se sabe que quieren ser, el resultado electoral es el que es y sus consecuencias las iremos sufriendo en los próximos meses.

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