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Cascos, el dóberman cazado

Por José Luis Muñoz , 4 febrero, 2014

FRANCISCO ALVAREZ CASCOSA juzgar por el informe de la UDEF, ese cuerpo de la policía que cada vez tiene más trabajo en este país—desde aquí mi ruego al señor ministro Fernández Díaz para que dote adecuadamente de personal a la UDEF, aunque sea sacándolo de las fuerzas antidisturbios cuyo número podría bajar exponencialmente si el gobierno hiciera las cosas bien—, las numerosísimas siglas que aparecen en los papeles de Bárcenas, las hojas manuscritas más famosas de la moderna historia de este país, señaladas con FA, PAC, FAC, etc. pertenecen al antiguo secretario general del PP, expresidente de Asturias y dirigente del FA Francisco Álvarez Cascos tildado por el PSOE en un vídeo como el dóberman del PP. Yo, que tuve un dóberman, discrepo.

Veremos en qué se sustancian estas investigaciones de la UDEF, ya que muchos de los presuntos delitos destapados habrán prescrito. Si se demuestra que Cascos mordió de la trama Gürtel que, con mucho tino, en la revista del domingo del diario El País, se rebautiza como la trama PP (por los 70 cargos imputados del partido del gobierno), para adjudicar a ese entramado empresarial presidido por Francisco Correa el máximo de contratos de la administración pública, inflarlos y cobrar de ellos sustanciosas comisiones—Cascos fue durante diez años secretario general del PP, ministro de Fomento entre los años 2000 y 2004 bajo la presidencia de José María Aznar, vicepresidente del gobierno entre los años 1996 y 2000, entre otras cosas—no nos extrañará oír de la secretaria general del PP María Dolores de Cospedal la obviedad de que el señor Cascos ya no pertenece al partido desde el año 2011 en que fundó Foro Asturias.

Uno tiene la sensación de que el juez Ruz va muy lento y no es muy expeditivo—su lentitud posibilitó que el PP destruyera pruebas, el borrado de los ordenadores de Bárcenas en la sede de Génova, aunque luego enviara a la policía a registrar el edificio—, pero es que el sumario ocupa nada menos que 2.000 tomos y cada día que pasa se incorporan 3 acontecimientos más a él. A ojos de un absoluto lego en  materia judicial, como el que esto escribe, se necesitaría un centenar de jueces para ultimar ese gigantesco caso de corrupción política que se va a convertir en una especie de juicio de Núremberg para el partido del gobierno. Más jueces, señor Gallardón, que hacen falta muchos más para investigar los muchísimos casos de corrupción de este país.

Me extraña, y supongo que debe de extrañar a muchos de los sufridos habitantes honrados, los que nunca hemos cobrado sobresueldos de ningún tipo, los que tenemos unos ingresos transparentes, los que escrupulosamente dejamos que Hacienda nos retenga una porción cada vez más importante de nuestro sueldo y luego otros se lo gastan a la ligera o se lo meten en sus bolsillos, que no se haya llamado a declarar a toda la cúpula en bloque del PP para que explique si son o no ciertas las cantidades que según el ejemplar tesorero del PP Luis Bárcenas estuvieron cobrando sus miembros durante muchos años. Pasaron tres secretarios generales, sí, pero se olvidaron del que ahora es presidente y hay muchos más nombres y siglas en los papeles del extesorero del PP.

Como escritor de novela policiaca no conozco ningún caso en la historia del crimen en que un delincuente, veinte años antes, por si las cosas se tuercen, manuscriba en unos cuadernos contables una serie interminable de falsedades preventivas para involucrar a sus jefes por si le traicionan, como venganza o para chantajearles. Quizá el señor Bárcenas, cuando aplicadamente ponía en las casillas de su cuaderno contable todas esas siglas de su puño y letra y las apetitosas cantidades que cobraban, de las que los aludidos se desmarcan, tuvo una visión y se vio en la cárcel veinte años después.

En cualquier país del ámbito europeo un poco serio, alejado del Mediterráneo, que es un mar maravilloso pero luego genera lo que genera en España, Italia o Grecia, o en la otra orilla, un asunto como el caso Gürtel, el caso PP según El País, habría hecho dimitir a todo el gobierno a la espera de que se esclareciera todo. Pero España no es un país serio.

Empecé a poner en duda la honorabilidad de los dirigentes del PP a partir de ese bodorrio que el presidente del gobierno José María Aznar organizó en el monasterio de El Escorial para casar a su hija con Alejandro Agag, otro personaje que aparece siempre relacionado con los hombres de la trama, un tipo con amistades muy peligrosas por lo que se está viendo. En esa boda fastuosa y prepotente de nuevo rico, que parecía la de  la película El Padrino, estaban muchos de los que ahora están bajo sospecha, unos pocos ya en la cárcel. Con toda esta basura sobrevolando me pregunto por qué no se alzan voces discrepantes en el partido de la derecha española en el que abundan los militantes honrados, cómo es que no mueven la silla de los dirigentes bajo sospecha y les dicen amablemente que se larguen en ese congreso de Valladolid que están celebrando y en dónde se limitan a un cierre de filas sin darse cuenta de que el mayor enemigo del partido lo tienen dentro, y por ello perderán las elecciones, y no en la oposición.

Álvarez Cascos, en defensa de su honorabilidad, pone en cuestión el informe de la UDEF. Yo creo en la independencia y honestidad de ese cuerpo policial que tan molesto está resultando ser para la banda de gánsteres que nos ha estado saqueando durante todos estos años.

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