Cabo Trafalgar. 5.45 AM del 21 de octubre de 1805 |
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Cabo Trafalgar. 5.45 AM del 21 de octubre de 1805

Por Víctor F Correas , 21 Octubre, 2014

Amanece en la bahía de Cádiz. 5:45 de la mañana. Viento suave. Cielo púrpura. A Pierre Villeneuve, vicealmirante francés, le entran las prisas.

Está con la mosca tras la oreja. Alguna cosa ha oído. Más entre los españoles que en boca de sus propios compatriotas, que le miran como quien observa cómo caen las hojas secas de los árboles. “A este le van a dar matarile”, fue lo último que oyó de un tipo enjuto, con un enorme tajo que recorre su mejilla izquierda y patillas pobladas que le cuelgan. Y cara de muy mala hostia. Tras la batalla de Finisterre, que acabó con la flota franco española mirando a Cuenca, ésta permanece en Cádiz esperando tiempos mejores. U órdenes. La última, hostigar a los ingleses en el Mediterráneo. En el Atlántico, en las cercanías del Cabo Trafalgar, aguardan Nelson y sus muchachos. El viejo perro inglés permanece agazapado bloqueando la salida de Cádiz. Más listo que el hambre. Si la flota franco española quiere salir de puerto se las verá con ellos. Ya dio para el pelo a Villeneuve en donde dio Cristo las tres voces, esto es, en Finisterre, meses atrás, en pleno verano. Y justo aquel 22 de julio, la niebla. Asquerosa niebla. Muertos, naves desarboladas, Un desastre. Hoy, 21 de octubre, quién sabe.

1280px-Trafalgar-Auguste_Mayer“Le van a dar matarile”. Eso ha vuelto a escuchar Villeneuve. Napoleón, quién si no. “O sales de Cádiz, o te corto los cojones”. Eso parece ser que oyeron gritar al pequeño emperador con cara de pocos amigos. La cabeza de Villeneuve. Napoleón tiene a Inglaterra entre ceja y ceja. Invadirla le pone como una moto. El plan, en su opinión, era perfecto: barcos en dirección a las Indias Occidentales, y cuando los ingleses picasen, de vuelta para el Canal de la Mancha, donde junto a otros refuerzos pondría los pies en su sueño húmedo. 160.000 hombres y 2.000 buques de transporte. Como para no mojarse pensando en eso. Pero la cosa se está alargando más de lo que pensaba. Y Villeneuve allí, en Cádiz, negándose a salir. Por eso lo de darle matarile, pero ya. O se dirige a Cartagena en busca de refuerzos o él personalmente le dirá aquello de fue un placer, etcétera, pero es usted un inútil. A unas cuantas millas de distancia de Cádiz, Nelson lo tiene todo listo. Varias noches atrás cenó con sus capitanes. Ya sabe cómo será la batalla. Que se dará, vamos que se dará. Su Toque de Nelson está más que listo. Él, a saco. Para el resto de capitanes, barra libre. Sólo falta que Villeneuve se ponga nervioso…

Y Villenueve se va por la patilla. Días atrás también celebró un consejo a bordo de su nave ‘Bucentaure’. Hay que salir, lo manda el emperador. Lo que diga Napoleón. Los tenientes españoles Gravina y Álava y los brigadieres Churruca y Galiano se llevan las manos a la cabeza. La estación está avanzada y tendremos vendaval duro; si tenemos que dar batalla mejor que permanezcamos fondeados en Cádiz; no disponemos de los recursos necesarios para plantar cara a los ingleses… Villeneuve desoye sus recomendaciones. 33 navíos —18 franceses y 15 españoles— y cerca de 27.000 hombres serán suficientes esta vez. Horatio Nelson cuenta con menos, 27 navíos y cuatro fragatas que transportan a 18.000 hombres. 10.000 menos. Pero infinitamente mejor preparados y disciplinados que los españoles y franceses. Si hay batalla, Nelson es consciente, los barrerá. Las órdenes de Napoleón son más poderosas. De vuelta a París, que Rosilly ya está en camino para sustituirte. Au revoir. Su puesto, su prestigio. Eso por encima de todo.

Las escaramuzas de días anteriores son el preludio de lo que va a ocurrir hoy. Ha oído decir en boca de un marinero que en la Iglesia del Carmen de Cádiz ya no cabe ni un alma más. Como presentirán sus ciudadanos que será la escabechina, que hasta se han organizado tandas para entrar a rezar. A las 7:45 los navíos ingleses comienzan a virar, se disponen para la batalla. Horas de cautela, de incertidumbre. De miedo. A las 11:45 desde el ‘San Agustín’, navío de la flota franco española, suelta un cañonazo. El Monarca asesta otro. El ‘Royal Sovereing’, el ‘Santa Ana’, el ‘Victory’ —nave que comanda Nelson—, el ‘Fogueux’… ¡Raaaca! ¡Raaaaca! Balas rasgando velas por allá, seccionando brazos, cabezas o piernas por allá, astillas que saltan como mortales esquirlas reventando todo cuerpo que encuentran a su paso. Sangre, humo, un intenso olor a pólvora. Los españoles tardan tres minutos de media en preparar el cañón, cargarlo y disparar; los ingleses lo hacen en la mitad de tiempo. Si acaso. Varios barcos se abordan, otros se despanzurran a cañonazo limpio. El ‘Santísima Trinidad’, estandarte de la escuadra franco española, que empezó causando estragos y sembrando el terror entre los barcos ingleses con sus 140 cañones, ahora recibe fuego como para incendiar la Antártida y que de ella sólo quede como recuerdo una tierra yerma, baldía. La sangre riega cubiertas llevándose por delante el serrín dispuesto para absorberla. Uno tras otro, los barcos españoles y franceses se rinden, se hunden, vuelan por los aires. Los menos regresan a Cádiz. Alguno, incluso, intacto, sin haber tomado parte en la batalla. Sus tripulaciones suspiran viendo el percal que acontece ante sus ojos. Una buena ofrenda a la Virgen del Carmen, como poco. Un fracaso.

Cuatro horas después aún resuenan cañonazos solitarios, pero la batalla ya está perdida para la tropa franco española. Villeneuve ni siquiera sabrá hasta más tarde que un tripulante de su barco mató de un disparo a Nelson. A él le da lo mismo. Ha sido apresado. Pasará un año en Inglaterra y luego le soltarán. A su vuelta a Francia encontrarán su cuerpo cosido a puñaladas en un hotel de Rennes. Dicen que Napoleón se acordó de él en cuanto puso nuevamente los pies en Francia. Dicen. Churruca y Galiano también murieron en la batalla. Como otros 4.000 más; Gravina lo haría meses después. Sólo 449 ingleses dejaron sus vidas en las cercanías del Cabo Trafalgar.
Lo de invadir Inglaterra mejor dejarlo para otra ocasión, pensaría Napoleón. ¿Por qué no Rusia? Eso también le ponía, y mucho.

Hoy se cumplen 209 años de la batalla de Trafalgar. Por si a alguno le interesa saberlo.

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