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Bruselas: la capital de Europa en estado de sitio

Por Octavi Franch , 25 Diciembre, 2015

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El pasado sábado 21 de noviembre, el gabinete de crisis del gobierno de Bélgica decretó el estado de sitio en su capital, Bruselas, a raíz de la sospecha que estaba a punto de producirse un atentado yihadista de una magnitud similar o, incluso, peor que la matanza que tuvo lugar en la vecina París el maldito viernes 13 del mismo mes.

El nivel 4 de alerta instaurado por los responsables de la seguridad de Bélgica es el máximo en la escala de peligro serio e inminente. Sólo en dos ocasiones, en 2006 i 2007, se había llegado a activar este grado de vigilancia extrema en el país, liderado por su primer ministro Charles Michel.

Las medidas adoptadas por los servicios de seguridad del país han sido tan radicales como extremas, desde el cierre de la red metropolitana de transporte público hasta la cancelación de las clases de niños, adolescentes y jóvenes, así como la prohibición de reuniones multitudinarias y la imposibilidad de asistir a actos culturales de todo tipo.

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En primera persona y en directo, contamos con el testimonio de una periodista belga que ha vivido, estudiado y trabajado en España, concretamente en Tarragona. Estamos hablando de Cyrielle Marlet, quien nos ha atendido con mucha amabilidad, franqueza y preocupación. “Todo ello parece irreal, la situación nos supera” se sincera nuestra entrevistada. “El hecho de habernos tomado el estado de alerta con humor, como con los tuits de gatitos, nos ha ayudado a relativizar la situación y guardar la calma” continúa informándonos la joven francófona. Le pregunto si cree que el estado de alerta 4 es excesivo y nos responde que “Los primeros días entendíamos que era lo que tocaba, pero ahora (miércoles 25 de noviembre al mediodía) lo empezamos a poner en duda, la verdad” a lo cual añade que “Ha sido un golpe muy duro aceptar que nuestro país sea la retaguardia de los terroristas de París”. También nos comenta que si hasta entonces la primera pata del Benelux no era un blanco suficientemente diáfano para los terroristas islamistas “en estos momentos es muy probable que sí que lo seamos”.

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Le preguntamos sobre cómo está viviendo la comunidad musulmana todo ello y nos dice, sorprendente y positivamente, que “Las redes sociales ayudan a suavizar la situación y que las cosas no se vaya de madre”, un hecho totalmente inconcebible en la España de 2004, por ejemplo, en que la derecha gobernante se preocupó más de culpar a ETA de los atentados del 11M que no de investigar a fondo y con celeridad la propia perpetración de la masacre de manos de un comando afín a Al-Qaeda. Cuando le preguntamos si cree que el cierre de las fronteras que se está llevando a cabo en toda Europa es la solución al problema, Cyrielle Marlet opina que “No es la solución para nada. Aquí de lo que se trataba era de consolidar las medidas de prevención, de hacer mejores políticas de integración, mejor información y, sobre todo, más recursos e inversión en el sector de la educación” porque continúa explicándonos nuestra protagonista “la represión militar comporta un riesgo previsible e importante de una escalada de violencia a todos niveles”.

Justo después de esta entrevista, el jueves 26 de noviembre, el gobierno de Bélgica rebajó el nivel de alerta decretado en su capital de 4 a 3, equiparando el estado de excepción en el resto del país. Su portavoz lo ha explicado de esta manera: “Lo único que ha cambiado es que ahora el riesgo de atentar es probable o posible, pero ha dejado de ser serio e inminente como cuando hubo que instaurarlo hace 5 días”.

A día de hoy, día de la Navidad, el estado de alerta casi máxima continúa imperando en todo el territorio belga. La OCAM (Oficina de Coordinación de Análisis de la Amenaza) sigue controlando la situación y facilitando al gobierno sus sospechas y su información contrastada a través de los diferentes servicios de vigilancia, tanto del país como del resto de agencias de seguridad del continente y del resto del mundo.

Pero como dice Cyrielle Marlet “Siempre nos quedarán los gatitos y nuestro humor autóctono”. Dicho así, parece que nada haya sucedido. Tenemos que aprender, todos y cada uno de nosotros, muchísimo de la cultura centroeuropea. Todo un ejemplo de solidaridad, saber estar, rigor y humanidad.

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