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Bolivia dice NO + a Evo Morales

Por Carla Mallol Güell , 26 febrero, 2016

Un paso atrás para el populismo, uno hacia adelante para la democracia andina. Un 51,29% de los bolivianos dice NO a la reelección de Evo Morales, según el TSE (Tribunal Supremo Electoral Boliviano).

Campaña por el SÍ.

Domingo pasado, día 21 de febrero, fue una fecha señalada para Bolivia y para el devenir de sus conciudadanos. Bolivia votó en un referéndum en el que se debatía la modificación del artículo 168 de la Constitución y con ella la posibilidad de repostulación del actual presidente del Estado Plurinacional de Bolivia y de su vicepresidente. El referéndum constaba de una única pregunta: “¿Usted está de acuerdo con la reforma del artículo 168 de la Constitución Política del Estado para que la presidenta o presidente y la vicepresidenta o vicepresidente del Estado puedan ser reelectas o reelectos por dos veces de manera continua?”. A tal pregunta tan sólo dos respuestas fueron consideradas como válidas: el SÍ o el NO, sin posibilidad alguna de voto en blanco.

Los bolivianos decidieron jugar limpio a las cartas que el mismo Evo Morales puso encima de la mesa. Al presidente boliviano, la jugada no le salió tal y como preveía ya que un 51,29% de los votantes bolivianos se opuso a la extensión de su mandato. Morales, pese a la derrota, sigue gozando de amplio un soporte del 48,70% de los votantes. El ajustado resultado (con un margen del 2,6%) es una clara muestra de la división en la que se encuentra el país. El ambiente que se vivió en Bolivia los meses previos al referéndum atestiguó esta bipolaridad en la que está sumida el país, dividido entre los “masistas” (a favor de Evo Morales, cuyo partido es el MAS) y los opositores, sin importar cuál sea su ideología o partido político. Durante la campaña ha habido algunos incidentes, bloqueos y enfrentamientos, entre los cuales destacan los bloqueos de caminos llevado a cabo por los transportistas pesados pidiendo una reforma del código tributario y que paralizaron durante una semana el país o el incendio de El Alto (la segunda ciudad más poblada del país) en el que murieron 6 personas. A cuatro días del referéndum, manifestantes de una protesta “masista” (llevada a cabo por simpatizantes del MAS) quemaron la alcaldía de El Alto, al interior de la cual se encontraban miembros de la oposición.

La negativa a la pretensión de Morales a ampliar su mandato obligará al país a una transformación: la oposición deberá a construir una alternativa al modelo de Morales mientras que actual presidente va a tener que preparar su sucesión en el MAS (Movimiento Al Socialismo). Después de sufrir su derrota electoral, Evo Morales asegura que ha “perdido la batalla, pero no la guerra”, acusando una supuesta “guerra sucia” de la oposición y culpando las redes sociales, quienes ciertamente tuvieron un papel importante en los resultados del referéndum. El pasado 21 de febrero, Morales no perdió una guerra sino unas elecciones democráticas y a su vez, a su calidad de intocable. Su imagen de impoluto político, padre de una patria y defensor del pueblo indígena, ha sido desenmascarada tras algunos escándalos de corrupción, fraude y malversación de fondos públicos, centre los cuales sobresale el Fondo Indígena, uno de las grandes empresas del gobierno. La función fundamental del Fondo era la de financiar proyectos de desarrollo en zonas rurales de Bolivia, muchos de los cuales han resultados ser falsos proyectos, jamás realizados, los recursos de los cuales han ido a parar a cuentas privadas de seguidores del MAS. Tras una década de enriquecimiento, una mejoría y estabilidad económica, una pretendida igualdad de oportunidades y derechos sociales, muchos bolivianos siguen sumidos en la pobreza y Bolivia sigue siendo un país dependiente de la extracción de los recursos naturales. De modo que el pueblo boliviano ha tenido suficientes razones para oponerse con vehemencia a la posibilidad de perpetuación de poder del presidente, alzándose en pro de la democracia y clamando por una nueva Bolivia, dónde progreso, igualdad y estabilidad no sean un eslogan sino una realidad.

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