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Todos le llamaban Billy

Por Eley Grey , 14 Marzo, 2015

Todos le llaman Billy, pero él aún no lo sabe, tampoco los demás. Todavía es un poco pronto. Su verdadero nombre es Guille, de apellido García.

Guille es un niño normal, alegre, trabajador, ágil y deportista. Pero sobre todas las cosas Guille es bailarín. Adora la música y perderse frente al cristal del mueble del salón de su casa. Las horas no pasan cuando contempla su reflejo en movimiento. El cuerpo deja de serlo, los brazos y las piernas concatenan en un ritmo involuntario, casi mágico, la coreografía que nadie le ha enseñado. Los pasos lógicos que no están escritos en ningún libro. Es libre en esas ocasiones. Sin las risas de los otros compañeros ni los comentarios de las niñas de su clase.

No siempre ha sido así.

Es difícil precisar el momento en que todo cambió. Al principio le dolieron aquellas risas, todos sus comentarios. Empezó a esconderse y a reprimir sus gestos instintivos. Odiaba tener que hacerlo, pero descubrir las miradas desafiantes de los demás era mucho peor. Aunque sentía la protección del salón lejos, conseguía encontrarse a sí mismo en otros lugares, otros reflejos. Y allí bailaba y giraba y reía. La música sólo sonaba en su cabeza, dentro de sus oídos. Era suficiente, el ritmo era adecuado y la vibración de su piel acompañaba cada acorde imaginario.

Un día, sin embargo, encontró más gente como él. Más niños y niñas que sacudían sus cuerpos, saltaban por los pasillos y reían con cada nuevo paso inventado. Aquel día tardó en llegar, o eso le pareció a él, pero la espera valió la pena.

Hoy Guille es un niño normal (como siempre ha sido), todos le llaman Billy. Guille baila en el grupo escolar de baile moderno. Tiene clase una vez por semana. El grupo está compuesto por quince niñas y tres niños. Cada viernes, en el gimnasio, dan rienda suelta a sus cuerpos, a sus mentes, a sus sentidos. Cada viernes todas y todos son libres, felices. Cada viernes se aplauden y se dan las gracias sin hablar. Cada viernes son niños de nuevo.

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