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Bàrcino 3D: un viaje en el tiempo

Por Jordi Junca , 5 Noviembre, 2014

Tarde o temprano llega el momento. Inevitablemente, nuestro lado más romántico, ese que se ubica en un rincón cubierto por el polvo, saca a dilación un deseo inconfesable: cómo me gustaría que alguien inventara una máquina del tiempo. Algo nos pasa con el pasado, una suerte de amor prohibido. Dicen que es indispensable para comprender el presente y anticipar el futuro. Saber qué sucedió, cómo vivieron, qué hacían una tarde de domingo. Lo reconozco, me he imaginado vistiendo una toga y pronunciando un discurso.

A veces, en la intimidad, les pregunto a mis allegados a qué momento de la historia viajarían si esa máquina existiera. Algunos preferirían hacerlo a lo grande, remontándose hasta tiempos en los que el ser humano aun no había nacido. Otros se conformarían con ver como una guillotina le rebana la cabeza a un rey francés. Sentirían cierto alivio, dicen, dadas las circunstancias. En fin. Tal vez vives en Barcelona o la has visitado recientemente. Puede que, incluso, te hayas interesado especialmente en lo que queda de su pasado romano. Pues bien, si es así, estás de enhorabuena. Ha llegado lo más parecido a ese viaje que tanto deseas.

Bàrcino 3D es una aplicación para dispositivos móviles que ha lanzado recientemente el ayuntamiento de la ciudad condal. Se trata, en efecto, de una reproducción en tres dimensiones del aspecto que tuvo, se supone, la Barcelona del siglo III. Bien es sabido que el pasado imperial de la capital catalana se esconde a conciencia entre los muros de épocas posteriores. Lo cierto es que en ocasiones uno tiene que tirar mucho de la imaginación, confiar en que esas piedras fueron algún día un templo majestuoso. A veces, incluso, hay que hacer un auténtico acto de fe. Por todo ello, es posible que alguien haya dejado de fiarse de la arqueología.

En este sentido, los artífices del proyecto declaran que la aplicación es el resultado de los esfuerzos realizados durante más de una centuria por profesionales de toda clase, entre ellos arqueólogos, historiadores o epigrafistas. La maqueta resultante parte, pues, de una labor científica que ha aportado datos precisos complementados mediante la comparación y el establecimiento de paralelismos con ciudades de la misma época. Reconocen los propios expertos que, por supuesto, también hay un lugar para las hipótesis que de momento no han podido confirmarse. En cuaquier caso, a día de hoy, Bàrcino 3D es lo más cerca que podemos estar de nuestros antepasados latinos.

El programa contiene una cantidad considerable de información y ofrece además una gran variedad de apartados y actividades. Sin ir más lejos, uno puede comparar el aspecto que tenían las diferentes estructuras de la ciudad romana con sus restos en la Barcelona actual. O, por ejemplo, comprobar qué espacio ocuparía dentro de la metrópoli de nuestro tiempo. Sin embargo, entre todas esas prestaciones, tal vez la más destacada sea el paseo por las calles de Bàrcino.

Comparación de la parte de la muralla romana que se ubicaba en la Plaça dels Traginers con su estado actual.

Comparación de la parte de la muralla romana que se ubicaba en la Plaça dels Traginers con su estado actual.

Desde el cielo se vislumbra el perímetro de la urbe, que está delimitado por una muralla de piedra y hasta 78 torres. El sol despunta en lo alto. Todo empieza cuando el usuario accede a la ciudad a través de una de sus puertas. Una vez dentro, se escucha el relinchar de los caballos y se distingue una voz que habla un latín que se nos escapa. Las casas son bajas y, en sus paredes, sorprende la presencia de pintadas muy parecidas a los actuales grafitis. Las calles aún no han sido asfaltadas, y el único pavimento que las cubre es la arena. Avanzamos con decisión por el decumanus máximus, lo que hoy vendría a ser el Carrer del Bisbe (calle del Bisbe). Visitamos los edificios principales; las termas, el foro, el templo de Augusto…y eso es todo. La verdad, el usuario termina la visita con la sensación de que todo ha terminado demasiado pronto.

Vista del Templo de Augusto, situado en el foro (la actual Plaça Sant Jaume).

Vista aérea del templo de Augusto, que se situaba en el foro (la actual Plaça Sant Jaume)

Una vez finiquitado el periplo por nuestro pasado, la primera conclusión a la que uno llega es que Barcelona era en realidad poco más que una encrucijada. De hecho, no deja de sorprender que con el paso del tiempo se haya convertido en lo que es hoy. Tal vez sea cosa de su situación estratégica o, quizás, todo se deba al gran crecimiento que experimentó durante la edad media. Sea como fuere, y a pesar de su reducido tamaño, Bàrcino sigue suscitando un interés que solo se explica a través de ese amor adúltero, ese sueño inalcanzable que es viajar en el tiempo.

 

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