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Azahar Ensemble. XI Ciclo de Música Actual de Badajoz. De la textura como estética

Por Francisco Collado , 22 enero, 2020

 

 

Roberto Gerhard fue un autor heterodoxo y cosmopolita. No satisfecho con la música nacionalista de su época, viajó hasta Austria para encontrarse con Arnold Schönberg, que estaba revolucionando la música europea y quedó cautivado por sus enseñanzas. Su obra orquestal ha eclipsado la música de cámara, donde escribió algunas obras maestras, en las que su riguroso sentido de la forma esta ausente casi por completo.

Para su Quinteto de viento, emplea por primera vez la técnica serial, aunque no dodecafónica, con una clara influencia de Schönberg. Hay fuertes inclinaciones homofónicas. Sin ser tonal en la estructura general, lo es en los pequeños detalles. Deudora de la tradición vienesa de la sonata, pero invadida de inflexiones de la música popular española. Esa obra fue entregada a Schönberg por al autor como trabajo de fin de curso y fue blanco de la crítica por su radicalidad. El compositor defendió en un artículo la superación de los posicionamientos estéticos trasnochados y provocó un escándalo. Estamos ante una obra de estructura formal sólida con la horma plástica del modelo vienés. Los dos primeros movimientos están gobernados por una misma serie de sonidos (enfrentándose a la teoría de Schönberg). En el tercero y cuarto los procedimientos de construcción melódica pasan a un segundo plano. Además introduce un pequeño motivo extraído de La Consagración de la Primavera.

 

El color instrumental que solicita la partitura, es recreado con precisión por Azahar  Ensemble, así como  los aspectos rítmicos de eso que se definió como “dodecafonismo mediterráneo”. Encontramos el uso de acordes repetidos de función climática y reminiscencias folclóricas; no tomadas de ningún cancionero; insertadas en el entramado serial. Esto se ve claramente en la sección del trío del tercer movimiento, donde el oboe desarrolla la melodía de carácter popular, doblada por la flauta en tercera menor superior. Claramente recurso popular. Se puede considerar este quinteto como una inflexión y una declaración de principios del autor, ante una etapa caracterizada por la individualidad estética, que convierte esta obra en paradigma de la modernidad.

 

 

Un Tápis. Unicornio (2015) es la obra basada en el famoso tapiz de La Dama y El unicornio, en el cual se inspiró el multipremiado compositor Joan Magramé para componer expresamente para el Azahar Ensemble. Comienza con una cadencia etérea, misteriosa, complaciéndose en notas largas, conduciendo hacia un espacio sonoro creciente, que no trata de transmitir ideas, sino elaborar imágenes sensoriales a partir de nuestra tradición cultural. El juego instrumental es evocador, de gran equilibrio, con gestos melancólicos. Con algún instante que bebe directamente de una danza cortesana. El epílogo retoma, tras un cresecendo, el equilibrio del prólogo, conduciendo a un estado de sorprendente quietud. Agonizando de nuevo en notas largas. Toda la obra es un delicado tapiz sonoro en si mismo, que diluye la individualidad del instrumento y lo convierte en textura plural.

Santiago Lanchares

 

Del compositor palentino Santiago Lanchares, el  quinteto  interpretó “El Sueño de Sapur”, un encargo del CNDM.  La obra de estreno es un encargo del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) que participa con la Sociedad Filarmónica de Badajoz en la producción del XI Ciclo de Música Actual de Badajoz. Este ciclo también cuenta con el patrocinio de la Junta de Extremadura, Diputación de Badajoz, Fundación CB y Fundación Ibercaja.

Una obra de gran sensibilidad, con motivos y modos arabescos, que está dedicada al walí  persa de Badajoz, considerado como un protector de las letras y las artes. La interpretación recibió numerosos aplausos de un público entregado y agradecido por el motivo pacense que inspiró la obra.

 

Carl Nielsen es un compositor conocido por sus sinfonías. El Quinteto  Op. 43 es una  auténtica obra de madurez. Destacar la claridad deslumbrante de la flauta (Frederic Sánchez Muñoz) y esa alegría con que irrumpe tras la presentación del tema inicial. El fastuoso timbre galánico del oboe de María Alba Carmona Tobella de breves salpicaduras. Miquel Ramos Salvadó, extrae dibujos del clarinete, que reparte a lo largo y ancho del registro, concibe rúbricas volubles, zigzaguea. Desde la trompa de Antonio Lagares Abeal, surgen recuerdos vagos. Entra la melancolía,  la trompa trae consigo recuerdos entre venatorios y taciturnos.

 

Más adusto, el fagot de María José García Zamora, combinando timbres y armonías en un rico cromatismo, no exento de cierta humorada, para este diálogo psicológico entre cinco personajes. En cualquier caso, obra de absoluto dominio formal. El tema de las variaciones es la melodía del coral “Min Jesus lad mit hjerte få, desarrollado de una forma peculiar y alegre, entre seria y elegíaca, hasta el suave epílogo con ese indudable tempo de solemnidad que solicita una ceremonia religiosa.

Azahar Ensemble finalizó el concierto regalando un hermoso arreglo del Oblivion, del argentino Astor Piazzolla, donde demostró una vez más su capacidad para lograr un rico empaste y un cromatismo homogéneo en instrumentos de timbres tan disímiles y autónomos.

 

 

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